La lucha de los obreros en Cádiz, el espontaneísmo del movimiento obrero del Estado y el revisionismo de Izquierda Revolucionaria

La lucha del metal por la clase obrera del sector, en la guerra abierta que ha mantenido contra la patronal en Cádiz, es un enorme ejemplo de la vigencia y vigorosidad del movimiento obrero. Primeramente debemos decir que miramos la situación de la provincia gaditana con renovadas energías para continuar la lucha, y que por ello mismo, nos solidarizamos de pleno con la causa de los obreros del metal de Cádiz. En este artículo vamos a ver algo del contexto gaditano, al igual que los intereses en juego de la patronal y los obreros, para luego analizar algunos asuntos políticos sobre esta lucha y las limitaciones que hemos detectado.

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Algo de contexto

El 16 de noviembre se inició esta huelga a raíz de la negociación del convenio para el sector, otros trabajadores de empresas a las que no afecta el convenio que se negocia también se unieron a las protestas, tanto en solidaridad como en defensa de sus intereses compartidos por mejorar las condiciones laborales generales de la clase obrera. De todo el Estado y fuera de él llegaron saludos de apoyo y solidaridad con la huelga del metal, por citar algunos: la solidaridad de los mineros de Asturias, de los obreros de Tubacex, los aplausos de los sanitarios, hasta los trabajadores del Astillero Río Santiago de Argentina, esto refleja la comunidad general de intereses del proletariado más allá de una región concreta. Han sido 20.000 obreros llamados a movilizarse en esta huelga indefinida, el combate recuerda al caso de 1995 en la provincia, con la puesta en marcha del Plan Estratégico de Competitividad (PEC) impulsado por el PSOE, por el que se pretendía cerrar los astilleros y despedir a 5200 trabajadores en Cádiz, es decir el 52% de una plantilla que venía mermada tras la década anterior en la que se pasó de 36.000 trabajadores a 10.000 a través de privatizaciones y cierres. El PEC resultó en el estallido de una población gaditana con una tasa de paro de más del 42% entonces, hoy del 22%, que sigue siendo de las más altas de España. En 1995 se logró impedir los despidos directos y se acordó con la patronal la prejubilación y salida voluntaria de 3.850 trabajadores, el 38.6% del total. Si bien el acuerdo resultó ser beneficioso para los trabajadores que se acogieron a él y las jubilaciones se cotizaron al completo. Pero ante los números absolutos se destaca con evidencia que aún logrando el mejor resultado, la pobreza de la clase trabajadora siguió imponiéndose en el orden del día, de hecho el sector de los astilleros ha seguido con los años viendo como se mermaba la plantilla hasta el momento presente en el que quedan alrededor de 1500 trabajadores de astilleros, a los cuales se sigue presionando para reducir más la plantilla.  Las propuestas del gobierno de

González en 1995 buscaban la privatización de sectores públicos sin mayor finalidad que dar al sector privado, es decir a burgueses particulares frente a la gestión estatal capitalista, la cual tampoco buscaba ni busca un fin social, la gestión de estas empresas y dejar que se repartieran ellos de manera más efectiva los beneficios, de hecho, esa gestión de burgueses particulares facilita la tendencia a la deslocalización y la mecanización que con tanta frecuencia dejan a los obreros sin empleo, y que está detrás de muchos conflictos, tanto en la provincia de Cádiz como en otras como Tubacex o LM Windpower. Hay que tener en cuenta que el traslado de fábricas a otros lugares no se debe a la inviabilidad de las fábricas actuales, sino al cálculo egoísta del mayor beneficio, a la primacía en el capitalismo del máximo beneficio económico, por lo que al deslocalizar la producción en otros países donde la sindicalización está más perseguida, o los salarios son menores, o en plantas con una mayor mecanización que les permita emplear a menos trabajadores, la patronal está cumpliendo con sus designios como clase, acumular para sí el mayor beneficio y volverse más competitivas frente a otros capitalistas. La patronal, actualmente,  pese a resultar rentable la industria, y con un sobrado margen de beneficios, en particular la gaditana, no se contenta con su actual tasa de ganancia, sino que busca ampliarla recortando o limitando los salarios. Debemos tener en cuenta que: 

“En la producción capitalista, tenemos por un lado la llamada «plusvalía relativa», que «presupone un cambio en la productividad o intensidad del trabajo»; esta predomina sobre la «plusvalía absoluta» que el «alargamiento absoluto de la jornada laboral». ¿Por qué ocurre de este modo? Debido a que las innovaciones técnicas no tienen un límite claro, como sí lo tiene el tiempo que un individuo puede dedicar a un trabajo durante un día para estar en condiciones de volverlo a realizar al día siguiente. Como el día tiene las horas contadas y se requiere el poder extraer un mayor volumen de productos por hora, es aquí donde entran en juego las innovaciones técnicas, que cada vez permiten con un menor número de trabajadores producir más en menos tiempo del que antes requería el trabajo de una plantilla más numerosa. La necesidad de renovar la maquinaria para producir más y más plusvalía en un contexto de lucha entre capitalistas por acaparar las «oportunidades de negocio» –el control de los recursos y las cuotas de mercado– implica que la balanza entre «capital constante» –medios de producción– y «capital variable» –fuerza de trabajo– se incline cada vez más a favor del primero, que sustituye al segundo. Aquí es donde encontramos la razón de que el capitalista siempre busque reducir la plantilla de trabajadores de una forma u otra, sustituyéndolos por unas máquinas sobre las que estos trabajadores carecen de control.” (Bitácora ML, «Unas reflexiones sobre la huelga de los trabajadores de LM Windpower en El Bierzo» 2021)

Por esto también se presiona continuamente a los obreros para abandonar sus puestos de trabajo con la idea de sustituirlos por máquinas que cumplan su labor, por lo que, ante la perspectiva de  la continua competencia capitalista, que provocará en un momento u otro que las industrias deban actualizarse con nueva tecnología que aumente la productividad, la patronal trata de mantener la mayor flexibilidad para el despido; así como  unos convenios que les favorezcan ante todo este tipo de supuestos, para poder plantear la transformación de su industria y deshacerse de los obreros con la menor resistencia. A ser posible sin molestas huelgas que les impidan acabar los últimos pedidos antes de llevar a cabo la reconversión. La respuesta de los obreros gaditanos por tanto está más que justificada, no sólo como medio para tener mayores garantías de preservar a futuro su puesto de trabajo, sino también en el presente como urgente necesidad, pues el coste de la vida aumenta y los salarios se actualizan por debajo de este aumento, haciéndose más difícil vivir. 

Pero como veremos más adelante, la respuesta de la clase obrera a situaciones concretas como esta se enmarca dentro de la mera lucha espontánea, sindical o económica. Sin orientación política revolucionaria, bajo el dominio de la socialdemocracia, el movimiento obrero de este tipo no termina nunca por caminar hasta la plena emancipación, sino que acaba “mordiéndose la cola”, pactando con la patronal de forma más o menos favorable pero sin capacidad de impedir que en el transcurso de los años, la voracidad del capital vaya haciendo mella en los derechos una vez conquistados o apenas resistidos. Es por ello que hablaremos a continuación de la importancia de trasladar al movimiento obrero; en las huelgas, piquetes, manifestaciones y asambleas, la ideología socialista, la necesidad de la revolución violenta y la instauración de la dictadura de nuestra clase para asentar el socialismo, y que para ello requerimos de la formación de un partido que articule estos intereses y dirija a la clase obrera hacia su emancipación.

Auge del movimiento obrero con tendencias espontáneas y económicas

La situación general del movimiento obrero es de mayor flujo, o sea de mayor crecimiento, después del parón del COVID el cual no ha impedido, más bien todo lo contrario, a la patronal realizar muchos ataques al proletariado y ha dejado en letargo muchos conflictos que ahora resurgen, véanse otras luchas incipientes del proletariado, por ejemplo: Tubacex, la huelga en el polígono de Alicante del pasado 18 de noviembre, la manifestación del sector en Toledo por la negociación del convenio, la huelga de conserveras de Euskadi del 30 de noviembre, la concentración en Madrid del 22 de noviembre de los trabajadores del auto, la lucha de Pilkington, la huelga de Otis, la huelga de los trabajadores de LM Windpower en El Bierzo, etc. Y también fuera del sector industrial, con menos concurrencia de obreros, pero también de forma significativa, conflictos como los de las camareras de piso en Granada, las convocatorias estudiantiles contra la LOSU y LCU, en Murcia la previsible escalada de conflictividad en relación al convenio de hostelería, etc. 

Si bien estos movimientos y acciones se ven más en esta etapa de “normalidad” de la pandemia existe un estado de crecimiento económico el cual no es el más adecuado para una lucha más general, como la de la última gran crisis del 2008-2015 y sus manifestaciones continuadas y más generales, siendo una de las más fuertes la del 22M del 2014 o las huelgas generales del 2010 y 2012. Cabe destacar, como decíamos anteriormente, que pese al estado de crecimiento económico existe muy poca significación para la clase obrera, que ni siquiera ha recuperado el estándar de vida de los años previos a la última crisis y que se está viendo atacado continuamente tras la pandemia, por lo que; en cierto sentido, podemos hablar de que estas movilizaciones que estamos viendo se muestran todavía sobre unas bases económicas inestables del pueblo trabajador respecto al nivel previo a aquella crisis. Aún queda mucha batalla que previsiblemente se pueda dar contra una situación de menor crecimiento económico del esperado post-COVID, y cómo esto puede afectar a corto y largo plazo a los trabajadores respecto a la situación descrita. Nos encontramos, a fin de cuentas, una lucha de clases bajo la mayor concentración de riqueza en las clases poseedoras a costa precisamente de la acumulación de la riqueza generada por los trabajadores.

Por esto mismo, el comienzo de este flujo de movimiento obrero no debe tampoco hacernos pensar en un temprano despertar de la conciencia revolucionaria. Debemos tener en cuenta la debilidad ideológica del proletariado por estar influenciado en su mayoría por la ideología burguesa reformista, que tiene siempre más influencia ante la no existencia de un Partido de vanguardia que guíe a la clase obrera hacia la toma del poder y de conciencia con su labor revolucionaria. Una de sus consecuencias es la poca capacidad de los dirigentes obreros para impulsar conflictos extensos y unitarios, más bien todo lo contrario, se suele buscar la conciliación con la burguesía, como hemos visto que han hecho CCOO y UGT en la huelga del metal. Tampoco se ven capaces de  mostrar a las masas las condiciones particulares del capitalismo y la necesidad de superarlas por la vía política revolucionaria. No solo es notable esta flaqueza, sino también la frágil situación en la que se encuentran las masas trabajadoras de por sí dada la situación.

“Mas, para aprovechar la experiencia del movimiento y sacar de ella enseñanzas prácticas, hay que comprender hasta el fin las causas y la significación de tal o cual defecto. […] La falta de preparación de la mayoría de los revolucionarios, fenómeno completamente natural, no podía despertar grandes recelos. Dado que el planteamiento de las tareas era justo y que había energías para repetir los intentos de cumplirlas, los reveses temporales eran una desgracia a medias. La experiencia revolucionaria y la habilidad de organización son cosas que se adquieren con el tiempo. ¡Lo que hace falta es querer formar en uno mismo las cualidades necesarias! ¡Lo que hace falta es tener conciencia de los defectos, cosa que en la labor revolucionaria equivale a más de la mitad de su corrección!” (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902) 

Como sabemos la falta de habilidad revolucionaria entre los dirigentes obreros no es ya fruto de la inexperiencia, sino de la tendencia reformista y socialdemócrata. Aún así, también existen personas militantes que honestamente destinan su fuerza para la transformación de la sociedad, para acabar con el capitalismo y la sociedad de clases. Por esto, vamos a tratar de esclarecer algunas características de la etapa de la revolución en la que nos encontramos, con la intención de que puedan resultar útiles a la formación de cuadros comunistas válidos que colaboren en la diseminación del marxismo-leninismo entre las masas y se propongan con nosotros levantar el partido de nuestra clase bajo la firme guía del socialismo científico. Esto implica dejar atrás a los revisionistas comunistas y a los dirigentes obreros reformistas, mayoritarios estos últimos en los grandes sindicatos y partidos de izquierda burguesa, pero tratando de convencer también a los honestos luchadores de la infertilidad de su lucha conciliadora. 
La ideología burguesa, imperante en el movimiento obrero, da lugar a que los estallidos de combatividad en la lucha de clases sean estallidos de carácter espontáneo como es este caso de Cádiz; pues son conflictos a la luz de las particulares condiciones de opresión y explotación de los obreros y no persiguen más que la mejora temporal de su situación, es decir, de negociar un nuevo alto el fuego, en el caso de la huelga del metal es en forma de convenio con el que atenuar la explotación del Capital durante un tiempo. Si bien movimientos como el de los trabajadores de Cádiz contienen un embrión revolucionario (pese a lo que es en potencia, ahora sigue sin ser un movimiento plenamente consciente de su capacidad revolucionaria), manifiesta su espontaneísmo en la confirmación de la lucha económica, sindical, como su máxima expresión y representación. Sobra decir que por sí mismas las luchas sindicales no alcanzan a tener un componente político comunista. En esto cabe destacar que el caso gaditano por sus características de masividad, extenso apoyo y notoriedad, se presenta con mucha probabilidad de éxito la tarea de introducir la ideología comunista a las masas obreras, eso sí ¿Quién está para introducir esta ideología en el movimiento obrero?

Sobre la intervención de Izquierda Revolucionaria en la huelga del metal

Nos encontramos con una participación importante de la organización trotskista Izquierda Revolucionaria, a partir de ahora IR, la cuál, presente en la provincia, interviene declarándose la alternativa revolucionaria al reformismo socialdemócrata en el movimiento obrero, aunque al analizar esta alternativa, al observar su discurso y sus propuestas, encontramos que IR participa con un programa pequeñoburgués, economicista y anarquista. Forman parte de la dirección de CGT en la provincia, siendo que, como otros grupos revisionistas que descartan la necesidad de tomar los sindicatos mayoritarios, se unen con los anarquistas en sindicatos supuestamente más combativos. Esto ocurre a costa de quedarse aislados de la mayor parte de la clase obrera organizada en torno a los sindicatos mayoritarios, y descartando la opción de llevar un trabajo político dentro de esos sindicatos para deslindar la línea reformista de la revolucionaria y empujar esta posición entre las masas obreras, lo cuál les dá, como hemos visto con el preacuerdo, más capacidad a los reformistas para paralizar la lucha y claudicar ante la patronal. IR sigue un programa de reivindicaciones económicas como objetivo principal, pero según dan a entender, consideran a este el camino revolucionario, empleando la táctica anarquista de huelga extensa, buscando su propagación a otros sectores y la participación popular en general, pretendiendo que el movimiento siga creciendo como una bola de nieve hasta aplastar el sistema capitalista. Lo cuál les lleva a aventurarse en luchas que no siguen las masas obreras.

“Hay que convertir el apoyo entusiasta de toda la población trabajadora en una potente huelga general de la provincia de Cádiz. Nuestros problemas son comunes. Los responsables de la precariedad y de la pobreza son los mismos en todos los sectores.” (Izquierda Revolucionaria “La huelga indefinida del metal de Cádiz es un gran éxito. ¡Hay que convocar ya una huelga general en la provincia!”, 18 de noviembre)

Comparemos esta táctica izquierdista vestida de revolucionarismo con las enseñanzas de Lenin:

“Así, pues, las huelgas enseñan a los obreros a unirse, les hacen ver que sólo unidos pueden sostener la lucha contra los capitalistas, les enseñan a pensar en la lucha de toda la clase obrera contra toda la clase patronal y contra el gobierno autocrático y policíaco. Por eso, los socialistas llaman a las huelgas «escuela de guerra», escuela en la que los obreros aprenden a librar la guerra contra sus enemigos por la emancipación de todo el pueblo, de todos los trabajadores, del yugo de los funcionarios y del yugo del capital. Pero la «escuela de guerra» no es la guerra misma. Cuando las huelgas se difunden, algunos obreros (y algunos socialistas) comienzan a pensar que la clase obrera puede limitarse a las huelgas y a las cajas o sociedades de resistencia, que las huelgas por sí solas pueden procurar una gran mejora de su situación y aun su emancipación. Cuando ven la fuerza que representan la unión de los obreros y aun sus pequeñas huelgas, algunos piensan que a la clase obrera le basta con declarar la huelga general en todo el país para conseguir de los capitalistas y del gobierno todo lo que quieran. Esta opinión la expresaron también los obreros de otros países cuando el movimiento obrero estaba en su etapa inicial y los obreros contaban aún con muy poca experiencia.”  (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre las huelgas. Tomo IV, págs. 211-213, «Carta al grupo de redactores» 1899.)

Pero entonces ante la responsabilidad de los empresarios, ¿cuál es la respuesta que podemos dar? ¿por qué la huelga general? Podemos entender la utilidad de una huelga general para lograr ciertas leyes y beneficios generales para los intereses obreros, incluso para convertir una huelga de masas en una lucha política del proletariado, pero bajo la hegemonía reformista y con la escasa y casi nula influencia del comunismo entre las masas, el carácter más amplio de la huelga general se dará buscando una tregua con los empresarios, que les arrebate por el momento algunas condiciones favorables. Concluir que una huelga general es la solución definitiva a los padecimientos de la clase obrera, sin que esta sea dirigida  bajo el partido revolucionario del proletariado, saltando toda tentativa de organizarnos políticamente para tomar el poder, en el mejor de los casos, podría conseguir las máximas consignas económicas que persigue, o sea un pacto por la mejora de las condiciones bajo el dominio de la burguesía; pero de ningún modo existiría una revolución proletaria que destruyera ese poder. Pensar que de la huelga general indefinida, por extensión del conflicto y continuidad, puede derivar en una revolución y la toma del poder por parte de los obreros, significa no entender el “abc” de la táctica y estrategia comunista, que implica conocer la disposición de las fuerzas y reservas revolucionarias, así como saber observar el grado de conciencia de estas y su voluntad por hacerse con el poder, o de saber administrarlo, hacia una sociedad sin clases ni explotación, que es lo que nos proponemos los comunistas. Tesis ya denunciadas como izquierdistas y voluntaristas ampliamente por los comunistas:

“(…) Si fuera posible organizar de una vez en todas partes, pongamos por caso, una huelga general decisiva para derrocar de golpe el capitalismo, la revolución se habría producido ya en distintos países. (…)” (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Discurso pronunciado en el IIº Congreso de la Internacional Comunista,  2 de agosto de 1920)

“En sí, las huelgas eran lucha tradeunionista, no era aún lucha socialdemócrata (El término “socialdemócrata” ha evolucionado para definir hoy a los grupos conciliadores y reformistas, en contraposición y a lo que Lenin se refiere, debemos emplear el término comunismo, que es lo que entiende Lenin por socialdemocracia en 1902. Añadido por La Maza); señalaban el despertar del antagonismo entre los obreros y los patronos, pero los obreros no tenían, ni podían tener, la conciencia de la oposición irreconciliable entre sus intereses y todo el régimen político y social contemporáneo, es decir, no tenían conciencia socialdemócrata. (…) La historia de todos los países atestigua que la clase obrera, exclusivamente con sus propias fuerzas, sólo está en condiciones de elaborar una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar del gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc. En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas que han sido elaboradas por representantes instruidos de las clases poseedoras, por los intelectuales”. (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902) 

Siguiendo su táctica, lanzan apresuradamente un llamamiento a una huelga general en la provincia, pero ¿Qué base material hay para lograr esa huelga? ¿Qué cohesión existía previamente para asegurar que un lanzamiento así tenga acogida y sea efectivo? En sus artículos dedican un buen espacio para criticar a CCOO y UGT por ser los sindicatos mayoritarios y no usar esa fuerza para presionar a la patronal, sino para pactar con ella, entonces ¿qué esperar del resto de ramas de la producción que son dominadas por este reformismo? Sin partido que reúna y organice a la clase obrera, estos llamamientos caen en vacío sin materializarse, al menos no de forma revolucionaria, sino como mucho con la tendencia reformista socialdemócrata hegemónica en la conciencia del proletariado y los dirigentes obreros. La tendencia anarquista, luxemburguista y trotskista de pretender hacer la revolución mediante una huelga general indefinida siempre se topará de bruces con un proletariado desorganizado e ideológicamente burgués si no se aprovechan estos momentos y se destina la actividad cotidiana del partido a acrecentar la conciencia política, guiar y llamar a la organización política bajo los principios comunistas. Este modo de actuar de los trotskistas de Izquierda Revolucionaria conlleva el error del voluntarismo y del izquierdismo, es decir, de echar a correr sin haberse puesto los zapatos siquiera. 

En la práctica, aunque encontremos un fuerte estallido obrero, sin mayor orientación que “proseguir la huelga y extenderla a toda costa hasta lograr nuestras reivindicaciones” no se logrará más que, tras el conflicto, volver a una tensa calma en la que la única organización existente es la económica, por la cuál puede existir cohesión y conciencia de clase, pero no aún revolucionaria y comunista. 

Para lograr esta conciencia debemos poner el foco en las reivindicaciones económicas y las políticas al mismo tiempo, yendo de las primeras a las segundas, de tal forma que podamos promover la conciencia política en las asambleas de obreros e incluir entre las reivindicaciones económicas otras que afecten al conjunto de la clase obrera o a una parte de esta para, aumentando el círculo de las exigencias, hacer entrar a otros sectores por el peso de la movilización y la presión a la economía, como pudiera haber sido usando esta fuerza del metal para paralizar la hostelería, la agricultura u otros sectores en aquellas empresas que sean sonadas por sus abusos o en las que ya exista una mínima organización económica de los obreros, y poner en contacto las secciones sindicales con el partido junto a su influencia en el sindicato para promover así una coordinación efectiva. Sobre estas intervenciones bien elaboradas se lograría extender la necesidad subjetiva de la revolución, lo que manifestaría en el movimiento nuevas consignas y organizaciones de trabajadores ya no económicas, sino políticas sobre la toma del poder y la canalización de este en un nuevo Estado socialista. 

Obviamente esta extensión de la lucha no se dará nunca sin la guía del Partido, que aún no existe; sin embargo, nuestra labor como comunistas sigue siendo la de trabajar en los conceptos de unidad y solidaridad entre el proletariado, priorizando como tarea la organización de su vanguardia. Explicando en estas asambleas, manifestaciones y demás, la necesidad de la organización política, las características del capitalismo, cómo acabar con la sociedad de clases mediante la revolución, la dictadura del proletariado, etc. Por contra, limitarse a los llamamientos económicos y a la lucha sindical, que es lo que acostumbra hacer Izquierda Revolucionaria, también con su Sindicato de Estudiantes, que ya llamó a la huelga educativa en la provincia, y en general, es una característica del anarquismo y el trotskismo. 

Sobre la huelga estudiantil cabe decir lo mismo que la huelga general obrera, ¿existe base real para la convocatoria? En el campo de la educación desconocemos la situación de Cádiz, si bien es muy probable que tenga mayor seguimiento que una huelga general laboral en la provincia,  sería necesario que planteasen un trabajo desde la base de los centros educativos o de lo contrario su llamamiento, por más repercusión que logre, desaparecerá tan pronto como apareció. 

Y, si pese a lo expuesto, la propuesta de IR no fuera el proponer así una toma del poder, saltando de la huelga a la revolución, ¿de qué otra forma propone llevar a cabo una transformación al socialismo? desde luego en ningún momento dicen que sea necesario unir a la clase obrera con su partido, ni hemos visto que desarrollen un análisis táctico-estratégico que vaya más allá de esta teoría anarquista ampliamente abrazada por el trotskismo y el luxemburguismo, autores habitualmente fetiches de este tipo de organizaciones eclécticas “revolucionarias”. Vemos claro en algunos artículos que han ido publicando a razón de su intervención en el conflicto esta contradicción entre revolución y negociación, así se expresaba uno de los dirigentes de IR, representante de CGT y trabajador del metal, entrevistado por su partido en relación a la huelga: 

“Quiero subrayar que esta huelga maravillosa vuelve a echar por tierra la política de la paz social, de la colaboración con la patronal, que no sólo pregona la burocracia de CCOO y UGT, también el Gobierno central. Esta política ha dado la espalda a la clase obrera y no sirve para defender nuestros derechos. Por eso el sindicalismo, para ser efectivo, necesita de un programa combativo, anticapitalista y revolucionario.”  (Izquierda Revolucionaria. “Una huelga ejemplar: ‘Los trabajadores y trabajadoras del metal de Cádiz hemos dicho ¡Basta!‘”, 18 de noviembre)

Como vemos habla de las características necesarias, a su juicio y el de IR, para conseguir las reivindicaciones de los trabajadores en relación a la negociación del convenio, no se lee en ninguna de sus publicaciones sobre el conflicto qué relación tiene este conflicto con el socialismo. En su lugar reivindican un “sindicalismo combativo, anticapitalista y revolucionario”. A primera vista nada hay que objetar a esta afirmación, si bien ya se nos presenta escueta y confusa, pues bajo el “anticapitalismo” ¿qué propuesta alternativa se ofrece? suponemos que la visión particular que este grupo revisionista tenga acerca del comunismo o, quizá en la práctica, un modelo capitalista pequeñoburgués, en cualquier caso visto el conjunto de las publicaciones de IR y con las formas particulares de este grupo trotskista, vemos que estas cualidades del sindicalismo se presentan como un fin en sí mismo, pues no hacen mención alguna a la organización política revolucionaria.

“La crisis económica, la precariedad y la pobreza está golpeando duramente a la clase trabajadora. Mientras los ricos siguen aumentando sus fortunas, para la mayor parte de la población se hace imposible asumir el aumento del coste de la vida como la subida del precio de la luz, de la alimentación, los combustibles, etc. Esto es lo que explica el seguimiento masivo de la huelga contra una patronal que quiere continuar el camino impuesto […] Es decir, seguir empeorando las condiciones salariales y laborales de los trabajadores.”  (Izquierda Revolucionaria, “Éxito de las huelgas del metal en Cádiz por un convenio digno“ 12 de noviembre)

Aquí señalan como motivo de la lucha cuestiones circunstanciales, si bien implícitas al capitalismo, dan a entender que es fruto de una voluntad arbitraria e irracional de la patronal en un contexto de crisis, pero que por algún motivo  no lo vinculan como inherente al capitalismo, sus crisis cíclicas de sobreproducción, la deslocalización, etc. Dando a entender que el problema es fruto de algún tipo de cualidad psicológica de la patronal y los gobiernos de esta por la cuál prefieren aumentar la miseria de los obreros para enriquecerse sin necesidad de ello, ignoran la característica esencial del capitalismo de sostenerse sobre la explotación de los obreros, que los capitalistas necesitan exprimir al máximo la fuerza de trabajo de los asalariados y que sólo la organización política de nuestra clase puede revertir esta situación con la revolución y la imposición de nuestra dictadura.

También en este sentido economicista se ha declarado como no podía esperarse de otra manera CCOO, y de forma más descarada:

“El empresariado español sigue sin estar a la altura. Esta semana se han celebrado tres movilizaciones en el sector del metal ante la mezquindad de la patronal. En Cádiz, los sindicatos convocaron una huelga indefinida contra la pérdida de derechos y la merma del poder adquisitivo. A medianoche de hoy, arrancaba en los polígonos industriales de la provincia de Alicante otro paro general para exigir un convenio digno y, en Toledo, un centenar de delegados y delegadas del sector se manifestaron ayer ante la sede de la patronal para advertir que no piensan dar “ni un paso atrás”. Si no entran en razón, dijeron, la respuesta sindical irá a más y será más contundente.” (CCOO, “La clase obrera quiere mejoras y un futuro industrial: A la huelga del metal de Cádiz se une la de Alicante, las protestas de Toledo y las movilizaciones del auto y conservas.” 18 de noviembre)

¿Si la patronal no “entra en razón” la “respuesta sindical será más contundente”? ¡A buenas horas! ¡Como si la patronal hubiera sido razonable en algún momento al negociar sobre la explotación de los obreros!

IR concluyó su comunicado sobre su Congreso celebrado el 13 y 14 de noviembre afirmando que:

“La clase obrera y la juventud somos las fuerzas más poderosas. Pero esas fuerzas necesitan de una organización consciente, de un partido revolucionario capaz de enfrentarse a los grandes desafíos. Armados con el programa del socialismo científico y métodos bolcheviques, de la experiencia acumulada en un periodo turbulento, con una nueva y extensa capa de cuadros que se han forjado en condiciones muy duras” (Izquierda Revolucionaria, “II Congreso de Izquierda Revolucionaria Internacional. ¡Socialismo o barbarie!” 16 de noviembre) 

Pero, entonces si esto es así ¿Dónde está la agitación en las masas por la construcción del partido? ¿Por qué IR y el resto de corrientes trotskistas se aferran a una militancia sindicalista y dejan de lado la defensa del socialismo ante las masas proletarias? ¿Por qué como hemos visto antes el socialismo científico le quita la razón sobre su táctica estrella anarquista de la huelga general revolucionaria?

Esto es así por su propia concepción de la revolución como una suma de luchas económicas que acaban resultando en el anhelado estallido revolucionario, dejando este asunto de la conciencia socialista como una cosa menor y dejando por ende al proletariado en manos de la ideología dominante, ya que ¿Cómo van las masas proletarias a adquirir conciencia socialista sin infundir en ellas el marxismo? Hay que señalar que la sociedad capitalista está dominada por la ideología de la clase burguesa, que tiene los medios materiales para difundir su cosmovisión, en contra de este predominio está la ideología socialista o comunista que requiere el esfuerzo consciente de desapegarse de las viejas concepciones burguesas fruto del estudio científico de la realidad. Y que para llevar esta disyuntiva ideológica al predominio del socialismo debemos tener clara la necesidad de incorporar la conciencia comunista al proletariado. La militancia comunista, por tanto, no debe atestiguarse con la participación en un sindicato y el llamamiento a la extensión del movimiento espontáneo, sino en la participación de partido y el llamamiento a la afiliación política y a la formación revolucionaria. En esto los trotskistas y anarquistas se contentan a menudo con los llamamientos sindicales y su máxima extensión posible por cuestiones concretas, ignorando este elemento de conciencia, constituido como partido del proletariado, sin el cuál la revolución es inviable.

“La historia de todos los países demuestra que la clase obrera está en condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas sólo una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar al gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc. En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas elaboradas por intelectuales, por hombres instruidos de las clases poseedoras. Por su posición social, los propios fundadores del socialismo científico moderno, Marx y Engels, pertenecían a la intelectualidad burguesa. De igual modo, la doctrina teórica de la socialdemocracia ha surgido en Rusia independiente por completo del crecimiento espontáneo del movimiento obrero, ha surgido como resultado natural e ineludible del desarrollo del pensamiento entre los intelectuales revolucionarios socialistas.” (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

Por esto, destinar toda la fuerza a lo económico es ignorar una condición necesaria para la revolución, la introducción de la conciencia socialista en el movimiento obrero uniendo los movimientos de tipo huelguísticos a la lucha revolucionaria, es decir, expresando abiertamente la conexión de un conflicto particular con la condición general del capitalismo.

“Todo lo que sea rendir culto a la espontaneidad del movimiento obrero, todo lo que sea aminorar el papel del elemento consciente, el papel de la socialdemocracia, significa —de manera independiente por completo de la voluntad de quien lo hace— acrecentar la influencia de la ideología burguesa entre los obreros.” (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

El papel de los comunistas en los sindicatos

Si hay algo en lo que insiste IR es en la crítica a la burocracia sindical de CCOO y UGT. Acertadamente se les señala como elementos reformistas y conciliadores, y para IR el problema de CCOO y UGT más allá de las tropelías más descaradas, es su papel como conciliador con la patronal. Esto es del todo razonable cuando señalamos las traiciones que se han realizado desde los acomodados sillones de los reformistas hacia la clase obrera, pero lo que no se puede es dejar aquí la perspectiva. Debemos plantear ¿qué otra forma de ideología va a imperar en el sindicalismo si no se ha extendido la ideología socialista entre el proletariado y no existe la organización de partido de la clase obrera? No basta con autodefinirse partido o vanguardia, y aquí claramente pecan estos grupos que apenas sobrepasan los márgenes del sindicalismo, por más que lo llamen “revolucionario” o “combativo”, el sindicalismo está gravemente limitado al imperio de la ideología burguesa y, sin el partido revolucionario comunista para cambiarlo o al menos la fijación del objetivo táctico del partido como base de apoyo para el objetivo estratégico de la revolución socialista, la intervención economicista se queda en eso que al final se critica, reducir el combate al acuerdo final con la patronal. Por eso desde La Maza hicimos un esfuerzo por estudiar y comprender la naturaleza del sindicalismo en el movimiento obrero y promover así una táctica que vincule la construcción del partido proletario y la conquista de los sindicatos bajo la guía comunista: 

“4. Si los comunistas no dirigimos la lucha económica vinculándola al objetivo de la revolución, esta estará dirigida por el reformismo inevitablemente. El reformismo socialdemócrata dominante en los sindicatos mayoritarios está íntimamente ligado a la falta del partido político del proletariado.”  (La Maza, “Línea de trabajo sindical comunista. La conquista de los sindicatos y la construcción del partido del proletariado” 2020)

La práctica militante de los comunistas dentro de los sindicatos mayoritarios debe estar orientada al combate del reformismo dentro de los sindicatos, llevando la ideología socialista a las masas de obreros sindicados y bajo la influencia del sindicato, de tal forma que vayamos aislando a los líderes conciliadores:

“5. La más dura lucha entre el reformismo y el comunismo se da en el frente sindical. Cuanto peor es la situación para el capitalismo, más duro juegan los reformistas. Es necesario aislar a los líderes conciliadores.

6. La fortaleza de la socialdemocracia se basa en que se apoyan en los sindicatos. Y la propia fortaleza capitalista se refuerza con los líderes reformistas sindicales, que promueven la conciliación de clases, la neutralidad política o la indiferencia. El mejor indicio de la fuerza de un Partido Comunista es la influencia real que ejerce sobre las masas de obreros sindicados.”  (La Maza, “Línea de trabajo sindical comunista. La conquista de los sindicatos y la construcción del partido del proletariado” 2020)

Así pues, no hay que perder de vista que: 

“7. El objetivo del proletariado es la toma del poder. Los sindicatos dominados por obreros conscientes, guiados por su partido de vanguardia, elevan la lucha económica a lucha política. Abandonando la línea conciliadora entre clases, que contribuye entre otras cosas a difundir las amenazas de los patrones, por la lucha contra estos. Las reformas pueden ser un medio, pero el fin es la revolución socialista. Debemos medir cada resultado de una lucha concreta sindical (al igual que todas las luchas) según las líneas marcadas en este documento. Los sindicatos reformistas empujados por los comunistas, hacia organizaciones revolucionarias, deben luchar por mejorar las condiciones de trabajo, elevar el nivel de subsistencia de las masas, establecer el control obrero, deben permanentemente tomar conciencia de que en el marco del capitalismo todos esos problemas no podrán ser resueltos. Así, mientras arrancamos paso a paso concesiones a las clases dominantes, mientras les obligamos a aplicar la legislación social, debemos enfrentar claramente a las masas con la evidencia de que sólo la derrota del capitalismo y la instauración de la dictadura del proletariado son capaces de resolver el problema social. Ni una acción parcial, ni una huelga parcial, ni el menor conflicto deben pasar sin dejar huellas desde ese punto de vista. Los comunistas y los futuros sindicatos revolucionarios generalizarán esos conflictos elevando constantemente la mentalidad de las masas obreras hasta la necesidad de la revolución social y de la dictadura del proletariado”  (La Maza, “Línea de trabajo sindical comunista. La conquista de los sindicatos y la construcción del partido del proletariado” 2020)
Por eso, aunque tenemos que elogiar el esfuerzo de los militantes gaditanos que se están dejando la piel, y literalmente la voz, ya sean trabajadores o estudiantes debemos advertir que si limitan su intervención en el conflicto a las circunstancias económicas y a la perspectiva errada de la huelga general indefinida de IR, ignorando la explicación paciente y constante de las características del modo capitalista de producción y la imperiosa necesidad del socialismo mediante la dictadura de nuestra clase (Para la cuál es objetivo anterior la construcción del partido de tipo bolchevique, marxista leninista, que agrupe a los elementos más conscientes del proletariado), también se estará dejando su trabajo a medias y desaprovechando la ocasión histórica. Si bien esto no significa que esté perdida la batalla o que este movimiento no sea favorable, en general, para la clase obrera y el crecimiento de la revolución o la perspectiva revolucionaria, lo que significa y demuestra esta situación es el predominio de la conciencia burguesa en el proletariado y la necesidad de desarrollar la ideología comunista en las masas obreras y organizaciones revolucionarias y cual es el paso fundamental necesario para desarrollarla.

Constatar la necesidad y la forma de introducir la ideología comunista en el proletariado

Todo este asunto nos remite necesariamente a Lenin, veamos el ejemplo histórico de la Rusia prerrevolucionaria, sobre el estallido de huelgas obreras y una época de flujo del movimiento. Queremos hacer especial hincapié en las huelgas de 1890 y el carácter espontáneo y económico que tuvieron, pese a tener cierta organización y planificación, ya que coinciden parcialmente con la etapa actual en España:

“Las huelgas de los años 90 pueden incluso llamarse “conscientes”: tan grande fue el paso adelante que dio el movimiento obrero en aquel período. Eso nos demuestra que, en el fondo, el “elemento espontáneo” no es sino la forma embrionaria de lo consciente. Ahora bien, los motines primitivos (de los años 60 y 70 se refiere, añadido por La Maza) reflejaban ya un cierto despertar de la conciencia: los obreros perdían la fe tradicional en la inmutabilidad del orden de cosas que los oprimía; empezaban… no diré que a comprender, pero sí a sentir la necesidad de oponer resistencia colectiva y rompían resueltamente con la sumisión servil a las autoridades. Pero, sin embargo, eso era, más que lucha, una manifestación de desesperación y de venganza.”  (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

Hasta aquí vemos que con las huelgas más primitivas de Rusia en las décadas de 1860 y 1870 comparte el flujo actual del movimiento la sensación de rabia y venganza sobre unas condiciones insoportables, pero no la destrucción de las máquinas y fábricas, pues sí hay un elemento de mayor conciencia en los motivos de la actual circunstancia, veamos por ello ahora más sobre las huelgas posteriores, en la década de 1890: 

“En las huelgas de los años 90 vemos muchos más destellos de conciencia: se presentan reivindicaciones concretas, se calcula de antemano el momento más conveniente, se discuten los casos y ejemplos conocidos de otros lugares, etc.; si bien es verdad que los motines eran simples levantamientos de gente oprimida, no lo es menos que las huelgas sistemáticas representaban ya embriones de lucha de clases, pero embriones nada más. Aquellas huelgas eran en el fondo lucha tradeunionista,  aún no eran lucha socialdemócrata; señalaban el despertar del antagonismo entre los obreros y los patronos; sin embargo, los obreros no tenían, ni podían tener, conciencia de la oposición inconciliable entre sus intereses y todo el régimen político y social contemporáneo, es decir, no tenían conciencia socialdemócrata.“ (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

Sucede hoy como entonces, en los conflictos como el del metal en Cádiz y en los demás que se desarrollan por todo el estado, que si bien existe una organización y planificación sindical notable, esta está limitada al estrecho margen del sindicalismo y no sobrepasa a la cuestión política por los factores ya mencionados, el predominio de la dirección reformista socialdemócrata y la poca difusión del marxismo entre el proletariado. Y es que el proletariado no está en condición por sí mismo de elaborar la ideología socialista, de desprenderse plenamente de la ideología burguesa, pues es labor de los revolucionarios e intelectuales el inferir en la lucha de clases para armar intelectualmente a la clase obrera, es decir, para organizarla ahora sí bajo la guía del partido comunista que encabece la lucha por el socialismo y otorgue así a los conflictos económicos como los que estamos viendo el componente revolucionario que hará triunfar a los obreros de forma permanente sobre las vicisitudes del capitalismo. El comunismo es una ideología que crece sobre el análisis científico de la realidad y la superación de las doctrinas anteriores, empleando el materialismo histórico a la lucha de clases para comprender su propia naturaleza y la capacidad de la clase obrera de ser el agente principal y fundamental de la revolución:

“Hemos dicho que los obreros no podían tener conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser traída desde fuera. La historia de todos los países demuestra que la clase obrera está en condiciones de elaborar exclusivamente con sus propias fuerzas sólo una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar al gobierno la promulgación de tales o cuales leyes necesarias para los obreros, etc. En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas elaboradas por intelectuales, por hombres instruidos de las clases poseedoras. Por su posición social, los propios fundadores del socialismo científico moderno, Marx y Engels, pertenecían a la intelectualidad burguesa. De igual modo, la doctrina teórica de la socialdemocracia ha surgido en Rusia independiente por completo del crecimiento espontáneo del movimiento obrero, ha surgido como resultado natural e ineludible del desarrollo del pensamiento entre los intelectuales revolucionarios socialistas.”  (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; ¿Qué hacer?, 1902)

Y grupos como IR, pese a insistir en que la lucha del metal es la lucha de todos los trabajadores, no se paran a explicar qué implicaciones acarrea esta responsabilidad compartida por todo el proletariado, especialmente el más consciente, sino que hacen sistemáticamente llamamientos a la movilización sin pararse a explicar las particularidades de la sociedad de clases y el sistema de producción capitalista. Es por esta razón que hacemos mención a los textos clásicos del marxismo, para resaltar su coherencia y veracidad con el desarrollo histórico y correlación con la situación actual. Y razón por la cuál elaboramos este análisis sobre la movilización en Cádiz, tomándola de ejemplo para ilustrar las cuestiones generales que afectan al movimiento obrero en el estado español. Recalcamos en este punto la necesidad de aplicar una táctica marxista leninista al unirnos a estas luchas, de tal forma que hagamos avanzar la conciencia espontánea sindicalista hacia la conciencia socialista revolucionaria. Los destacamentos que busquemos la construcción del partido proletario, los marxista-leninistas sin partido, debemos tener esto en mente y no caer en el mero apoyo y seguimiento de los conflictos espontáneos, sino tratar de dotarlos de conciencia socialista, rebatiendo las concepciones también revisionistas y de otra índole burguesas, con la práctica conjunta con los obreros engañados por los oportunistas, de organizar a los obreros más conscientes, de hacer valer la realidad de la lucha de clases y su solución en el socialismo con la dictadura obrera. No podemos acrecentar el pensamiento económico y el voluntarismo con llamamientos generales y sin respaldo, tampoco podemos adherirnos a los movimientos de masas pensando que estos ya son suficientes para la revolución y que no es necesaria la organización de partido del proletariado para que este se haga dueño de su destino y emancipación.