El circo de la democracia burguesa mientras oprime salvajemente a los trabajadores

Alberto Garzón, un representante capitalista más que guía al revisionista PCE y su tapadera de IU, más abiertamente burguesa todavía; ocultando, también en la cuestión del consumo de carne, la lucha de clases

Nunca deja de sorprendernos el circo que es la democracia burguesa. Mientras hemos visto a miles de personas que se movilizaban, y la policía les reprimía, pidiendo una ley trans que no dejara fuera a las personas no binarias, ni a la infancia trans, ni migrantes; mientras se luchaba contra los asesinatos y palizas homófobas tras el brutal asesinato de Samuel y los casos de violencia homófoba que se han visto estos días también bajo la indiferencia de la policía, como en el caso de Valencia en el que 10 personas dieron una paliza a otra por ser gay y la policía le instó a no denunciar para “no hacerles perder la tarde”. Mientras la empresa murciana Terra Fecundis era multada por condiciones inhumanas de trabajo o mientras vimos como la huelga de Tubacex en Euskadi ha logrado que los trabajadores conserven sus puestos de trabajo, dando un ejemplo a todo el proletariado sobre la necesidad y la utilidad de la lucha como clase en un momento donde los ERE surgen con toda velocidad; o también mientras la factura de la luz y el coste en general de la vida crece con unos salarios estancados… mientras todo esto ocurre ¡menuda sorpresa! El ministro de Izquierda Unida nos sale con que tenemos que comer menos carne. Aunque, ¿a quién se lo pide realmente? ¿Quién se puede permitir comer un “buen chuletón” al punto, como le gustan a Pedro Sanchez? Lo cierto es que según los informes de ONGs como Save the Children, la clase obrera no tiene tanto acceso a la carne como nos hacen pensar los políticos pequeñoburgueses, para ejemplo citemos un artículo reciente de El diario:
“Que se rompan unas gafas o se estropee la nevera supone un problema mayúsculo, porque no hay dinero para asumir el gasto imprevisto. La carne y el pescado no pueden entrar en el carrito de la compra y el frío de la calle también se siente en el sofá de casa […] Los datos que facilita el INE permiten trasladar estas cifras a las dificultades diarias de estos hogares: casi uno de cada cinco no puede comer carne, pollo o pescado cada dos días.” https://www.eldiario.es/economia/hogares-espana-pueden-renovar-invierno_1_1147374.html

También es interesante esta cita del diario Público donde se puede ver en números brutos el aumento del consumo de carne que hay y su elevado número en proporción al recomendado, lo cual choca con las dificultades que tienen los hogares más pobres para su compra:
“La carne fue la categoría que más proporción del presupuesto acaparó en los hogares, con el 20,37% de lo destinado a alimentación y bebidas (equivalente a un gasto de 349,54 euros por persona al año), y su valor creció el 12,9%, con un precio medio de 7,01 euros por kilogramo.
El consumo per cápita se acercó a los 50 kilos (49,86 kilos per cápita al año), un 10,2 % más respecto al año anterior.” https://www.publico.es/sociedad/carne-consume-ano-espana.html

¿Qué reflejan estos datos y qué relación tienen con la advertencia de Garzón sobre salud y cambio climático?
Como no podía ser de otra manera, el nivel de consumo, en este caso el de carne, está vinculado a la lucha de clases, es una cuestión económica también y la realidad es que muchas familias obreras no tienen el acceso a este producto esencial en condiciones óptimas. ¿Y mientras el supuesto líder de una organización de izquierdas y comunista recomienda moderar su consumo sin ni siquiera mencionar las desigualdades de clase? Está claro que Garzón ni es comunista ni es un representante de los intereses de la clase obrera. Garzón hace una lectura política burguesa metiendo a todos en el mismo saco, algo propio de su revisionismo y su carácter reformista como dirigente del PCE, IU y Podemos. Si hay quien provoca el incremento de la emisión de metano a la atmósfera, este sujeto es la clase burguesa, con sus modo de producción capitalista desbocado que tiende a destruir sus dos fuentes de riqueza, la naturaleza y ser humano, y es la que puede permitirse tantos chuletones al estilo Sánchez como desee. Mientras tanto, las familias proletarias se ven obligadas a hacer malabares para tener una dieta más o menos equilibrada.

En la decisión y sobre todo en la capacidad de cada uno, ya que no olvidemos que la distribución de lo producido está marcado por el modo de producción, está el consumir de forma más ecológica o no, aunque sepamos de sobra que una familia obrera que quiera llevar el alimento a su caso no tiene esta preocupación en primer lugar y es algo más propio de la juventud con menores responsabilidades económicas, de la aristocracia obrera y de la clase burguesa que se considera progresista por llevar ciertas dietas veganas o vegetarianas o ciertos tipos de consumo. Y recordemos, estos cambios individuales en el consumo son irrelevantes para revertir el cambio climático, lo único que puede pararlo es un cambio en la producción a un sistema que deje de sobreproducir y reparta adecuadamente los recursos, es decir, el socialismo. Pero claro, a Garzón no le interesa centrar la cuestión medioambiental sobre la revolución.

La democracia burguesa pone en el centro de la atención pública asuntos insustanciales o simples consecuencias de su modo de producción y dominio político, bastardeadas con su modo de ver el mundo falso, como se ve en la cuestión de la carne, se convierte así en este caso en un reality show para pelear a unos y otros según su consumo y en ningún momento se preocupa de que la población en su conjunto pueda acceder a una alimentación suficiente. ¿O es que el cambio climático es responsabilidad de la mujer que pide un cartón de leche para sus hijos en la puerta del supermercado?
Para revertir la crisis climática, solo tenemos una opción. Planificar la economía. No dejar a nadie fuera, y no permitir que unos pocos nos arruinen, destruyan el planeta y mientras tanto, nos enfrenten con debates estúpidos.