Antes y ahora, el feminismo, también el radical, es el movimiento de las burguesas y el comunismo el de las obreras

Como comentamos en nuestro artículo sobre la rectificación de nuestra línea respecto a la lucha de liberación de la mujer obrera, el feminismo y el comunismo, aquí, estuvimos cotejando varias obras y autores de referencia marxistas sobre la cuestión de la mujer para fundamentar la teoría y forma de lucha que se desprenda de esta para la emancipación efectiva de la mujer obrera. Gracias a ello hemos certificado la posición consecuente de todos ellos, fruto del correcto uso del marxismo leninismo, es decir, el comunismo es el único movimiento de liberación de la obrera, el feminismo es el movimiento de las burguesas por la igualdad formal con el hombre en la sociedad existente, lo cual no suprime la raíz de la mayor desigualdad de la proletaria en la sociedad. También hemos comparado estos análisis con las posiciones de algunas de las principales referencias del feminismo radical, el que va a “la raíz del problema”, certificando su total alejamiento del método científico para resolver la cuestión de la mujer, lo que obviamente conlleva también una práctica política que no acaba con la propiedad privada, base sobre la que se sustenta la mayor discriminación de la obrera. 

Alguien nos podría reprochar que como seguidores del marxismo deberíamos saber que el único feminismo consecuente es el “de clase” y ese sería el que deberíamos rebatir si fuese necesario, pero como ya dijimos en nuestro artículo sobre cambio de línea, el “feminismo de clase” o “feminismo marxista” o similar, solo es un reconocimiento implícito de que el feminismo es burgués y por eso necesita marxismo, eso no significa que no vayamos a analizarlo en otros momentos:

“Creemos obvio descartar de este análisis, a priori aunque luego veremos algunos y sus grandes desviaciones, las corrientes del “feminismo de clase” o “feminismo socialista” o similares, ya que la mayoría vienen de espacios autodenominados marxistas, que tratan de aportar al feminismo, marxismo, es decir, al final es un reconocimiento implícito de que el feminismo es burgués y que para que no lo sea tiene que tener marxismo, por lo tanto, el marxismo leninismo (en adelante ML), o socialismo científico, es el método y movimiento de liberación de la proletaria.” (La Maza. Rectificación de la posición de La Maza sobre la lucha de liberación de la mujer trabajadora y el feminismo. El comunismo es el único camino. Febrero 2021.) 

En las citas que traemos a colación de las diferentes obras y autores marxistas podemos encontrar qué es el feminismo, ya que muchos de ellos dedicaron parte de su análisis y estudio al desarrollo del ‘movimiento de mujeres (en abstracto, el feminismo)’ y a justificar por qué no era la herramienta de las mujeres obreras ni de su clase para acabar con su opresión. Aunque la terminología escogida en estos textos se ajuste al momento histórico, aún así muchas veces es coincidente con la actualidad, el feminismo actual se considera heredero de la historia de la lucha de las mujeres en abstracto -esto puede a veces incluir o no también el comunismo, lo que en esencia no cambia su carácter burgués y evidencia todavía más su eclecticismo-, es decir, en la actualidad el ‘movimiento de mujeres’ y el feminismo son en esencialmente lo mismo. A fin de cuentas es un movimiento burgués reformista que busca satisfacer en esencia las necesidades de la mujer burguesa, pero que mantiene la opresión sobre la proletaria, y otra cosa igual de importante que señalaron los autores del momento, el comunismo como único camino político de liberación de la obrera. En cada caso se suelen destacar también otras características propias de estos dos movimientos de clase antagónicos, en esencia aunque pueden coincidir en algunas demandas.

Aquí la III Internacional Comunista resalta que en el mejor de los casos la igualdad jurídica entre sexos -nos referimos en el mejor de los casos debido a que esta conquista tampoco es fácil en las sociedades burguesas y muchas todavía no lo tienen o lo ven peligrar, sin embargo, la revolución bolchevique la instauró de manera instantánea- propuesta por el feminismo no acabará con la mayor opresión de la trabajadora debido a que mantiene en pie su causa, la dominación del capital y la propiedad privada. Por eso el comunismo es la única manera de liberar a la obrera, al igual que al obrero:

“Lo que el comunismo le ofrecerá a la mujer, en ningún caso podrá dárselo el movimiento femenino burgués. Mientras exista la dominación del capital y de la propiedad privada, la liberación de la mujer es imposible.

El derecho electoral no suprime la causa primordial de la servidumbre de la mujer en la familia y en la sociedad, y no soluciona el problema de las relaciones entre ambos sexos. La igualdad no formal sino real de la mujer sólo es posible bajo un régimen en el que la mujer de la clase obrera sea la poseedora de sus instrumentos de producción y distribución, participe en su administración y tenga la obligación de trabajar bajo las mismas condiciones que todos los miembros de la sociedad trabajadora. En otros términos, esta igualdad sólo es realizable después de la derrota del sistema capitalista y su reemplazo por las formas económicas comunistas. Sólo el comunismo creará una situación en la que la función natural de la mujer, la maternidad, no esté en conflicto con las obligaciones sociales y no obstaculice su trabajo productivo para bien de la colectividad. Pero el comunismo es, al mismo tiempo, el objetivo final de todo el proletariado. En consecuencia, la lucha de la obrera y del obrero por ese objetivo común debe realizarse conjuntamente en interés de los dos.” (III internacional Comunista: tesis para la propaganda entre las mujeres y métodos de acción entre las mujeres. 1921.)

Kollontai destaca en este fragmento algo que pasa en muchos espacios feministas, especialmente los más cercanos al feminismo radical o de “clase”, podemos encontrar referencias al anticapitalismo u otras consignas que pueden parecer radicales pero que no van a ningún sitio debido al carácter de clase capitalista del feminismo que no toca la estructura económica de este, por lo tanto, ni hablar se puede de cambios radicales ni obviamente la liberación de la mujer desde el feminismo. Aunque, en ciertas circunstancias, algunas tareas de las mujeres de ambas clases puedan coincidir, el fin es totalmente opuesto, mientras que las feministas buscan la igualdad en el orden actual, para las obreras dicha meta es solo un medio para avanzar hacia la revolución proletaria, la cual en la época del imperialismo, fase superior del capitalismo, está más vigente que nunca. Debido al carácter de clase burgués del feminismo, para él, el problema de la desigualdad son los privilegios del hombre, por eso esencialmente el feminismo está basado en la “lucha de sexos”, mientras que el comunismo sabe que el origen de la mayor opresión de la trabajadora es el mismo que el del proletariado, el capitalismo:

“A pesar de lo aparentemente radical de las demandas de las feministas, uno no debe perder de vista el hecho de que las feministas no pueden, en razón de su posición de clase, luchar por aquella transformación fundamental de la estructura económica y social contemporánea de la sociedad sin la cual la liberación de las mujeres no puede completarse.

Si en determinadas circunstancias las tareas a corto plazo de las mujeres de todas las clases coinciden, los objetivos finales de los dos bandos, que a largo plazo determinan la dirección del movimiento y las estrategias a seguir, difieren mucho. Mientras que para las feministas la consecución de la igualdad de derechos con los hombres en el marco del mundo capitalista actual representa un fin lo suficientemente concreto en sí mismo, la igualdad de derechos en el momento actual para las mujeres proletarias, es sólo un medio para avanzar en la lucha contra la esclavitud económica de la clase trabajadora. Las feministas ven a los hombres como el principal enemigo, por los hombres que se han apropiado injustamente de todos los derechos y privilegios para sí mismos, dejando a las mujeres solamente cadenas y obligaciones. Para ellas, la victoria se gana cuando un privilegio que antes disfrutaba exclusivamente el sexo masculino se concede al “sexo débil”. Las mujeres trabajadoras tienen una postura diferente. Ellas no ven a los hombres como el enemigo y el opresor, por el contrario, piensan en los hombres como sus compañeros, que comparten con ellas la monotonía de la rutina diaria y luchan con ellas por un futuro mejor. La mujer y su compañero masculino son esclavizados por las mismas condiciones sociales, las mismas odiadas cadenas del capitalismo oprimen su voluntad y les privan de los placeres y encantos de la vida. Es cierto que varios aspectos específicos del sistema contemporáneo yacen con un doble peso sobre las mujeres, como también es cierto que las condiciones de trabajo asalariado, a veces, convierten a las mujeres trabajadoras en competidoras y rivales de los hombres. Pero en estas situaciones desfavorables, la clase trabajadora sabe quién es el culpable…” (Alexandra Kollontai: Los fundamentos sociales de la cuestión femenina. 1907)

Zetkin deja meridianamente claro lo mismo, que mientras que para las feministas las reformas son el fin, ya que no cuestionan la base social del mismo, para las comunistas son un medio para la revolución proletaria en unión con los obreros en plena igualdad:

“Debido a que las feministas burguesas aspiran a conseguir las reformas en favor del sexo femenino en el marco de la sociedad burguesa, a través de una lucha entre los sexos y en contraste con los hombres de su propia clase, no cuestionan la existencia misma de dicha sociedad. Las mujeres proletarias, en cambio, se esfuerzan a través de una lucha de clase contra clase, en estrecha comunión de ideas y de armas con los hombres de su clase – los cuales reconocen plenamente su igualdad – por la eliminación de la sociedad burguesa en beneficio de todo el proletariado. Las reformas en favor del sexo femenino y en favor de la clase obrera son para ellas únicamente un medio para un fin, mientras que para las mujeres burguesas las reformas del primer tipo son la meta final. El feminismo (Frauenrechtelei) burgués no es más que un movimiento de reforma, mientras que el movimiento de mujeres proletarias es y debe ser revolucionario.” (Clara Zetkin. Separación tajante. 1894.)

Engels apunta en la misma dirección, menciona bien las necesidades para la liberación de la mujer, su incorporación al trabajo y la socialización de las tareas reproductivas, objetivos solo posibles completamente para el proletariado en el socialismo:

“La república democrática no suprime el antagonismo entre las dos clases; por el contrario, no hace más que suministrar el terreno en que se lleva a su término la lucha por resolver este antagonismo. Y, de igual modo, el carácter particular del predominio del hombre sobre la mujer en la familia moderna, así como la necesidad y la manera de establecer una igualdad social efectiva de ambos, no se manifestarán con toda nitidez sino cuando el hombre y la mujer tengan, según la ley, derechos absolutamente iguales. Entonces se verá que la manumisión de la mujer exige, como condición primera, la reincorporación de todo el sexo femenino a la industria social, lo que a su vez requiere que se suprima la familia individual como unidad económica de la sociedad.” (El origen de la familia, la propiedad privada y el estado. 1884.)

Lenin señala lo mismo, la liberación de la mujer solo será con el comunismo y la demarcación imborrable entre el feminismo y el comunismo sobre el origen de la cuestión, la propiedad privada sobre los medios de producción:

«Las líneas directrices -palabras de Lenin, añadido por La Maza- deberán expresar nítidamente que la verdadera emancipación de la mujer sólo es posible mediante el comunismo. Hay que hacer resaltar con toda fuerza la relación indisoluble que existe entre la posición social y humana de la mujer y la propiedad privada sobre los medios de producción. Con esto, trazaremos una divisoria firme e imborrable entre nuestro movimiento y el movimiento feminista.” (Clara Zetkin. RECUERDOS SOBRE LENIN. 1925.)

Bebel señala exactamente las mismas ideas sobre los diferentes caminos antagónicos de la cuestión de la mujer entre las burguesas y las proletarias, reforma y revolución:

“Así que no sólo se trata de realizar la igualdad de derechos de la mujer con el hombre en el terreno del orden social y político existente, lo cual constituye el objetivo del movimiento femenino burgués, sino, más aún, de eliminar todas las barreras que hacen que el hombre dependa del hombre y, por tanto, también a un sexo del otro. Esta solución de la cuestión femenina va vinculada a la solución de la cuestión social. De ahí que quien persiga la solución total de la cuestión femenina debe unirse a quienes han inscrito en su bandera la solución de la cuestión social como cuestión cultural para toda la humanidad, es decir, a los socialistas.” (Bebel. La mujer y el socialismo. 1879)

Hoxha también relaciona el feminismo con el capitalismo y el comunismo con una verdadera liberación que implica la unidad en la plena igualdad entre sexos por los mismos objetivos:

“La emancipación de la mujer en Albania no es un “movimiento feminista” como en los países capitalistas, es el progreso de la mujer a un nivel superior, a la plena igualdad con el hombre, es la marcha de la mujer de la mano de su compañero en armonía de sentimientos, de fines e ideales puros, es la marcha hacia el comunismo.” (Enver Hoxha; La emancipación de la mujer, 1978.  https://tiemposrojos.wordpress.com/2013/12/14/la-situacion-de-la-mujer-en-la-albania-popular-2/)

Elena Ódena remarca el especial interés de la obrera por el comunismo y nuestra labor como comunistas en desarrollar dicho interés y organización. A la vez, ella también señala las limitaciones del feminismo, que apenas puede optar a reformas que no ofrecen solución a la verdadera igualdad:

“Resulta evidente que la mujer es particularmente víctima del sistema capitalista y que tiene razones particularmente poderosas para luchar por sus derechos específicos en el marco de la actual sociedad, por lo que nosotros, comunistas, debemos organizar y desarrollar esa lucha tanto a nivel de Partido como de las distintas organizaciones de masas, incluido el sindicato de clase. Debemos también esforzarnos por incorporar a nuestro Partido a un número mayor de mujeres, que ven en el socialismo el único camino de su verdadera emancipación.(…)

Como hemos visto, los movimientos feministas burgueses logran a veces arrancar algunos derechos formales al Poder reaccionario, pero en definitiva no pueden ofrecer una verdadera solución a la lucha por la verdadera igualdad de la mujer” (Elena Ódena. Sobre la mujer. 1982.)

Incluso en las primeras obras marxistas ya se trataba la cuestión de la mujer y las ideas son las mismas esencialmente, su solución vinculada a la cuestión social. Otra cosa a destacar de estas citas, es la prostitución, no deja de ser significativo que en ciertas ramas del feminismo esta sea una cuestión aceptada y planteada como una cuestión moral y legislativa en otras que, aunque puedan señalar la cuestión económica, no son capaces de ir más allá y ver su vinculación con la propiedad privada y el fin de esta, evidenciado claramente su reformismo:

“¡Pero es que vosotros, los comunistas, nos grita a coro la burguesía entera, pretendéis colectivizar a las mujeres! El burgués, que no ve en su mujer más que un simple instrumento de producción, al oírnos proclamar la necesidad de que los instrumentos de producción sean explotados colectivamente, no puede por menos de pensar que el régimen colectivo se hará extensivo igualmente a la mujer. No advierte que de lo que se trata es precisamente de acabar con la situación de la mujer como mero instrumento de producción. Nada más ridículo, por otra parte, que esos alardes de indignación, henchida de alta moral de nuestros burgueses, al hablar de la tan cacareada colectivización de las mujeres por el comunismo.  No; los comunistas no tienen que molestarse en implantar lo que ha existido siempre o casi siempre en la sociedad. Nuestros burgueses, no bastándoles, por lo visto, con tener a su disposición a las mujeres y a los hijos de sus proletarios -¡y no hablemos de la prostitución oficial!-, sienten una grandísima fruición en seducirse unos a otros sus mujeres. En realidad, el matrimonio burgués es ya la comunidad de las esposas.  A lo sumo, podría reprocharse a los comunistas el pretender sustituir este hipócrita y recatado régimen colectivo de hoy por una colectivización oficial, franca y abierta, de la mujer.  Por lo demás, fácil es comprender que, al abolirse el régimen actual de producción, desaparecerá con él el sistema de comunidad de la mujer que engendra, y que se refugia en la prostitución, en la oficial y en la encubierta.” (K. Marx & F. Engels. Manifiesto del Partido Comunista. 1848.)

“XXI. ¿Qué influencia ejercerá el régimen social comunista en la familia?

Las relaciones entre los sexos tendrán un carácter puramente privado, perteneciente sólo a las personas que toman parte en ellas, sin el menor motivo para la ingerencia de la sociedad. Eso es posible merced a la supresión de la propiedad privada y a la educación de los niños por la sociedad, con lo cual se destruyen las dos bases del matrimonio actual ligadas a la propiedad privada: la dependencia de la mujer respecto del hombre y la dependencia de los hijos respecto de los padres. En ello reside, precisamente, la respuesta a los alaridos altamente moralistas de los burguesotes con motivo de la comunidad de las mujeres, que, según éstos, quieren implantar los comunistas. La comunidad de las mujeres es un fenómeno que pertenece enteramente a la sociedad burguesa y existe hoy plenamente bajo la forma de prostitución. Pero, la prostitución descansa en la propiedad privada y desaparecerá junto con ella. Por consiguiente, la organización comunista, en lugar de implantar la comunidad de las mujeres, la suprimirá.” (Engels. PRINCIPIOS DEL COMUNISMO. 1847.)

¿Pero estas afirmaciones sobre el reformismo del feminismo y su carácter burgués coinciden con la propia postura que el feminismo se atribuye? Al ser un movimiento ecléctico en sus principios, y eso ya dice mucho de su carácter de clase, en el que cualquier cosa es aceptada, es difícil encontrar una autodefinición compartida por todas sus corrientes. En cualquier caso, sobre la cuestión ideológica nos podemos ceñir a la definición de Lenin sobre las dos principales y únicas ideologías en el capitalismo, la burguesa y la comunista:

“Puesto que ni hablar se puede de una ideología independiente, elaborada por las propias masas obreras en el curso mismo de su movimiento, el problema se plantea solamente así: ideología burguesa o ideología socialista. No hay término medio (pues la humanidad no ha elaborado ninguna «tercera» ideología, además, en general, en la sociedad desgarrada por las contradicciones de clase nunca puede existir una ideología al margen de las clases ni por encima de las clases). Por eso, todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea separarse de ella significa fortalecer la ideología burguesa.” (Lenin. ¿Qué hacer? 1902.)

Debido a su eclecticismo, nos encontramos con muchas definiciones. Como sabemos que muchas no se plantean ni por asomo el fin del capitalismo, vamos a irnos entonces a sus posiciones “radicales”, a ver si dentro de ellas, englobado dentro del feminismo, podemos encontrar posiciones comunistas. Utilizaremos a varios referentes del feminismo radical para contraponer teorías: Barbijaputa, Yayo Herrero, Ana de Miguel, Rosa Cobo y Silvia Federici. Aunque esta última use conceptos marxistas, creemos que a diferencia de las defensoras del feminismo de clase, ella trata de refutar conscientemente el marxismo desde el feminismo principalmente, pero no solo, ya que tiene varias influencias más como Foucault, el anarquismo… El eclecticismo es habitual en el feminismo pero en definitiva creemos que ella parte principalmente desde el feminismo como base, como vemos en el prefacio de su famosa obra:

“También abrieron el camino para una reinterpretación de la historia del capitalismo y de la lucha de clases desde un punto de vista feminista. (…) El libro que resultó de esta investigación, ‘Il Grande Calibano: storia del corpo sociale ribelle nella prima fase del capitale’ (1984), fue un intento de repensar el análisis de la acumulación primitiva de Marx desde un punto de vista feminista. Pero en este proceso, las categorías marxianas que habíamos recibido se demostraron inadecuadas. Entre las «bajas», podemos mencionar la identificación marxiana del capitalismo con el advenimiento del trabajo asalariado y el trabajador «libre», que contribuye a esconder y naturalizar la esfera de la reproducción.” (Silvia Federici. Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación primitiva. 2004)

Estas feministas “radicales” entienden por feminismo en esencia (ya que debido a su eclecticismo cada una tiene sus particularidades) la lucha por la igualdad de la mujer frente al hombre, en abstracto, lucha entre “sexos”, coincidiendo totalmente con la definición que dan los comunistas sobre ello:

“El feminismo autónomo es un feminismo que rechaza cualquier dependencia del estado y de los hombres. En los años 70, el concepto de autonomía las feministas lo adoptaron en primer lugar para distinguirse de las feministas que continuaban trabajando en organizaciones dominadas por los hombres.  Se trata de esto: Autonomía frente a los hombres, autonomía frente a las instituciones, frente a los partidos. Es un feminismo que defiende su  propia agenda política.” (Entrevista a Silvia Federici en el salto diario. 2019. https://www.elsaltodiario.com/feminismos/silvia-federici-trabajo-reproductivo-gestacion-subrogada-caza-de-brujas-renta-basica)

“El feminismo es una tradición intelectual y un movimiento social que tiene como objetivo luchar contra la subordinación de las mujeres y contra la violencia patriarcal.” (Entrevista a Rosa Cobo en Kamchatka. 2020. https://www.kamchatka.es/es/entrevista-rosa-cobo)

“El feminismo radical, en realidad, es una corriente que surgió en los 70 y que señaló directamente al patriarcado (esa palabra que muchos creen que es nueva) como foco de la desigualdad de género. Esta corriente (con la cual, de todas las corrientes habidas dentro del feminismo, es con la que más nos identificamos muchísimas feministas) se centró en analizar las relaciones entre hombres y mujeres, peleándose incluso con la izquierda: esa izquierda liderada siempre por hombres que aseguraban que el patriarcado se tumbaría si se tumbaba el capitalismo (ya ven, los machistas de izquierda poco tienen que envidiar a los de derechas en invención y creatividad).” (Barbijaputa. El feminismo radical y el feminismo femenino. 2016. https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feminismo-femenino-david-perez-alcalde-alcala-barbijaputa_129_3708357.html

“Que el feminismo ha existido siempre puede afirmarse en diferentes sentidos. En el sentido

más amplio del término, siempre que las mujeres, individual o colectivamente, se han quejado de su injusto y amargo destino bajo el patriarcado y han reivindicado una situación diferente, una vida Mejor.” (LOS FEMINISMOS / Ana de Miguel. 2000).

“El ecofeminismo es un movimiento social y una corriente de pensamiento que se fundamenta en un diálogo muy potencial y rico entre lo que plantea el movimiento feminista y el movimiento ecologista. Y estos movimientos están condenados a entenderse, ya que cuando analizamos las raíces, tanto culturales como políticas y económicas, que hay detrás de la subordinación estructural de las mujeres en las sociedades patriarcales, articuladas en torno a los intereses de la dominación y la violencia; y las que hay en la destrucción de la naturaleza en las sociedades de corte capitalista, vemos que son bastante comunes, y que por tanto las propuestas de salida también lo son.” (Yayo Herrero. Entrevista en Mundo Obrero. 2019. https://www.mundoobrero.es/pl.php?id=8386

Las feministas radicales acusan al patriarcado del origen de la desigualdad y la raíz de esta, sin embargo, el materialismo histórico nos muestra que la desigualdad de la mujer está vinculada a la división social del trabajo y a la propiedad privada, por lo tanto, el patriarcado es una consecuencia, no la causa. Además, en una sociedad clasista no puede afectar igual la cuestión femenina a las mujeres de diferentes clases. Sobre el patriarcado como causa de la desigualdad de la mujer para este feminismo, y sin entrar en este artículo a valorar el uso errado que le da el feminismo a dicho concepto, ¿tiene sentido que la desigualdad de la mujer sea causada por la propia desigualdad de la mujer y además, abstrayéndose que vivimos en una sociedad clasista? Aunque a veces añaden la cuestión de las clases sociales  pero de manera formal, empobreciendo su análisis sin el desarrollo marxista. 

Terminada la exposición de qué es el feminismo para las feministas radicales, qué es el feminismo para los clásicos comunistas y la posición de los comunistas ante la cuestión de la mujer. Vemos que hay diferencias cualitativas entre ambos movimientos y el trato diferente que dan estos a la cuestión de la mujer. También vemos que estas definiciones de los comunistas sobre el feminismo como movimiento burgués coinciden con la propia definición que tienen las feministas radicales del movimiento, ya que son interclasistas, lo enfocan como una cuestión solo de mujeres, ninguna señala como esencial la cuestión de las clases sociales o bien tratan el problema en abstracto, invisibilizando estas para buscar reformas en el orden social actual, poniendo de relieve la “lucha de sexos”. Inevitablemente, por mucho que lo quieran negar las “feministas de clase” u otras, la lucha en este feminismo y en la mayoría, es entre sexos, ya que esta es la opresión principal que ellas identifican. Sin embargo, para los marxistas la lucha es entre clases, dando un contenido científico a la cuestión femenina y vinculando su resolución a la cuestión social de la cual es originaria, posibilitando su verdadera resolución y marcando por lo tanto el único contenido político eficaz para la mujer obrera junto al obrero, el comunismo, ya que para la burguesa el feminismo es totalmente eficaz, es su movimiento.