Primero de mayo. Unidad obrera contra la reacción y el capital. Por el partido del proletariado

El primero de mayo, día histórico de lucha de la clase obrera, sigue siendo atípico tras más de un año de la pandemia y la crisis económica provocada por ella. El capitalismo imperialista plagado de agudas contradicciones, aumentadas por el COVID19, sigue fuerte debido a la desorganización del proletariado y de su vanguardia. La primacía del máximo beneficio económico capitalista ha evidenciado que la salud del pueblo trabajador es solo un factor económico más para la clase burguesa. Esto se ve desde las medidas insuficientes para evitar la propagación del virus debido al coste económico que supondría un aumento del transporte público, EPIs suficientes, aumento personal en sanidad y educación, etc; hasta la privatización de las vacunas para comerciar con ellas por parte de grandes empresas y Estados capitalistas. Queda evidenciada la incapacidad de este sistema para producir de forma racional y gestionar bien una crisis sanitaria, o bien la económica que está por llegar, generada por la superproducción y la anarquía productiva del mercado. La máxima del capitalismo es retribuir al capitalista el máximo beneficio económico, no producir sobre las necesidades reales de la población. Esta etapa histórica del imperialismo, el capitalismo monopolista, determina ya materialmente la transición del capitalismo a una estructura económica y social más elevada, el socialismo, que aprovechará el alto desarrollo de la técnica y la concentración de medios de producción para satisfacer los intereses de la nueva sociedad trabajadora, no el de una pequeña parte explotadora.

“Los rasgos esenciales y las exigencias de la ley económica fundamental del socialismo podrían formularse, aproximadamente, como sigue: asegurar la máxima satisfacción de las necesidades materiales y culturales, en constante ascenso, de toda la sociedad, mediante el desarrollo y el perfeccionamiento ininterrumpidos de la producción socialista sobre la base de la técnica más elevada.” (Stalin. Problemas económicos del SOCIALISMO en la UNIÓN SOVIÉTICA. 1952)

Aunque las contradicciones agudizadas en este periodo facilitan la desaparición de la idea desclasada de que “todos vamos en el mismo barco” y de que los intereses de todos son iguales; debido al dominio de la burguesía en el movimiento obrero, esto no termina de suceder. La influencia burguesa en el movimiento obrero otorga a los reformistas la dirección de las reivindicaciones populares que buscan la transformación de las relaciones sociales y productivas existentes y las reduce a una apuesta por la conciliación de clases, ¿acaso algún tipo de diálogo con los explotadores para que dejen de enriquecerse  a costa de los obreros es posible? lo que supone realmente la pretendida conciliación entre clases es que la crisis la paguen los trabajadores, como vemos con el “gobierno más progresista de la historia” del PSOE y UP, el cual a pesar de sus medidas pomposas de ERTEs, IMV, escudo social… no han frenado la sangría de parados y colas de hambre, ni se han parado desahucios, ni han abordado muchas de sus promesas que irían directamente contra los capitalistas, como la derogación de la reforma laboral, la ley mordaza o la subida del SMI. Mientras la reacción y el fascismo canalizan el descontento y atacan al pueblo trabajador con el beneplácito del gobierno central que les deja actuar y desarrollarse, dejando que se manifiesten y organicen libremente mientras reprimen con sarna el movimiento obrero y antifascista -como vimos en las protestas de Pablo Hasel, en Tubacex o contra Vox-, tratandoa los fascistas como una opción política más, incluso los usan de manera oportunista como arma electoral para reforzar “el mal menor” que supone su gestión frente a una alternativa todavía más desastrosa e incluso terrorista. Por otro lado los principales sindicatos, CCOO y UGT, dominados por reformistas refuerzan todavía más la conciliación de clases. La división de los trabajadores en otros sindicatos, la mayoría más reaccionarios, y algunos pocos más combativos y minoritarios; o su no organización, introduce todavía más la dominancia de la burguesía sobre el proletariado, domesticando y enajenándolo de su condición social y su papel revolucionario. Esta desastrosa situación es a la vez alimentada por la propia ausencia de un verdadero Partido comunista, es decir, el destacamento de vanguardia de la clase obrera, su guía y organizador y parte inseparable de ella.

La lucha de clases está presente en cada ámbito de nuestra vida, los ataques de la burguesía no han cesado por la pandemia, al contrario, masificar las ganancias a toda costa y mantener el orden social explotador es una prioridad actual para ellos. Esta es la verdadera cara que el capitalismo nos muestra sin ningún tipo de escrúpulos, también bajo un gobierno de la izquierda burguesa. Mientras, nuestra clase planta cara a estas agresiones: se convocaron huelgas del campo en Almería y Murcia para mejorar las condiciones de trabajo, en esta última se consiguió el reconocimiento del pago del SMI; las diferentes huelgas y luchas contra los EREs anunciados en Tubacex, Airbus; así como las manifestaciones contra la represión hacia Pablo Hasel o contra la brutalidad policial como sucedió en Linares y por todos los represaliados por el Estado español en su continua censura y represión hacia todo movimiento popular y obrero que moleste el status quo de la burguesía. 

Debemos tener en cuenta que la crisis provocada por el coronavirus no va a acabar tan pronto como pronosticaron. Después de una caída del PIB histórica del 11% en 2021, apenas se espera un crecimiento del 6% para el 2021 y de una recuperación de los niveles pre COVID para 2023. Sin hablar de cómo se repartirá esta riqueza, solo este año han aumentado en casi 1 millón los pobres mientras la riqueza de los multimillonarios españoles aumentó en unos 26.500 millones de euros. La crisis la estamos pagando los trabajadores, como tantas otras que hemos vivido anteriormente, y para continuar con este plan la clase burguesa necesita  fragmentar, enfrentar y adormecer a nuestra clase, dentro de la cual los grupos más vulnerables son doblemente afectados: jóvenes, inmigrantes, mujeres… 

En estas circunstancias, es necesario conseguir que las consecuencias de esta crisis afecten lo mínimo posible a la clase obrera y a la vez señalar el camino revolucionario. Ambas cosas son inalcanzables sin la unión de los trabajadores en su lucha contra la explotación y la reacción, sin la organización política del proletariado consciente. Defendernos de cada agresión, de cada intento de hacernos pagar la crisis en cada lugar de trabajo, unirnos y organizarnos frente a los abusos de cualquier empresario, pequeño o grande. Defender cualquier intento de recortar derechos y libertades, levantar la bandera de la democracia y la igualdad obrera, vincular cada injusticia con su raíz capitalista y su solución en el comunismo. Los comunistas debemos ganar influencia y convencer a los proletarios que son la clase revolucionaria. Esto significa defender el conocimiento real de las estructuras sociales, el antagonismo entre la clase obrera y la clase capitalista. Y, así, también defender nuestro modelo de sociedad, porque sin una sociedad socialista, sin una democracia obrera, y viviendo bajo las leyes capitalistas de la democracia burguesa, no hay posibilidad de una sociedad que organice la producción y distribución de manera racional. Debemos aumentar el compromiso, explicar en qué consiste la fantasía de la socialdemocracia, el revisionismo y la diferencia con la ciencia marxista-leninista que defendemos para llegar a la revolución. Saber encontrar las consignas y formas de lucha que se desprendan de las necesidades vitales de las masas y guiarlas en base a su nivel de capacidad en cada etapa. Entre organizaciones de tendencia marxista es un importante paso una mayor cooperación, construida sobre la crítica y la autocrítica. A la vez de un fortalecimiento del trabajo marxista-leninista dentro de ellas. La gravedad de la situación nos exige tomar partido, formarnos y organizarnos.

Sin embargo, la desunión y la ideología burguesa dominan a la clase obrera, sin duda ambos hechos están conectados. Mientras, los grupos que buscan la reconstrucción del partido comunista son débiles y dispersos. En estas circunstancias el primero de mayo pone encima de la mesa la necesidad de invertir los máximos esfuerzos en la unidad de los marxistas-leninistas bajo claros principios y en una justa política que favorezca la unidad de nuestra clase, su carácter combativo y eleve su conciencia. Aquí entra en primer plano la táctica frentista de Dimitrov para conseguir la unidad de la clase obrera y desbancar la hegemonía burguesa en el movimiento obrero. Esta unidad de acción de todos los sectores del proletariado, es configurada por los siguientes principios aceptables por todos los obreros:

“La Komintern no pone para la unidad de acción ninguna clase de condiciones, con excepción de una elemental, aceptable para todos los obreros, a saber: que la unidad de acción vaya encaminada contra el fascismo, contra la ofensiva del capital, contra la amenaza de guerra, contra el enemigo de clase.” (Dimitrov. La CLASE OBRERA contra el fascismo. 1935)

Esta base impulsa la también necesaria unidad popular antifascista que involucra al resto de clases trabajadoras contra los peligros de la reacción, liderada por el proletariado, de ahí la importancia de la unidad obrera y su vinculación con la necesidad del partido. Dicha unidad de acción obrera busca desnudar las limitaciones del reformismo y su conciliación entre clases antagónicas, evidenciar ante los obreros engañados por el reformismo, el carácter burgués y explotador de este:

“No se debe perder de vista que la táctica del frente único es un método para persuadir palpablemente a los obreros socialdemócratas de la justeza de la política comunista y de la falsedad de la política reformista, y no una reconciliación con la ideología y la práctica socialdemócratas. La lucha eficaz por establecer el frente único exige de nosotros ineludiblemente una lucha constante, dentro de nuestras propias filas, contra la tendencia a rebajar el papel del partido, contra las ilusiones legalistas, contra la orientación hacia la espontaneidad y el automatismo, tanto en lo que respecta a la liquidación del fascismo como en lo que se refiere a la consecución del frente único, no hay que dejar duda y cortar las más mínimas vacilaciones, llegado el momento de la actuación decisiva.” (Dimitrov. La CLASE OBRERA contra el fascismo. 1935)

Sin embargo muchos grupos rechazan trabajar con las organizaciones más abiertamente reformistas, como CCOO y UGT o PSOE y UP, rechazando la posibilidad de criticar con hechos prácticos, no solo con propaganda -lo cual se ha demostrado insuficiente-, su incoherencia entre lo que dicen que van a hacer y luego hacen; la ideología y práctica reformista como conciliadora con los explotadores; y la posibilidad de tener contacto con los obreros socialdemócratas para explicar con espíritu de camaradería el comunismo. Frente a ello, algunos de estos mismos grupos no dudan en trabajar con otros grupos que también presentan ideas antagónicas al socialismo científico, como los anarquistas, revisionistas u otros grupos reformistas más combativos, que frente a su aparente radicalidad traen otra serie de desviaciones al movimiento obrero, como la desunión y el sectarismo, demostrando así que bajo sus “bloques combativos y de clase”, se encuentra la unidad de acción seguidista con esos errores en vez de clarificar el camino correcto. Confundiendo combativo con revolucionario y ayudando al aumento de confusión en el movimiento obrero.

De igual forma, nos encontramos como siempre con la poca voluntad de unidad de las direcciones de las principales organizaciones sindicales, CCOO y UGT, que han convocado aisladamente, sin buscar ampliar el movimiento con otras organizaciones populares y sindicales, esto se debe al oportunismo de estas direcciones que, guiados por sus intereses individuales de trabajadores más acomodados y por el reformismo que impregnan las filas de estos sindicatos, actúan en contra de los intereses de clase de las propias bases. Debemos trabajar por convencer de que sólo a través de la unión de la clase obrera guiada por su partido revolucionario nos aproximamos a resolver permanentemente sus problemas, que radican en una cuestión sistemática, es decir, en el capitalismo, demostrar ante los obreros que solo adquiriendo estas posiciones podremos librarnos de aquellos que intervienen en sindicatos de forma oportunista. Debemos aumentar la combatividad y respuesta ante los abusos de la burguesía, y, al mismo tiempo, convencer de la respuesta revolucionaria. Conquistar nuestras posiciones en estas organizaciones es primordial para conseguir ese aumento de la conciencia de clase y revolucionaria; debemos señalar y criticar así sus acciones conciliadoras y oportunistas como una tarea principal de los comunistas en relación a los sindicatos. 

Hemos visto cómo las organizaciones políticas que apelan a la clase obrera no son capaces de promover un movimiento unitario en esta fecha tan señalada o lo promueven bajo una concepción totalmente burguesa. Con toda esta amalgama de posiciones, y ante la debilidad del movimiento comunista español, nos encontramos, como años atrás, un primero de mayo con distintas movilizaciones en una misma ciudad. Separando así el movimiento obrero y reforzando posiciones que no nos ayudan a la construcción del Partido, ni a la lucha contra el capital, ni contra el fascismo. La convocatoria de diferentes manifestaciones no sólo resta fuerzas contra la reacción sino que impide que se pueda disputar en espacios comunes al revisionismo, el oportunismo y reformismo frente a las masas obreras y populares. Necesitamos un uno de mayo con organización y guiado por la ciencia y para conseguirlo, nuestra tarea fundamental es organizar el partido de la clase obrera que guíe esa labor equipado con el material necesario para lograrlo, el marxismo-leninismo. Este Partido surgirá de la lucha teórica y práctica, de la crítica y autocrítica, bajo unos principios claros. Por lo tanto, necesitamos aumentar la organización política de la clase obrera enfrentándonos a la socialdemocracia que solo pretende meras reformas bajo el marco burgués, insuficientes y que no permanecen en el tiempo, como ya hemos experimentado en otros períodos históricos y actualmente bajo el gobierno de PSOE+UP. También debemos hacer frente al revisionismo que bajo un barniz revolucionario esconde todo tipo de desviaciones que implican el mantenimiento del capitalismo, desde el sectarismo hasta la conciliación con el reformismo mediante la participación seguidista en movimientos reformistas como el feminismo burgués o el sindicalismo conciliador, más o menos combativo, o anarquista.  

VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA

DEROGACIÓN DE LA REFORMA LABORAL Y SUBIDA DEL SMI YA, BASTA DE MENTIRAS DEL GOBIERNO PROGRESISTA

UNIDAD OBRERA CONTRA LA REACCIÓN Y EL CAPITAL

POR EL PARTIDO DE LA CLASE OBRERA GUIADO POR EL SOCIALISMO CIENTÍFICO

El primero de mayo reúne a todos los trabajadores del mundo en la lucha por su emancipación

Fuentes usadas en este artículo:

https://lamaza.org/2020/04/27/1o-mayo-2020-dia-de-la-clase-obrera/

https://prensaobrera.com/aniversarios/camaradas-obreros-se-acerca-el-primero-de-mayo-manifiesto-de-vladimir-lenin-1904/

https://www.lavanguardia.com/economia/20210125/6195501/pobreza-espana-desigualdad-covid-impacto-pandemia.html

https://www.eldiario.es/economia/fmi-rebaja-previsiones-crecimiento-5-9-espana-2021_1_7163755.html

https://www.eldiario.es/economia/economia-espanola-desplomo-coronavirus_1_7176673.html

https://www.elperiodico.com/es/economia/20210323/banco-espana-rebaja-6-prevision-11602362

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