Ocho de marzo, día internacional de lucha obrera

Este 8 de marzo volveremos a manifestarnos, la lucha sigue y es necesario organizarnos para hacer que el día de la mujer trabajadora sea clave en la lucha de la clase obrera por acabar con el capitalismo y las clases sociales.

¿De dónde viene el 8M como día reivindicativo?

Cada año, el 8 de marzo, continuamos una tradición del movimiento obrero iniciada en 1910, a partir de la propuesta de Clara Zetkin en la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas.  La conferencia decidió que anualmente, en cada país, se celebrase el mismo día un “Día de la Mujer” bajo el lema “el voto de la mujer unirá nuestra fuerza en la lucha por el socialismo”.  (1)

¿Qué se reivindicaba históricamente por el movimiento de mujeres? ¿Cuáles eran las diferentes posiciones?

Este día pone en el centro de la lucha obrera la cuestión de la mujer bajo el capitalismo y la opresión especial que sufre, siendo esta una doble opresión de clase y de género.  El 8 de marzo se sitúan , en primer lugar, las reivindicaciones más inmediatas para la población femenina trabajadora. En sus orígenes el movimiento comunista coincidió con el movimiento burgués de mujeres, el feminismo, en cuanto a la lucha por el sufragio femenino. Las motivaciones detrás de esta lucha por uno y otro grupo contenían diferencias irreconciliables. Mientras las burguesas aspiraban a compartir el dominio político con los hombres de su clase,  conquistando una posición política capitalista, las obreras buscaban salir de la situación de extrema precariedad y violencia con la que debían convivir a causa del sistema de clases, es decir, pretendían ser partícipes de la vida política junto a sus compañeros masculinos de clase para acabar con su doble opresión. La lucha de las mujeres por el voto democrático burgués, reivindicada por el movimiento obrero internacional, pretendía elevar la conciencia de las obreras e involucrarlas en la lucha por el socialismo organizando e impulsando la participación del proletariado femenino en la consecución del comunismo y buscando situar a las obreras y obreros en igualdad política dentro de la organización por la revolución. 

¿Cuál es la situación actualmente?

Hoy en día habiendo conquistado ese derecho en la mayor parte de los estados burgueses y habiendo conseguido la igualdad legal con el hombre, se ha demostrado que los problemas específicos de la mujer obrera son de origen económico, es decir encuentran su raíz en la sociedad de clases, ya que la opresión y precariedad de la mujer no ha desaparecido con la igualdad legal. Mientras  vemos  como la burguesa ejerce junto con el capitalista el dominio social, cuestión por la que muchas mujeres burguesas sienten orgullo y enarbolan la bandera feminista, la proletaria  ha visto la falsedad de toda promesa de reforma democrática para su clase dentro del sistema actual.

¿Cuál es nuestra posición en el ámbito de la lucha de la mujer?

Podemos observar que el movimiento feminista, siendo un movimiento democrático que busca  la “igualdad” entre géneros,  pretende reformar la sociedad sin analizar científicamente la causa material de dicha desigualdad, que es material, económica, por lo que para alcanzar verdaderamente la “igualdad” es requerida una revolución social, no  reformas. Así cae en teorías eclécticas, es decir admitiendo cualquier posicionamiento, traduciéndose en una práctica de las mismas características. Aglutinando a mujeres de toda clase social para aunarlas bajo consignas sin realidad como el fin de la violencia de género. ¿Cómo vamos a acabar con la violencia de género sin acabar antes con la explotación y opresión capitalista que la alimenta, con la pobreza y la cultura burguesa que nos rodea construida sobre una base material que mercantiliza a los trabajadores? 

El feminismo es un movimiento burgués, porque considera  la cuestión de la liberación de la mujer, como un  camino de reformas democráticas y  transversales. Su carácter burgués no implica que no existan elementos más avanzados dentro, o mujeres obreras realmente comprometidas, pero la participación de estas mujeres en un movimiento encaminado a las reformas por la vía institucional burguesa retrasa y debilita la vía científica y revolucionaria del comunismo, es decir, la liberación de la mujer. Bajo la guía marxista leninista concebimos que debemos destruir la sociedad de clases para poder resolver las opresiones específicas de la mujer y otros colectivos discriminados, es decir, cualquier cuestión social que afecte a un grupo social concreto explotado, es una cuestión de toda la clase revolucionaria que para liberarse debe liberar a toda la sociedad, el proletariado.

¿Cómo debe ser nuestra intervención en estos espacios?

Actualmente el 8 de marzo recae sobre el interclasismo y el reformismo, es decir, se intenta unir a todas las mujeres por objetivos diversos, la mayoría cercanos a los derechos humanos y la igualdad en abstracto -obviando que vivimos en una sociedad capitalista- sin un prisma revolucionario real, como no puede ser de otro modo debido, por ejemplo, a la propia unidad de mujeres con intereses antagónicos dentro del mismo movimiento. Podemos encontrar muchas variedades de feminismo, algunos también autodenominados anticapitalistas, de clase o socialistas, sin embargo, su práctica entra en contradicción puesto que el feminismo de clase no es la herramienta de lucha de la clase obrera, o más concretamente de la mujer obrera, sino el comunismo. Consecuentemente no debemos intervenir desde la posición feminista cual sea su variante, sino desde la comunista.. Las reivindicaciones contra la violencia específica que padecen las mujeres como la violencia machista, así como la explotación sexual consecuencia del sistema capitalista, junto a esto las meras reformas económicas o las peticiones idealistas como el fin de las guerras, que no ponen en peligro el orden capitalista, provoca que el feminismo hasta ahora puede unir tanto a proletarias, que padecen estas situaciones, como a burguesas, incluso de las capas más altas y reaccionarias, que se solidarizan y repudian estas realidades pese a no padecer o padecerlas en un grado muy inferior. Bajo una guía comunista, esto es inimaginable, entre otras cosas, porque el objetivo principal de la obrera en esta etapa del imperialismo y en un país democrático burgués es la revolución socialista; ahora las obreras debemos poner el foco de atención este día en las cuestiones claves que de ser resueltas nos permitan solucionar las demás tareas inmediatas y facilitar nuestro objetivo revolucionario, la construcción del partido de la clase obrera y la hegemonía comunista sobre la masas trabajadoras, estos objetivos están vinculados y sin el partido, no serán realizables. Para conseguirlo debemos:

-Desnudar al feminismo como un movimiento burgués que impide la liberación de la mujer mediante la táctica de «explicar pacientemente» los errores del feminismo y del reformismo entre las masas trabajadoras, hacer un esfuerzo por esclarecer la cuestión de género y de luchar abiertamente dentro del movimiento de masas femenino y obrero.

-Destacar que la liberación de la mujer solo vendrá con la revolución socialista, y esta no es una cuestión exclusiva de las mujeres, ni tampoco solo de las obreras, es una cuestión social de todo el proletariado, incluido en él migrantes y personas del colectivo LGTB, que sufren también otras opresiones específicas. Por lo tanto, somos los más intransigentes contra toda arbitrariedad contra la mujer sea trans, cis, migrante… y luchamos por la mayor aceptación y amparo en cuanto a la situación biológica y salud (maternidad, menstruación, necesidades médicas…), también por el avance de los derechos de autodeterminación de género, en el caso de personas trans, tanto mujeres, hombres y no binarias. Contra la separación de dichas cuestiones de la social, los comunistas somos los máximos interesados en que la obrera lidere dicha lucha junto con el obrero y en que no exista una separación o discriminación entre proletarios, liderando unidos como clase cualquiera que sea nuestra condición particular la lucha por el comunismo.

– Practicar la unidad de acción obrera y popular contra los ataques del capital, el fascismo, la reacción y las guerras imperialistas, desnudando en esa práctica a las organizaciones burguesas que demuestran que no persiguen la igualdad ni la liberación.

– Vincular  la defensa de las necesidades más urgentes por las obreras unidas indisolublemente a las de su clase, generando un carácter más combativo y revolucionario,  reorganizando bajo estas premisas el movimiento obrero sindical y político. Así, según los comunistas vayamos haciendo trabajo, estaremos elevando la conciencia de clase y combatividad. 

Es posible explicar cada cuestión de mayor discriminación de la mujer y su vinculación directa con el capitalismo, por ejemplo, es imposible suprimir por completo la brecha salarial, ya que es resultado  de que la mujer trabaje menos horas asalariadas para poder hacerse cargo de los cuidados familiares y la economía del hogar, tal desigualdad está irremediablemente unida al sistema capitalista y a los vestigios  patriarcales alimentados por una parte de la propia burguesía, que la posiciona por herencia histórica en el papel de cuidadora. En este punto cabe destacar que pese al pretendido mérito del feminismo, la realidad es que las reformas igualitarias han venido de la lucha del proletariado, desde la lucha por el fin de la dictadura fascista hasta la defensa junto con los movimientos populares de mujeres, de la ley de violencia de género o la ley trans, que con sus limitaciones aportan aspectos progresistas  aunque aún queda pendiente de aprobar esta última y que se está enfrentando a muchas feministas reaccionarias vinculadas al PSOE, y Partido Feminista principalmente. Esto indica que el potencial del movimiento feminista solo se debe a la participación de nuestra clase. De haber encabezado estas luchas el movimiento comunista, no sólo habríamos conseguido reformas más útiles, y quizá aún más avanzadas, sino que ya hace tiempo podríamos haber logrado las derogaciones de las leyes antiobreras más sangrantes como la reforma laboral, ya que es una característica básica del movimiento comunista la reivindicación de las reformas democrático burguesas, pero no como fin sino como forma de mejora inmediata de las condiciones de vida y medio organizador del proletariado hacia la revolución.

¿Cómo hay que trabajar este 8M?

Lo primero que hay que destacar es el atraso que supone el feminismo a la obrera, la combatividad brilla por su ausencia este año y la cuestión no es pecar de voluntarismo, es que sobran los motivos para hacer agitación para organizar aunque sean concentraciones pequeñas debido al poco ánimo combativo general, en parte alimentado también por el dominio del reformismo en el movimiento obrero. La pandemia ha castigado especialmente al proletariado y más a la obrera. Así nos toca llamar a la movilización bajo estas premisas:

La liberación de la mujer obrera solo vendrá por su lucha política y sindical como clase obrera revolucionaria, no con el feminismo, un movimiento interclasista y reformista que mantiene las bases económicas de la desigualdad.

Contra toda arbitrariedad y discriminación contra la mujer, esta es una cuestión social que incumbe a toda la clase obrera.

Por la unidad obrera y popular contra los ataques del capital, el fascismo y la reacción. Las necesidades más urgentes de las trabajadoras están vinculadas indisolublemente a las de la clase obrera. La crisis del covid la está pagando el pueblo trabajador y esto está afectando sobre manera a las trabajadoras, ya que algunas de las causas de su mayor discriminación son económicas. Además las cuestiones políticas también son básicas, los retrocesos democráticos dificultan organizarse como clase.

Por la organización política independiente de la clase obrera en su partido comunista, necesario para conseguir un movimiento obrero más combativo y revolucionario.

  (1: Kollontai, 1920: El Día Internacional de la Mujer https://www.marxists.org/espanol/kollontai/1920/0001.htm)