Los “youtubers” y el fracaso de la conciencia socialdemócrata

Marx y Engels repudiaron a los agnósticos casi más que a los creyentes, porque entendían que eran realmente ateos que se escondían: “una manera vergonzosa de aceptar el materialismo por debajo de cuerda y renegar de él públicamente”(1). Lo mismo pasa con gran parte de la izquierda que se considera progresista, incluso revolucionaria: entienden las limitaciones del sistema, a poco que presiones te dirán siempre que efectivamente no existe posibilidad de un capitalismo bueno, pero no se atreven a dar el paso a concretar qué hay que hacer para dejar de vivir en este sistema, enturbiando qué son las clases sociales y qué papel cumplen dentro del capitalismo a la hora de sostenerlo o poder acabar con él; mucho menos a aceptar la necesidad de unir a la clase obrera con el marxismo como única manera de acabar con el capitalismo. Su anticapitalismo es más bien agnosticismo.

Así se ven atrapados, y atrapan, en los enredos de la hipócrita conciencia burguesa que, como mucho, solo puede rasgarse las vestiduras impotente ante los inmorales “youtubers” que se marchan a otros países, clamando al autocontrol y “la buena voluntad política”(2) que corrija esos desvaríos. La estrechez  de su mirada se revela en cuanto señalas otros evasores fiscales más poderosos que no parecen tener según su punto de vista una especial relación con los “youtubers”: “desde la sede de Apple o Google en Irlanda, a la base europea de Netflix en Países Bajos o las empresas de apuestas online en Gibraltar o Malta”. 

Realmente el modelo fiscal del capitalismo se levanta sobre la posibilidad de defraudar impunemente, eso sí, especialmente si eres una gran capitalista. Hoy se sabe que el fraude fiscal en España es el equivalente a un 20% de su Producto Interior Bruto (PIB) (3).   No nos engañemos, los youtubers evasores son meros imitadores de Inditex, Google…. Desde ese punto de vista progresista, se lucha contra molinos, pero en este caso el problema no es que se imaginen el enemigo, sino que ocultan el enemigo real, con tal de no hablar de lucha de clases y, menos aún, de lo que significa el capitalismo para la clase obrera. Se lanzan a atacar la inmoralidad, señalando que “esos evasores son los que después son modelo para los jóvenes”, cuando el problema es el sistema que genera la conciencia capitalista y dicha desigualdad. 

Para los comunistas no es una cuestión moral, al menos no moral en ese sentido. Para nosotros no hay una línea que delimite la obtención legal o ilegal de beneficios en el capitalismo. Es normal que sí la haya para la conciencia de la burguesía progresista. Para nosotros lo inmoral es el sistema, no solo porque suponga la miseria de la mayoría sino también porque genera un progreso extremadamente desigual y contradictorio; y este sistema se sostiene sobre la ley del máximo beneficio, de dónde salgan esos beneficios al capital le es indiferente. En último término la legalidad, el Estado de derecho (que nos dice que todos estamos supuestamente por debajo de la ley), sirven, si se justifica como lo que él dice de sí mismo (un Estado neutral), para encubrir la realidad del sistema y del Estado.

¿De verdad se puede pensar hoy que el Estado es algo diferente de los intereses de los capitalistas y especialmente de las  grandes compañías? En el caso de la evasión fiscal  pocos ocultan ya que el Estado es cómplice, hasta medios burgueses lo dicen: “La ley fiscal persigue a las rentas más bajas, mientras que es más tolerante con los patrimonios más elevados”. “A todo ello se une un cuerpo de inspectores desmotivado, mal pagado e insuficiente (no solo en medios humanos sino también materiales) que no da abasto para investigar todos los casos” (4). Sin duda, llevan mareando con la tasa google unos años, y los intentos de corregir la ingeniería fiscal son muchos y muy infructuosos, y no es por falta de voluntad política, sino simplemente por el poder que tienen los monopolios.

Todo para que se sigan obteniendo beneficios. Y algunos “ilusos”, como decíamos, se empeñan en hablar de las posibilidades de control de toda la ingeniería fiscal que utilizan las grandes empresas para evitar pagar. Por supuesto que puede haber mejores condiciones para la clase trabajadora, una Administración del Estado con capacidad económica y mayor inversión social puede dar la posibilidad de que se tengan esas mejores condiciones, pero son en cualquier caso medidas que deben pelearse y que, bajo la gestión burguesa, nunca podrán ser conquistas duraderas. En este sentido, unos impuestos que recaigan sobre los grandes beneficios empresariales son positivos, el problema está cuando se señala que el dinero del Estado va para todo el mundo y se hace una defensa del “Estado del Bienestar” sin caracterizar el aparato estatal como burgués. Engañar así a la gente evidencia el carácter de clase burgués de estos “ilusos” socialdemócratas; ni siquiera la educación pública que sirve, sobre todo, al capitalismo; ni siquiera la sanidad pública que sirve, sobre todo, al capitalismo. Que una pequeña parte puede ser útil a los trabajadores dentro del sistema capitalista es cierto, de hecho las clases trabajadoras debemos luchar por mejoras en los sectores públicos, y como comunistas debemos conocer que estas reformas nos son ventajosas, pero no son nuestro objetivo final. De la misma manera que hay que pelear unas mejores condiciones laborales, sin embargo, somos conscientes de que que un mejor salario no significa que no te exploten, una mejor educación o sanidad no significa que la educación no esté al servicio del sistema. Y así con la mayoría de servicios públicos.

En conclusión, apuntar a que el dinero de las grandes fortunas debe dirigirse al bien común es una mera zanahoria para mantener al burro trabajando, el mensaje debe ser que se debe luchar para que la clase trabajadora obtenga mejores condiciones (el salario indirecto que viene de la educación pública, sanidad pública….), pues es la clase trabajadora la que produce riqueza. 

Y hay que saber que las élites burguesas no van a aceptar gustosamente ganar menos beneficios, con lo que de lo que se trata no es de “reprocharles” que no lo hagan, sino de obligarles y trabajar para hacerlas desaparecer como clase, es decir, socializar los medios de producción. Somos enemigos a muerte, no amigos a los que se les pueda aconsejar, no iguales a los que se les pueda dar indicaciones morales. Eso ellos lo saben y esa es la clave que tenemos que enseñar a la clase obrera, y no a creer que con cualquier lección moral van a cambiar, ni que la superioridad moral puede servir para nada. La plusvalía, la explotación del trabajo ajeno, es la condición del capitalismo.

Claro que una parte de la juventud se imagina haciéndose rica, claro que su falta de conciencia de clase se debe a la influencia de la ideología burguesa que mantiene que sus realidades son transformables y que pueden medrar en la sociedad vendiendo de manera idealista la meritocracia, pero el problema es desconocer la renuncia histórica de la socialdemocracia (Unidas Podemos) a enmarcar el problema dentro de la lucha de clases y la dictadura del proletariado: precisamente el obsesionarse por defender un Estado neutral y no señalar que el Estado es burgués, y que las leyes del Estado dependen de la lucha de clases.

O nos unimos como clase para poder tener mejores condiciones de vida y presionamos con la única bandera que puede plantar cara a la clase capitalista: el comunismo, y no con la de la socialdemocracia, o con cualquier otra fracción burguesa que seguirá haciendo todo lo posible por obtener el máximo beneficio, a costa de la miseria de las y los trabajadores. Los socialdemócratas, en parte, no están siendo creídos por la juventud (que en parte lo vive como un conflicto generacional), porque no solo disfrazan la realidad, como hacían los agnósticos que cuando de lo que se trataba era de dar batalla ideológica contra el poder, señalaban hacia otro lado para evitar que el poder los señalara a ellos como enemigos; intentando mostrar que los problemas eran los árboles y no el bosque, no fuera a ser que el bosque los arrollara. 

No se trata de señalar que el dinero vaya para el Estado porque el Estado es de todos, mentira; más realista y más esperanzador es decir: “sí, queremos que los ricos paguen más impuestos, queremos que nos roben menos de nuestro trabajo, queremos también más formación, más sanidad, mejores jubilaciones… pero queremos esto para tener más poder y acabar terminando con un Estado que es de la burguesía y que solo nos da migajas; lo queremos para poder construir el Estado obrero” Cualquier otra manera de enfocar la cuestión es falsa. Mientras haya capitalismo habrá fraude fiscal y la riqueza producida irá a las manos de los capitalistas, toca organizarse, construir el partido comunista y dirigirnos a la revolución.

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  1. Engels Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana 
  2. Pablo Fernández tuiteo un”Más Ibai Llanos y menos El Rubius” retuiteado..  O en El confidencia https://www.elconfidencial.com/tecnologia/2021-01-31/escapada-andorra-youtuber-24-horas-idolos-internet_2924319/ “Ese desfase entre la trampa y la ley, entre la ingeniería fiscal y una tributación justa, se puede atajar con la voluntad política de instituciones supranacionales, como la propia OCDE o la Comisión Europea, y los Estados que las componen”
  3. diario16 https://diario16.com/espana-tiene-un-sistema-fiscal-de-risa-que-permite-evadir-60-000-millones-de-euros-al-ano/ Los BEPS son propiciados por “la existencia de lagunas o mecanismos no deseados entre los distintos sistemas impositivos nacionales de los que pueden servirse las empresas multinacionales, con el fin de hacer ‘desaparecer’ beneficios a efectos fiscales, o bien de trasladar beneficios hacia ubicaciones donde existe escasa o nula actividad real si bien goza de una débil imposición, derivando en escasa o nula renta sobre sociedades”
  4. https://www.elconfidencial.com/empresas/2020-05-13/grandes-fortunas-patrimonio-impuestos-sociedades_2591855/

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