¿Qué está pasando en las Universidades?

Con los exámenes encima ya confirmamos lo que muchos y muchas conocíamos sobre este escenario de pandemia en los estudios universitarios. La inoperancia e irresponsabilidad de las instituciones burguesas, ya sean por parte de ministerios o rectorados, pone en riesgo nuevamente a todos los estudiantes que en muchos casos como los sonados de Valencia, Córdoba y Murcia, mantienen los exámenes presenciales sin un control adecuado que nos asegure que las pruebas se produzcan con seguridad. Para que este escenario de presencialidad en los exámenes fuese seguro deberíamos de contar con una mayor financiación en el ámbito de la educación pública que garantizara: una separación de grupos, aumento de los espacios, dotación de EPIs, contratación de más personal de limpieza y de enseñantes para cubrir desdobles de grupo, o el uso de aparatos para la ventilación artificial. Muchas de  las reivindicaciones que se llevaban desde las diferentes organizaciones estudiantiles y obreras a fin de que se garantizara una vuelta a las aulas segura. Pero claro, no existen esas condiciones dado el desinterés de las instituciones burguesas por mantener y cuidar la educación pública a un mínimo nivel aceptable y obviamente ni mucho menos podemos hablar del nivel requerido por las masas populares debido a su intrínseco carácter de clase de dichas instituciones en el capitalismo. Las imágenes que nos dejan estos días son desastrosas. Las cifras de contagios se disparan mientras observamos  aglomeraciones de jóvenes obligados a presentarse en espacios no preparados para una pruebas de evaluación, que podrían ser perfectamente sustituidas por otro método, la gran parte del personal sanitario ya estaba preparándose para lo peor, una nueva saturación de los centros sanitarios para la cual la situación de la universidad viene a empeorar todavía más. Estas saturaciones evidencian la otra cara de un sector público fundamental. Las trabajadores de sanidad pública llevan cargando con esta pandemia desde hace meses, enfrentándose a situaciones de riesgo todos los días, sin material adecuado y doblando horarios a causa de la falta de personal. Esto forma parte de la miserable  planificación capitalista que tiene por característica primar los intereses económicos de los capitalistas frente a las necesidades del pueblo trabajador, cada parte está vinculada, y mientras los hospitales están abarrotados de enfermos, se moviliza a miles de jóvenes sin importar la propagación del virus, con mirada indiferente. Las familias trabajadoras en su conjunto pagan las consecuencias de una sociedad pensada para el beneficio económico de los grandes empresarios y entidades financieras, mientras la burguesía vive en cierto sentido ajena a la excepcionalidad, continuando y aumentando sus negocios tanto como puede, la clase obrera se ve desposeída del más básico derecho a la protección sanitaria o a una educación al nivel de lo que la parte de la sociedad laboriosa requiere. No solo afrontamos los previos recortes en la educación pública afrontando problemas que ya veíamos en tiempos anteriores a la pandemia, sino que en la actualidad esta situación de crisis evidencia aún más la diferencia entre la clase explotadora y la explotada.

En el ámbito de la educación el mantenido detrimento de la escuela pública y su imposibilidad de adaptación a la realidad pandémica deja entrever que no solo no hay intención por no mejorar nuestras condiciones como estudiantes o enseñantes, sino que incluso cuando existe esa voluntad no es posible completar unas medidas que actúen contra los problemas de la mayoría social, y solo existen parches y reformas apenas permanentes. Es lo que encontramos con esta nueva ley educativa, o con el ejemplo de las medidas que han intentado aplicar desde la generalitat valenciana. En el campo de la democracia burguesa no podemos operar los obreros, sus medidas apenas nos cubren y vemos como tenemos que pagar las consecuencias poniéndonos en riesgo y a nuestros familiares. Los exámenes presenciales son la única vía de asegurar una evaluación justa en una situación normal, sin embargo, en la actualidad nos expone a un riesgo de contagio muy elevado dado que no se siguen las recomendaciones médicas, y tampoco da solución a los y las compañeras afectadas por una posible cuarentena, o a la imposibilidad de traslado dadas las restricciones. Ante esto, los estudiantes optan por una evaluación online: que, sin embargo, requiere de numerosas especificaciones, puesto que no existe ninguna normativa que regule esta situación y que tampoco garantiza que nuestra evaluación vaya a ser justa. Esto, al final, podría haberse evitado con un estudio  científico de las circunstancias, y a partir de este, una propuesta completa de adaptación dentro de los planes de contingencia de cada Universidad, sin embargo, se optó por no invertir, se recortó  y, por supuesto, se eligió no poner en riesgo los beneficios de la burguesía que vive del gasto de los estudiantes en los centros urbanos: alquileres, matrículas, bares…

Los estudiantes piden exámenes online, de forma coherente, pero advertimos que en esta exigencia encontraremos muchos obstáculos que ya vivimos en marzo ante un confinamiento domiciliario: la brecha digital sigue existiendo y ningún parche podrá solucionar un problema que viene de raíz. Debemos exigir una evaluación adaptada y flexible para cada clase y situación, y señalar ante todo a los culpables de la pésima gestión de esta crisis, aquellos que se lucran de nuestra situación.

La única solución ante esta irresponsabilidad es cambiar el sistema de raíz para poder plantear una verdadera educación al servicio de los trabajadores.

¡Compañero, organízate y lucha por tus derechos en el aula y fuera de ella!

—Artículo conjunto entre Cantera Roja y La Maza