La lucha de la mujer obrera contra los abusos que sufre, implica la lucha por un cambio de sistema donde podamos destruir las estructuras patriarcales que nos oprimen. Acabemos con la violencia machista y el capital

Concentración contra las violencias machistas, 25 de noviembre

(El posicionamiento de La Maza: Organización Comunista, sobre la liberación de la mujer obrera, ha cambiado tras la conferencia de 2021: https://lamaza.org/2021/02/17/rectificacion-de-la-posicion-de-la-maza-sobre-la-lucha-de-liberacion-de-la-mujer-trabajadora-y-el-feminismo-el-comunismo-es-el-unico-camino/)

El 25-N se celebra el día contra la violencia de género en el Estado español. Y es que, los números de asesinadas desde hace tres años no baja de los cuarenta. El año pasado, sin ir más lejos, se dieron cincuenta y un casos, una cifra altísima que no se daba desde 2011, sin contar con otro tipo de violencias como pueden ser los abusos, violaciones, agresiones o el maltrato psicológico. Está claro que las violencias machistas siguen siendo un problema en la actualidad, cualquiera que lo niegue es que no ha observado los datos. Una evidencia es la estabilidad de los números ya no solo de las trágicamente asesinadas, sino de las llamadas al teléfono de urgencia denunciando estas situaciones de maltrato. Este año, ante una pandemia que nos ha hecho estar confinados en casa durante 3 meses (variando dependiendo de la comunidad autónoma), las llamadas al 016 después del primer mes encerrados en casa se disparan a casi 9.000. 

En los medios capitalistas, esta noticia apenas fue sonada durante abril, preferían centrar todos sus esfuerzos en seguir con la lucha ideológica contra las ocupaciones. Como el sonado caso de una mujer que huyendo con su hija de su maltratador, ocupó una vivienda al no tener otra alternativa ya que se acababa su plazo de estancia en un centro de protección, y a la que, Susanna Griso y el resto de sus buitres compañeros tacharon de chantajista y vaga por no “querer” trabajar, dedicándole “amables” palabras como: “¿Quieres una casa de protección con cuántos metros, y con piscina y huerto también?”

Demostrando así cuál es el verdadero carácter de aquellos medios burgueses que incluso quieren definirse como progresistas o que se implican como defensores de los derechos de las personas (numerosas son las campañas filantrópicas que dedica el grupo Atresmedia y demás medios burgueses), oponiéndose a las violencias machistas de un lado y de otro actuando en a favor de cualquier propietario burgués, dejando como una delincuente a mujeres que son abandonadas a su suerte a su suerte. El aumento del fascismo tiene aquí mucho que ver, ya que ante estas críticas completamente reaccionarias se pretende una guerra abierta contra todo medio de resistencia por parte de aquellas que viven en la miseria de este sistema, defendiendo la propiedad privada ante todo y representando las ideas más conservadoras para que la población las absorba y se derechice mucho más.

La realidad es que nunca ha existido posibilidad de que el Estado español, por mucho que “quiera” intentarlo el sector más progresista del gobierno, acabe con las violencias generadas por el patriarcado ya que las medidas y leyes que se pretenden poner son completamente insuficientes y actúan como meras reformas, que no tocan la raíz social del origen de dicha desigualdad, las relaciones de producción que originan las clases sociales, la división social del trabajo, la dependencia ecónomica y toda una esctructura cultural reaccionaria que no deja de alimentar dicho estatus social. Además dichas reformas progresistas ni siquiera tienen porqué ser permanentes o bien, ser asumidas por todas las comunidades del Estado. La lucha feminista, con representación como vemos en las instituciones, pretende estas reformas como si de esta manera fueran a acabar con la violencia de género de forma permanente; sin embargo, para ello habría que acabar definitivamente con las bases económicas y políticas que mantienen y alimentan la estructura patriarlcal, cosa que no ocurrirá hasta que no consigamos tomar el poder como clase obrera y realizar el socialismo mediante el cual iremos haciendo avances sobre las diferentes opresiones específicas que sufrimos bajo el capital. 

Siempre establecemos una clara clasificación de lo que es y lo que no violencia machista, sin embargo las mujeres burguesas nunca se preguntan, “¿cuál es el papel del capitalismo aquí?” Las mujeres obreras, que sufrimos esta doble opresión, cargamos con las tareas del hogar, los cuidados, sufrimos violencias de forma diarias (ya sea con los abusos de la patronal, y los que podamos sufrir con nuestras parejas o en nuestras familias), además de que, muchas de nosotras, podríamos vernos obligadas a ejercer la prostitución ante la imposibilidad de mantenernos dada nuestra precariedad, en este ejemplo concreto, existe una cifra altísima de mujeres trans e inmigrantes que se ven forzadas a prostituirse dado que la legalidad no las reconoce o bien las obvia, manteniendo así, algo tan burgués como el supuesto “derecho al sexo”, con el que como comunistas debemos arrancar del ideario de cualquier persona que se considere progresista. Tampoco debemos dejar atrás a todas las compañeras temporeras, limpiadoras o cuidadoras (sectores de amplia contratación de mujeres), que viven en el día a día los abusos de una patronal cada vez más agresiva y que ataca cada día con mayor fuerza reduciendo nuestros derechos en el trabajo. Nos es imposible llevar una vida normal, atendiendo a nuestras necesidades básicas y las de nuestra familia, si trabajamos jornadas de hasta 15 horas. Estos abusos también son malos tratos, también nos mantienen hundidas en la miseria y también implican una violación de nuestros derechos más básicos. Esto es el capital, empleando todas sus herramientas a mano para oprimirnos doblemente a la mujer obrera, evidenciando la indisoluble relación entre el capitalismo y la discriminaciónde la mujer, para atarnos como clase obrera, no sólo a nuestras circunstancias cada día más explotadas y oprimidas, sino también a enfrentarnos entre nuestra clase en una guerra de “sexos”, atendiendo al binarismo del patriarcado, entre hombres y mujeres en abstracto. 

Más que nunca nuestra respuesta a las violencias que sufrimos debe ser la organización política como clase, no debemos dar ni un paso atrás ya que la burguesía aprovechará nuestra desorganización para atacar como ya hemos visto estos meses atrás y cometer toda clase de infracciones que empeorarán nuestras condiciones de vida con tal de generar más beneficio. Este 25-N seguimos reivindicando que no existe liberación de la mujer de sus opresiones, sin la liberación de la clase obrera en su conjunto. Debemos luchar por un mundo más justo, donde se pueda desarrollar la igualdad, empezando por la destrucción de aquello que genera el resto de opresiones: la propiedad privada y el abuso de una clase social sobre otra.