El sistema educativo bajo el capitalismo y la pandemia

Decálogo de exigencias básicas publicado en agosto

La crisis del coronavirus está poniendo sobre la mesa el papel que cumple la educación pública en este sistema, en última instancia solo tiene la función de servir al fin supremo de su modelo de sociedad: la acumulación de capital. Por eso sabemos que hoy cumple la función de formar y, colateralmente, de facilitar la conciliación de las familias trabajadoras.

Conscientes de las consecuencias de la pandemia para  toda la comunidad educativa, desde sindicatos como FECCOO o STEs hasta las AMPAs, manifestó la necesidad de una fuerte inversión para evitar el aumento de los contagios, el descenso de la calidad educativa o el aumento de las desigualdades. Pese a la propaganda del gobierno central y autonómicos la inversión hecha en educación ha sido irrisoria. Los contagios crecen y la calidad educativa desciende a pasos agigantados en cualquier rincón del Estado. Por mucho que intente ocultar, no se salva ningún gobierno autonómico.

Las familias trabajadoras no solo viven la presión de la crisis sobre sus trabajos, sino que deben preocuparse por las nuevas organizaciones escolares, por la posibilidad de confinamientos de sus hijos, por la organización del tiempo de sus hijos durante las clases semipresenciales; los equipos directivos y docentes están teniendo que multiplicar el trabajo, exponiéndose diariamente a los contagios.

Pese a los intentos de dividir y lanzar a unos sectores de la enseñanza contra otros, la parte más consciente de la clase trabajadora ha visto claro que no debemos repartir culpas entre docentes o familias, ya que el problema nos afecta a todos y todas, siendo una cuestión de clase la que se encuentra en el trasfondo de la Educación Pública y que la solución pasa por una fuerte inversión y recortando a la empresa privada, los representantes de la clase burguesa que han mantenido, e incluso aumentado, sus beneficios en esta crisis sanitaria. Mientras, a nosotros como trabajadores, se nos carga todas las responsabilidades de mantener la producción y el sistema capitalista que ni siquiera es capaz de cubrir nuestras necesidades más básicas. La unidad de la clase obrera y su lucha frente a los recortes, es la única manera de defender la escuela pública, la salud de los nuestros y construir una sociedad más justa donde la Educación sea pública, digna, de calidad e igualitaria.

No hay manera de conseguir una educación que de verdad responda a estos intereses comunes dentro del sistema, el capitalismo no permitirá nunca que la producción esté al servicio de las necesidades humanas, sin embargo, tenemos la necesidad de evitar que recorten en la educación pública porque es imperativo para nuestra formación como obreros y obreras.

En agosto publicamos un decálogo con exigencias básicas que consideramos claves para toda la comunidad educativa. Estas exigencias cobran hoy, viendo las consecuencias de la pandemia en la educación, más sentido que entonces.