Continúa la explotación en el campo

En el campo del Estado español ya no existen apenas los pequeños agricultores que trabajaban su propia tierra, existe un sometimiento directo a los monopolios de las grandes empresa hortofrutícolas que concentran en sus manos la mayor parte de invernaderos y de hectáreas de tierra. Estas grandes empresas se ubican sobre todo en Andalucía y la Región de Murcia. Territorios apenas industrializados y que viven principalmente del sector primario y terciario, concretamente del turismo. Ambas comunidades autónomas constan con una calidad de vida inferior a la media española y un fracaso escolar de los más altos. También son territorios donde existe un índice de inmigración obrera pobre más alta, un ejemplo muy claro de ello es la existencia de chabolas en provincias como Almería o Huelva.

Los inmigrantes considerados ilegales, sin estar cubiertos por ningún tipo de garantía y sin contrato, son víctimas de una súper explotación laboral que fomenta precisamente la burguesía del campo, que por un lado nos venden el discurso racista contra la inmigración obrera, que supuestamente quitan trabajo a los trabajadores españoles (algo muy aprovechado por los hipócritas fascistas, cuando realmente son los capitalistas los que nos quitan el trabajo con la posesión privada de los medios de producción ya altamente socializados), y de otro lado, son ellos los que se ven beneficiados del aumento de este tipo de trabajo que fuerzan a la población extranjera a realizar, negándoles cualquier derecho y aprovechándose de su necesidad. No son pocos los casos de denuncia que se realizan sobre estas cuestiones, un ejemplo clave es el trabajo sindical llevado a cabo por el SAT en toda Andalucía, o como el caso de CCOO de ASAJA; pero son, sin embargo, muchos más los que no se denuncian, ya que estos trabajadores viven en situaciones límites y amenazados por sus jefes y por el propio estado burgués que los trata como delincuentes; muchas veces, llegan a provocar muertes debido al tormentoso trabajo que hacen, no se nos olvida el último caso de terrorismo patronal ocurrido en Lorca, caso que ha sido archivado recientemente.

Para el capital no son las personas, la justicia o la ética, lo que importa, sino los máximos beneficios. La clase burguesa promueve estas situaciones que les favorecen para mantener dividida a la clase obrera, su sepulturera, poniendo trabas burocráticas insufribles para alargar la situación irregular al máximo, o bien el ejemplo claro de las reformas laborales que favorecen las contrataciones temporales, las externalizaciones, o los despidos causando las menores gastos posibles al empresario. Así como también se sirven de las barreras ideológicas del Estado y del chovinismo para generar rechazo e insolidaridad entre la clase obrera. Esta es la realidad cotidiana de la clase obrera inmigrante. Nosotros debemos defender siempre la unidad de nuestra clase, ya que para la burguesía ni si quiera es una cuestión de raza, sino de encontrar mejores maneras de explotar para generar mayor ganancias para su bolsillo.

Solo hay una solución para los problemas de los jornaleros y jornaleras del campo, sindicarse para mejorar sus condiciones laborales y elevar su conciencia de clase, gracias a la acción del partido del proletariado guiado por el marxismo. Sin él, la clase obrera se encuentra a la deriva e indefensa ante los ataques de la burguesía, ahora mucho más débil en la actual pandemia global.

¡Nativa o extranjera la misma clase obrera! ¡Trabajador/a, organízate sindicalmente en tu centro de trabajo! ¡Milita en La Maza!