Caso Bankia: sin sorpresas

La absolución de los imputados en “el caso Bankia” vuelve a mostrar que todas las instituciones del Estado sirven a los intereses de un puñado de capitalistas. Los imputados en el caso Bankia, sirviéndose del prestigio de haber formado parte del gobierno, así como de numerosas leyes que lo permitían, engañaron y robaron a centenares de familias trabajadoras.
El mensaje que acaban de mandar es claro: el enriquecimiento y el robo de las élites a costa de la mayoría trabajadora es legítimo incluso saltándose sus propias leyes. Lo que dejan cada vez más claro es que frente a ellos, las clases trabajadoras no podemos esperar ninguna protección por parte de sus instituciones.
Para cualquiera que entienda este carácter de clase del Estado, su íntima vinculación con las élites financieras, no puede ser ninguna sorpresa esta absolución. El Estado es lo que es y tarde o temprano se ve obligado a mostrar su verdadero rostro. El problema es que tiene que aparentar que sirve al conjunto de los ciudadanos, que no es esa herramienta que sirve a los explotadores. De lo contrario, la mayoría tendría claro que es necesario destruir ese Estado y lograr una sociedad dirigida no por los explotadores, sino por la mayoría trabajadora.
Es por esto que es preciso desenmascararlo, mostrar que solo sirve a la clase que se enriquece con el empobrecimiento de la mayoría trabajadora y que la corrupción no es un hecho casual que se puede solucionar haciendo más eficientes los mecanismos de control del Estado. La corrupción forma parte de su esencia.
Ante esto, necesitamos construir una fuerza que estudie, conozca y muestre la raíz del problema, y que sea capaz de dirigir y canalizar todo el malestar para transformar la realidad. El partido de nuestra clase.