Resolución feminismo (CR)

Cartel de la movilización 8-M de 2020

Podríamos definir el feminismo como la lucha de la liberación de la mujer ante el sistema opresivo del patriarcado. Aunque puede ser definido de varias formas ya que encontramos numerosas ramificaciones y tipos de feminismos, es decir, es un movimiento heterogéneo. No es un movimiento revolucionario, es una lucha parcial útil, en países como el Estado español, desde 2016 lleva siendo el movimiento más aglutinador y movilizador del Estado, teniendo el 8-M como día de acción referente (Día Internacional de la Mujer Trabajadora, aunque este adjetivo se suele omitir convenientemente). Ante esto debemos calificar entonces qué es para nosotros el feminismo y, de igual forma, nuestro análisis sobre el patriarcado.

El feminismo es un frente de masas en el que intervenir. Un frente que unifica muchos tipos de corrientes y ramificaciones, inclusive aquellas que son interclasistas. Es más, dentro de la lógica feminista hegemónica, la más extendida y la que ha llegado a ser integrada por las instituciones, no hay una concepción de lucha contra el capital, siendo así un feminismo de carácter burgués, quedándose en la superficialidad de ciertas demandas de la lucha contra el patriarcado.

Por ello, el feminismo actualmente tiene muchísimas limitaciones para la clase obrera, aglutina demasiados intereses superfluos y no concreta en la lucha de clases. Las mujeres obreras jamás tendrán los mismos intereses que las mujeres burguesas, aunque en momentos muy específicos parecen ser oprimidas bajo la misma óptica patriarcal, no es la realidad. Para nosotras el feminismo es una lucha necesaria para la superación del sistema de clases capitalista, también es una herramienta más de lucha, un frente en el que tenemos que estar presentes, independientemente de que a día de hoy se considere un movimiento que beneficie la ideología burguesa, es la labor de las y los revolucionarios estar en estos frentes para llevar la conciencia de clase y hacer avanzar las consignas democráticas hasta su último punto.

Así pues, el hilo conductor de todas las luchas debe ser la lucha de clases, pues es la única que va a la raíz del problema. En este sentido, la lucha por la liberación de la mujer obrera implica la liberación de su clase, por ello debe estar estrechamente unida en la lucha. Es la única forma de construir haciendo una igualdad de facto y no de palabra, rompiendo con la propia práctica la reproducción patriarcal y a la vez dirigiendo los esfuerzos del combate a mejorar la vida de las obreras, hacerlas entender en qué consiste el sistema de género y el papel que se les da en él y, sobretodo, hacer ver que esta manera en la que la sociedad se organiza entorno al género y la familia, que constituyen uno de los principios de la dominación capitalista y que la única forma de superar finalmente al sistema patriarcal es destruyendo el sistema económico.

Analizamos así la realidad del patriarcado desde una perspectiva marxista, siendo este una estructura que emplea el capitalismo y en la que basa un sistema de división sexual de tareas, al igual que un sistema sexo-género, que le es útil para su necesidad de reproducción de la fuerza de trabajo y de producción.

Sabemos que la destrucción total del patriarcado no será posible sin la destrucción del capitalismo. Bajo este sistema la igualdad sólo será una ilusión realizable para las clases que se encuentran en lo alto de la cúspide, cualquier intento de apodar a esa situación “igualdad real” es una farsa.

Actualmente existe un debate abierto entre el movimiento feminista sobre las realidades trans. Una parte en el feminismo hegemónico, a veces basado en la corriente radical y otras veces en el supuesto feminismo de clase, señala que las realidades del colectivo de mujeres trans (a veces designado como la corriente queer) en una abstracción del sujeto político basada en un idealismo. La realidad de estas disidencias con respecto a cómo se entiende el género bajo el patriarcado parte de las propias contradicciones sistemáticas. No podemos fijar la opresión de la mujer en una cuestión esencialista, basada en sus genitales, puesto que ignoraríamos la cuestión más básica del materialismo histórico. Dentro de la lucha feminista reivindicamos la lucha contra las opresiones específicas que sufren el colectivo LGTBI completamente ligadas al patriarcado. Concretamente recogemos como lucha las reivindicaciones que avancen sobre la cuestión trans. Las mujeres trans, en su mayoría obrera, se ven expulsadas del mercado laboral y forzadas a ganarse la vida en muchas ocasiones vendiendo su cuerpo. La precariedad de estas mujeres debe ser recogida como la de las compañeras migrantes, como una opresión más ligada de forma directa a la clase a la que pertenecen. Rechazamos cualquier teoría que hable de un “borrado” de mujeres o de calificar de esta lucha como posmoderna. Como militantes comunistas debemos buscar el avance de todas las luchas hacia la destrucción del sistema capitalista y la sociedad de clases, incluyendo en esta a todas las compañeras y compañeros, independientemente de su raza, género u orientación sexual; la clase obrera es diversa, internacional y su mayor objetivo es liberarse de la explotación capitalista. 

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