Resolución ecologismo (CR)

Cartel de las movilizaciones por el clima en 2019

Desde Cantera Roja entendemos el ecologismo como otras de las luchas parciales en las que debemos estar presentes siempre buscando elevar la conciencia hacia la lucha superior: la lucha comunista. La lucha contra el cambio climático se ha hecho muy popular estos dos últimos años. Es decir, será posiblemente una de las luchas más movilizadoras junto a la feminista en los años venideros. Dada la rapidez a la que avanza el cambio climático en la actualidad. Sin embargo, la lucha ecologista actualmente no se entiende bajo un discurso de clase, sino que se observa bajo la máxima: el cambio climático nos afecta a todos por igual. ¿Qué hay de real en esta sentencia?

Lo cierto es que bien poco. Primero analicemos de dónde viene este cambio climático, luego pasaremos a sus consecuencias. El cambio climático es producido por el sistema actual de producción: el capitalismo. Podemos decir que la sobreproducción, una de las características del sistema capitalista dado el carácter anárquico de la producción y su necesidad de producir constante para seguir generando beneficios, lleva a que las industrias estén en continuo funcionamiento, muchas de ellas trabajan y funcionan con combustibles fósiles altamente contaminantes que generan en muchos casos gases tóxicos o materiales plásticos no biodegradables. Aquí ya encontramos bastantes consecuencias directas del tipo de producción que se lleva a cabo en nuestro globo. Podríamos plantear entonces que los recursos con los que funcionan la industria y los transportes no fueran base de combustibles fósiles o no usaran o generasen plásticos. Bajo el capitalismo estos cambios, de forma mayoritaria no serán nunca una realidad, hasta que el gran capital haya dejado de generar beneficios empleando estos recursos o generando estos materiales. Esto está completamente relacionado con los intereses imperialistas de los Estados burgueses que pretenden amortizar sus inversiones  petrolíferas y gas natural: negocios bajo los cuales han empezado guerras y han expoliado territorios. Es cierto, que conforme pasa el tiempo vemos como hay más y más empresas que se decantan por energías renovables; sin embargo, esto ocurre a un nivel muchísimo menor en comparación con el resto de industria que usan recursos fósiles y también ocurre muy lentamente, y en este caso vamos fuera de tiempo. El real objetivo de estas empresas, y de las otras una vez hayan terminado sus negocios con los combustibles fósiles, es abrazar el discurso del ecocapitalismo o capitalismo verde. El tipo de sistema ideal para la burguesía en el que se nos reitera que se emplean materiales biodegradables, de consumo ético o de cuidado con el medioambiente, echando la culpa de la contaminación a los actos incívicos de la gente que apenas pueden representar un porcentaje mínimo en la contaminación global ¿Y no es incívico eludir responsabilidades cuando tenemos a grandes empresas agricultoras o farmacéuticas expulsando residuos tóxicos al Mar Menor? Usando campañas de marketing limpian su imagen con anuncios sobre políticas de acciones individuales (limpiar las playas, reciclar, ir en bici, usar transporte público, ahorrar agua, etc), pero nos hablan de un sistema imposible de conseguir bajo el capitalismo, algo que los comunistas podemos desmontar fácilmente. El problema no está en el modelo de consumo, como muchos movimientos ecologistas convenientemente plantean. Por mucho que intentemos comer menos carne (o retirarla completamente de la dieta), ahorrar agua, e incluso ir en bici al trabajo; todas estas acciones no son asumibles para mucha gente por cuestiones materiales. ¿Por qué los chalecos amarillos salieron a la calle contra el impuesto verde que subía el gasoil? ¿Acaso no es un buen método según el modelo político actual? La gente cogería menos el coche o la moto e iría en bici o transporte público. Esto es falso. Esta medida atenta completamente contra la clase obrera que necesita el coche para hacer su vida diaria ante el pésimo sistema de transporte público (ya sea por falta de líneas o por el coste) y la imposibilidad de usar bicicleta para largas distancias (después de la jornada laboral). Sin tener en cuenta la gentrificación que ha expulsado a las clases trabajadoras de los centros de las ciudades, obligándolas a viajar para ejercer su trabajo diariamente. Este problema no se soluciona poniendo en el mercado coches eléctricos o fomentando la bicicleta, porque muchas personas (de hecho la mayoría trabajadora) no podrían permitirse siquiera esos cambios. No es un “depende de ti”. Nuestro deber político es señalar el tipo de producción que lleva a cabo el capitalismo, bajo la cual destruye sus dos fuentes de riqueza: la naturaleza; expoliando sus minerales, devastando la flora de grandes bosques para especular terrenos para campos de agricultura o edificaciones; y el ser humano, el cual es esclavo de este sistema. El capitalismo verde es nuestro mayor enemigo en esta lucha, no existe el consumo justo bajo este sistema. Y el capitalismo conoce sus contracciones, por eso necesita que prestemos atención a otras cuestiones derivando la lucha a las acciones individuales. 

Es la clase obrera la que termina aguantando las medidas insuficientes que actúan como tiritas para solventar un problema que es de raíz. Ya existen Estados bajo el dominio imperialista en los que se prevé que el agua terminará por agotarse en unos pocos años (como el caso de Ciudad del Cabo), dando como consecuencias migraciones masivas. De igual forma, el aumento devastador de las temperaturas no solo afecta a la fauna y la flora, sino que es una carga más a la vida diaria de los trabajadores en todos los sectores pero, sobre todo, en el laboral. El sector de la construcción y de la agricultura ha generado numerosos muertos por golpes de calor tras horas de trabajo extenuante bajo el sol. La patronal no tiene más piedad porque hayan aumentado las temperaturas severamente y las horas de trabajo son las mismas, su terrorismo asesina. También afecta a las aulas masificadas y con infraestructuras precarias de nuestra educación pública, como los casos de colegios parados de Andalucía en mayo debido a la imposibilidad de continuar las clases. No se nos escapan las subidas del mar o las posibilidades de que tengamos que enfrentarnos a más enfermedades como la actual COVID-19 debido a los cambios climáticos drásticos. Por supuesto que las consecuencias del cambio climático no nos afectan a todos por igual, del mismo modo tampoco todos influimos en él de la misma forma. La huella de carbono que pueda generar un obrero de Vallecas no es comparable a la que genera el multimillonario Jeff Bezos, dueño de jets privados con los que viaja alrededor del mundo. La lucha ecologista debe ser lucha de clases o sus conquistas no significarán ningún cambio real para el planeta, ni para la mayoría de gente que habita en él.

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