Conflicto imperialista entre EEUU e Irán.

(Artículo resubido, publicación original de 17 enero 2020.)

Recientemente (2 de enero) conocimos el atentado estadounidense contra otro país con aspiraciones imperialistas: Irán. Irán, autodenominado República Islámica Iraní (RII), es una teocracia Chiita, anticomunista, patriarcal y antiisraelí.

Este régimen surge de la revolución islámica de 1979 que depuso al Sha, prooccidental y aliado de EEUU y Gran Bretaña. Esta toma de poder por parte de los chiitas se produce tras una lucha de largo recorrido contra el colonialismo que venían operando las potencias extranjeras en el territorio. Irán fue clave tanto en la primera y segunda guerra mundial para abastecer a las tropas contendientes de petróleo. Por ello el país se encontró bajo la ocupación imperialista durante todo el siglo XX. Tras el fin de la segunda guerra mundial, el pueblo de Irán se encontraba en situaciones de extrema pobreza y el descontento social sería canalizado por el movimiento comunista.  El partido del Tudeh, de tendencia M-L, fundado en 1941 alcanzó su máximo apogeo al fin de a guerra, en el 45 alcanzó su máximo desarrollo, con miles de afiliados se convirtió en el principal partido de masas de Irán. También estableció la Organización Militar del Partido Tudeh de Irán (TPMO) de carácter secreto, en la que participaban oficiales del ejército. La TPMO proveyó al partido inteligencia e información del ejército para protegerlo de las fuerzas de seguridad y brindarle fortaleza militar. En este periodo la agitación también es máxima, el periódico del partido, Rahbar, tiene 100.000 tiradas ese año, 3 veces más que el periódico oficialista. En estos momentos una revolución socialista se estaba gestando y parecía inevitable. Pero ante la amenaza de un Irán socialista, EEUU en 1947, con Harry Truman en la presidencia, acuerda ayuda militar y asistencia para el entrenamiento de las fuerzas armadas iraníes del Sha para reprimir al Tudeh. Desde entonces la represión se vuelve mucho más cruda y se iría acentuando. En 1949 se produce la ilegalización del Tudeh y el resto de partidos de la izquierda. En 1951, el primer ministro Mohammad Mosaddegh, decreta la nacionalización de las petroleras extranjeras, una de las medidas exigidas por el movimiento obrero. Como respuesta se organiza un golpe de estado orquestado por EEUU y GB que destituye al primer ministro y evita las nacionalizaciones, aunque al mismo tiempo deja debilitado al régimen del Sha. Para 1957 la CIA crea la Savak, organismo de inteligencia del estado iraní destinado a reprimir al movimiento comunista y opositor. La Savak procura la represión más salvaje y violenta contra el movimiento obrero que a través del asesinato, la tortura y la persecución desarticula al Tudeh, dejando la vía abierta al ultra nacionalismo islámico encabezado por el ayatolá chiita Ruhollah Khomeini, que desde entonces canalizaría el descontento social, apelando a la perdida de los valores musulmanes y la occidentalización de Irán y con el partido comunista desarticulado, lograría en 1979 llegar al poder apoyado por el movimiento social y parte del ejército. Irán se conforma entonces como un país antioccidental y profundamente religioso, convirtiéndose en una potencia en la región que expulsaría a EEUU y GB, nacionalizaría las petroleras y reconfiguraría el mapa político de Oriente.

Hay que destacar que no debemos posicionarnos del lado del Estado iraní, como tampoco el estadounidense. Victimizar a aquel Estado contribuye a enmascarar su mismo carácter imperialista y el dominio que ejerce sobre su pueblo. Este ha sido un error habitual en los diferentes análisis de las organizaciones de izquierda e incluso de las marxistas debido a varios motivos, entre los principales hay que destacar el legítimo odio al imperialismo de EEUU que hace que se tienda a simpatizar con sus enemigos y el poco dominio real que existe del materialismo dialéctico, tendiendo a análisis unilaterales. Debemos mantener una posición que defienda los intereses de la clase trabajadora mundial, aún con los diferentes marcos en los que se encuentren, ambos gobiernos son enemigos de la clase trabajadora. Teniendo esto presente, continuamos el análisis.

Irán es uno de los mayores productores y exportadores de petróleo del mundo y ha sido clave en la lucha contra ISIS.

Además tiene desplegado un “cinturón de seguridad” extendido desde Afganistán a Iraq, pasándolo por Siria, Gaza y el Líbano.

Tras la guerra con Iraq de los años 80 (guerra, por otro lado, inducida por EEUU en la línea de su plan de contingencia y dominio de oriente próximo) Irán crea la llamada Fuerza Quds, destinada a la política exterior de la RII que desde el fin de la guerra contra Iraq lucha indirectamente contra Israel y EEUU, apoyando a grupos de diversos países, como en Líbano a Hezbollah, Hamas en Palestina, los hutíes de Yemen, y los milicianos chiíes en Iraq, Siria y Afganistán. Este grupo del ejército de la RII asegura por un lado la expansión de influencia del régimen en el extranjero, por otro la defensa de rutas comerciales, especialmente con Iraq, a través de la cual la república puede esquivar las sanciones impuestas por EEUU. La Fuerza Quds estaba dirigida por el general Soleimani hasta el 3 de enero de 2020, tras su asesinato por parte de EEUU en el aeropuerto de Iraq.

Según Nazanín Armanian, periodista especializada en la región, este asesinato podría ser un pacto con Israel, estando a la vuelta de la esquina las elecciones estadounidenses y a riesgo de que Trump no sea reelegido, los sionistas israelíes podrían estar presionando para iniciar la guerra contra Irán antes de que los demócratas puedan hacerse con el ejecutivo yankee y vuelvan a una política moderada con Irán. (https://blogs.publico.es/puntoyseguido/6210/el-lugar-de-iraq-en-el-gran-juego-entre-eeuu-e-iran/)

Trump, pese a su beligerancia, no pretende una guerra abierta contra Irán. Para la oligarquía capitalista es más rentable una guerra de desgaste que favorece:

1) El sostenimiento del mercado armamentístico en el tiempo y la obtención de beneficios de forma constante. Una guerra directa podría suponer un incremento exponencial de beneficios para estas empresas en el corto plazo, pero el resultado imprevisible podría comprometer sus intereses, vinculados a las petroleras, en el largo plazo.

2) El debilitamiento progresivo de Irán. Se sucede el incremento de la conflictividad social, la división del régimen entre la parte dispuesta al enfrentamiento directo con EEUU e Israel y la parte menos belicista.

3) El sostenimiento y aumento de presencia de Israel en la región. Aliado fundamental en el campo militar para la dominación de Oriente Próximo y Asia Central y también aliado imprescindible para la burguesía yankee, tanto por las relaciones comerciales que mantienen como por la financiación que recibe por parte del sionismo, por ejemplo: Sheldon Adelson, empresario sionista dedicado a las apuestas y miembro del partido republicano, donó 25 millones de dólares a la campaña de Trump. Esta persona declaró en 2013 que habría que enfrentarse a Irán y si fuera con la bomba nuclear, mejor.

(https://www.timesofisrael.com/sheldon-adelson-calls-on-us-to-nuke-iranian-desert/) + (https://www.youtube.com/watch?v=6sCW4IasWXc).

Es por estos motivos que los intereses del gran capital yankee sean contrarios a una guerra abierta, pero no tanto a ataques terroristas con un sentido estratégico. El asesinato de Soleimani habría servido para contentar a Israel y frenar el expansionismo de la RII.

El 8 de enero Irán ataca varios objetivos estadounidense. La respuesta de EEUU es aplicar más sanciones económicas a Irán, pero no la respuesta armada. Esto podría indicar que la tesis de  Nazanín es acertada.

Teniendo en cuenta que las posiciones estadounidenses fueron evacuadas antes de los bombardeos y no hubo bajas entre las filas de su ejército, se podría suponer a la vez una cierta complicidad con el líder supremo Alí Jamenei o algún cargo del régimen, que buscara mostrar al pueblo una respuesta a la agresión estadounidense pero no iniciar una guerra contra EEUU. El interés por parte de los dirigentes iraníes no es una guerra, sino mantener su posición y favorecer la creación de gobiernos favorables (especialmente en Iraq) que puedan reforzar su posición frente a Arabia Saudí, EEUU e Israel.

En definitiva, los intereses entre estas potencias nos llevan a una guerra interimperialista de largo recorrido que, como ha venido sucediendo, se manifestará unas veces con toda violencia y otras con ataques esporádicos o formas pasivas y prolongadas en el tiempo. La región es fundamental por varios motivos, es la entrada a Europa desde Asia. Es la zona con las mayores reservas de petróleo y gas del planeta y una zona de disputa de la hegemonía mundial, actualmente EEUU controla este territorio en su mayoría, pero China ya está ejerciendo una fuerte presión en la zona a través de Pakistán y Rusia también tiene una notoria presencia y no se mantendría ajena a un conflicto armado, como ya se ha visto en Siria. Lo que estamos viviendo es el desarrollo normal del capitalismo en su forma imperialista, frente a las disputas entre imperios, nos toca la tarea fundamental de reorganizar a la clase obrera y direccionarla hacia una revolución en el marco de sus estados pero también con carácter internacional, nosotros no estamos con los yankees ni con los fundamentalistas, sino con el pueblo trabajador.

¡Viva la lucha de la clase trabajadora frente a los ataques del imperialismo! ¡Viva la solidaridad internacional de nuestra clase!