¿Qué está pasando en EEUU?

Hace una semana nos llega la noticia de que un ciudadano afroamericano, George Floyd, ha sido asesinado por un agente de policía tras mantener su rodilla presionando su cuello durante 9 minutos seguidos. Las últimas palabras de George fueron “no puedo respirar”. Así se suma como otro caso más de asesinato de las fuerzas del Estado. En muchas otras ocasiones las víctimas han sido tiroteadas sin ningún indicio de resistencia, incluso delante de sus familiares, como en el caso de Philando Castile en 2016. Y es que el estado de Minnesota cuenta con 148 casos (registrados), desde el año 2000, de asesinatos a manos del cuerpo policial durante detenciones o forcejeos, con un seguimiento judicial nulo o escaso. Ante la conmoción del asesinato de George, y el intento de exención a los agentes que lo asesinaron, numerosos manifestantes a lo largo de diferentes estados, y con una mayor presencia en Minnesota, han salido a las calles bajo las consignas de “black lives matter” y “justicia para George”. Contamos ya 10 días seguidos de protestas y manifestaciones multitudinarias que nos dejan imágenes muy impactantes de disturbios y quemas de edificios. Sin duda, el movimiento es heredero del Black Lives Matter del 2013, desencadenado entonces tras la absolución de George Zimmerman por la muerte del adolescente afroamericano, Trayvon Martin, a causa de un disparo. Es cierto que hoy la rabia contra el racismo institucional y su vinculación con la clase es mucho más explosiva, pero no podemos olvidar que el potente movimiento de entonces se apaciguó y la tasa de asesinatos policiales a afroamericanos desde entonces no sólo no ha disminuido, sino que no ha dejado de aumentar, al igual que la pobreza también ha aumentado en los sectores racializados.

La realidad de los manifestantes enfurecidos lleva a preguntarnos cómo es posible que en EEUU, autodenominado “el país de la libertad y las oportunidades” puedan llevarse a cabo, a plena luz del día, situaciones tan violentas y con una carga racista tan grande. Pues bien, es que “país de la libertad”, en realidad, quiere decir país de libre mercado “y de las oportunidades” se traduce como oportunidades para quien tenga dinero. Gran parte de la población negra e inmigrante de los EEUU vive en los barrios más pobres, sin acceso a servicios públicos y con mayor índice de criminalidad. Aunque a mucha gente le interesa decir que es casualidad o fundamenta con estos datos su racismo achacándolos a una cuestión esencialista; nosotros sabemos que no es así y que el racismo es una herramienta más de opresión hacia la clase obrera, que busca aislar a la población racializada de la blanca, dividiendo la fuerza de la clase trabajadora en su conjunto y así, evitar el enfrentamiento a la violencia de las élites capitalistas y sus mercenarios al servicio del Estado: policía, ejército, etc. Justificando en esa marginalidad, que empuja a la delincuencia para sobrevivir, su discriminación racial hacia los sectores más pobres de la clase obrera. Bajo el capitalismo es imposible que se fomente una situación de completa equidad entre todos los ciudadanos de un Estado-nación, lo que verdaderamente interesa a este sistema es mantener a la mayor cantidad de personas sin prácticamente derechos para poder lucrarse de su explotación y tener en ellas un chivo expiatorio para justificar su represión y sus políticas económicas discriminatorias. Precisamente el imperialismo al que todo país capitalista aspira, no duda en ningún momento invadir, expoliar y comenzar guerras en cualquier territorio del globo (cosa que Estados Unidos como país imperialista hegemónico ha hecho en innumerables momentos de la historia), dirigidos por el interés económico y el adelantamiento en la competencia por la acumulación de capital entre las manos más ricas del planeta. Para el funcionamiento del actual sistema económico-social es necesario que existan dos clases antagónicas, las cuales nunca podrán ser equiparadas en cuanto a derechos y deberes, por mucha isonomía que haya. Esto explica por qué en un país que defiende tan fervientemente la “libertad y la justicia” (o como Trump ha declarado estos días “ley y orden”), tiene entre sus propios compatriotas contradicciones tan grandes, ya que esos adjetivos vienen referidos a la clase dominante, a los capitalistas, en esencia es su libertad, su justicia, su ley y orden.

Esta situación que viven los compañeros racializados en América, actualmente es igual en casi cualquier país, debido a que la cuestión principal que subyace en la desigualdad racial es la desigualdad de clase. De ello puede servirnos las declaraciones del anterior presidente norteamericano, Barack Obama, sobre el asesinato de George. Lanzó un mensaje el pasado 29 de mayo, diciendo sentirse consternado por el acontecimiento y citando las palabras de un “colega empresario afroamericano” que señalaba la persecución que se hace a la población negra en el país, concluyendo con que para superar estos hechos debe confiarse en la justicia, para construir una nación bajo unos valores de igualdad reales. Es decir, nos vende un discurso conciliador derivando la cuestión de clase hacia un campo infértil, afirmando que cualquier persona, incluso el “colega empresario” amigo de expresidentes, sufre la opresión del racismo institucional; cuando cualquiera podría darse cuenta que las personas que están siendo asesinadas por la policía pertenecen a la clase trabajadora, no conducen coches de marca, ni visten de traje y sus familias no tienen dinero para defender sus casos ante tribunales. Sumándose a todo esto, el silencio que se pretende imponer a las consecuencias de la crisis sanitaria para la clase obrera norteamericana, que debido a la pérdida de ingresos, casi la mitad de la población teme no poder pagar su sustento alimenticio, hechos que en Italia dieron lugar a los saqueos, justo como vemos estos días en los disturbios.
Bajo las órdenes de Donald Trump con el acuerdo de los patrones no se paró la producción y ni siquiera hubo ningún tipo de confinamiento general (cada estado decidía sobre ello). Los trabajadores norteamericanos, pese a estar completamente indefensos debido a la baja intervención política y la debilidad sindical, han convocado huelgas dada la situación tan insegura que estaban viviendo en los centros de trabajo (casos como los de supermercados de Whole Foods, de los que Amazon tiene la propiedad), igual que hemos visto casos de motines y huelgas de hambre que han llevado a cabo presos de las cárceles debido a las nefastas condiciones en las que se encuentran, en las que el porcentaje de encarcelamiento de la población negra representa casi la mitad.
La propia historia de norteamérica nos dice cosas muy relevantes sobre la cuestión racial, puesto que la población negra era considerada inferior a la blanca en materia legislativa hasta los años 60, con la conquista del sufragio igualitario; las personas más comprometidas con el impulso de la lucha racial fueron los comunistas, como es el caso de las Panteras Negras y de sus líderes como Bobby Seale que dejan una importante reseña en la historia de la lucha obrera interracial, luchando así mismo contra las ideas de un “capitalismo negro”. En Europa encontramos que el sufragio pleno llegó a Inglaterra en el 1928, en España 1933 durante la II República, y Alemania en 1919, gracias al desarrollo de un movimiento obrero luchando por los derechos de los trabajadores y trabajadoras en su conjunto, sin distinción de género o raza. En estos dos últimos casos, el derecho a voto fue revocado por los gobiernos fascistas, que reprimieron las revoluciones obreras y explotaron sin piedad a los trabajadores beneficiando a los capitalistas, y por supuesto, impulsando el racismo y el nacionalismo. Los nazis trataron a la población colonizada de África como animales y denominando a los hijos de las mujeres africanas violadas por sus militares como “bastardos de Renania”, estos (junto a los gitanos y judíos) siendo el máximo ejemplo de raza inferior, forzados a trabajos esclavistas, encerrados en campos de concentración o en zoológicos humanos.

El capitalismo se sirve de la financiación fascista para oponerse a una revolución proletaria que busque la igualdad real. Fomenta obstáculos y diferencias para atomizar a las masas ante la cuestión identitaria de nación o raza, el discurso antirracista debe ir siempre ligado a la cuestión de clase, de otra forma nuestro discurso queda cojo y da derecho a los oportunistas a apropiarse de una lucha que no es la suya. Y es que, como hemos señalado, los Estados Unidos es uno de los países más industrializados y el más rico del planeta, lo que no significa que los asalariados tengan buenas condiciones laborales, de hecho, no existen ninguna ley de protección de los trabajadores que los defienda de un despido improcedente, es uno de los países con menos días de vacaciones y tampoco existe ningún estatuto que asegure la baja por maternidad (no hablemos ya de la de paternidad), además, muchos trabajadores se encuentran endeudados ya que muchos derechos fundamentales como la educación y sanidad se desarrollan en el campo privado, el ejemplo evidente es el de las Universidades; los trabajadores tienen incluso que llegar a pluriemplearse para poder hacer frente a todos los gastos. Este es el verdadero “sueño” americano: un país que aún siendo el más rico del globo es uno de los que tienen mayor brecha de pobreza. En estos momentos la crisis económica, el incremento de la pobreza, su vinculación con la etnia y los aprendizajes del BLM de 2013 hacen el ambiente político más avanzado, pero, siendo conscientes de que la causa profunda de los disturbios es el modelo capitalista en el país más avanzado del mundo, es necesario saber que las victorias duraderas solo pueden venir de la mano del comunismo. Por muy difícil que nos cueste imaginarnos el desarrollo de una fuerza capaz de dirigir la lucha obrera desde la perspectiva revolucionaria en un país en el que las oligarquías han dirigido intensas campañas anticomunistas, es el desarrollo de este partido el único capaz de plantar cara al sistema. Sin duda, en este contexto las contradicciones capitalistas hacen que se agudice el calor de la lucha de clases, como no puede ser de otra manera.

La respuesta del presidente de EEUU es de inmediato rechazo y de cargar militarmente contra las revueltas, imponiendo un toque de queda (que irónicamente no ha impuesto por la crisis sanitaria, una pista más de cuál es el interés real de estas herramientas del Estado), militarizando las calles y recriminando a los manifestantes sus métodos “vandalísticos” condenando que roben en supermercados o negocios. Declarando, asimismo, el “antifascismo” como una ideología terrorista. Sin embargo, las protestas organizadas por supremacistas en abril, los que pedían el fin del confinamiento en algunos estados, con armas en la mano, no resultaban un ataque a la “democracia”, sino un acto de libertad de expresión, creando así un argumento perfecto para el crecimiento de los elementos fascistas de la población. Por otro lado, igual que el partido Republicano en EEUU, son los partidos conservadores y de extrema derecha como Vox en España los que aplauden la gestión de las protestas, que llevan ya más de 4000 detenidos.

Nosotros como organización comunista apoyamos abiertamente la lucha antirracista y antifascista, la clase obrera es internacional, las situaciones de abuso policial no son únicas en EEUU, en España y en cualquier lugar de Europa existen estos mecanismos y se fomentan ¿qué son sino los CIE, las chabolas de Almería para los temporeros o los campos de concentración de refugiados en Grecia? Debemos recordar que igual que la lucha racial de EEUU se desarrolla por la población afroamericana, en Europa el pueblo históricamente oprimido es el gitano, quienes sufren el abuso y la persecución policial en los barrios obreros más marginados.

Denunciamos así el abuso policial de los cuerpos de represión hacia la población racializada trabajadora. ¡El capitalismo es un sistema asesino y terrorista! Ante su racismo, nuestra respuesta solidaria y por la organización que guíe las luchas obreras hacia la toma del poder político. ¡Nativa o extranjera, la clase obrera unida!