Los desesperados ataques de los sindicatos reaccionarios

La apolitización que defienden muchos sindicatos está quedando bastante retratada estos meses de agudización de lucha de clases en la crisis del coronavirus. Para cualquier persona mínimamente crítica es evidente que no todos los partidos defienden lo mismo y, lo que es más importante, que no defienden a los mismos.

No es casualidad que la mayoría de estos sindicatos reaccionarios sean corporativos (solo defienden a una parte de un colectivo laboral). La realidad es que trabajar egoístamente solo por una parte del conjunto de los trabajadores nos hace débiles porque no nos reconoce como clase, no reconoce a nuestros enemigos.

Esos sindicatos, cuando de cuestiones generales se trata, siempre se ponen del lado de los sectores más reaccionarios. Y el apoliticismo del que hacen bandera es cinismo puro. No es otra cosa que la entrega de nuestra clase a las decisiones de la clase de nuestros explotadores.

¿Por qué ahora este ataque al sindicalismo de clase y por qué la propagación de bulos? Pues porque en este momento se está poniendo en evidencia que no “todos son iguales”. Está claro que, con todas las limitaciones, el gobierno progresista puede favorecer más a nuestra clase que uno reaccionario y eso molesta a algunos sectores de la oligarquía. En definitiva, su estrategia es obvia: debilitar cualquier avance progresista aunando esfuerzos con sus partidos políticos, las derechas, los partidos reaccionarios. Sí, sus mentiras son dobles, la apolitización y la supuesta neutralidad política. Cualquier obrero consciente sabe que la neutralidad política realmente significa un fuerte carácter retrógrado.

Esto no significa que UGT o CCOO no sean sindicatos criticables. Estos se encuentran copados por ideas de conciliación de clases y sus direcciones comparten los postulados generales del capitalismo. No es de extrañar ante la ausencia de un verdadero partido comunista. Pero la crítica y la denuncia justa que se haga debe ser certera para no destruir en el camino de esta lo duramente construido por nuestra clase: la unidad sectorial, la politización y auto conciencia clasista.

Así, los marxistas valoramos la importancia de mantener las posiciones progresistas del proletariado. Criticamos y denunciamos duramente a los reformistas por un lado y a los conciliadores líderes de los sindicatos mayoritarios por otro. Pero mientras, no permitiremos que los reaccionarios y los fascistas ganen ni un centímetro. Sabiendo que la única alternativa realmente progresista es acabar con la base material que los alimenta, el capitalismo, somos conscientes de la necesidad ahora de desenmascararlos y mostrar el carácter de clase que une a sindicatos “apolíticos” y corporativos, partidos reaccionarios y oligarquías