COMUNICADO DE LA MAZA SOBRE LA SITUACIÓN ACTUAL

Cuarentena y gobierno progresista

Con mucha probabilidad el estado de alarma se prolongará hasta más allá de este mes, sin embargo, estamos viendo una vuelta progresiva a la producción. El cese de la hibernación casi total de la economía ha permitido la vuelta al trabajo de algunos sectores no esenciales. Esto ocurre sin que en muchas empresas se puedan llevar a cabo las medidas de control para prevenir contagios: mantener la distancia de seguridad entre trabajadores o contar con el material sanitario (EPIs) necesario para proporcionar seguridad que, como ya sabemos, escasea incluso en la sanidad pública (recordemos que tenemos el porcentaje más alto de sanitarios infectados).


Esto acarrea la posibilidad de retroceder en cuanto a frenar la propagación de la enfermedad en pos de volver a la producción, en beneficio evidente de la oligarquía, ya que deja en manos de las empresas la decisión de retomar la actividad y ni siquiera provee de mecanismos eficaces a la inspección de trabajo para vigilar el cumplimiento de las medidas. El gobierno “progresista” deja, por tanto, en manos de los explotadores la decisión de cuidar la salud de los trabajadores, conociendo que sus intereses por mantener los beneficios son incompatibles con el gasto que esto requiere. Es verdad que ha habido oposición dentro del gobierno por parte del ala más reformista, que quería aguantar más el parón. Pero ha sido tan débil que solo ha servido para evidenciar las derrotas inevitables del movimiento obrero a las que conducen los conciliadores reformistas. Los sindicatos liderados por ellos también han tenido una posición que podemos calificar, siendo muy generosos, de idealista, por imaginar que la patronal va a cumplir con los protocolos de prevención. Renunciar al socialismo científico solo puede llevar a este tipo de posiciones alejadas de la realidad, como ya comentamos aquí.


Sólo mediante la gestión obrera de la producción y los recursos sería posible la asunción efectiva de medidas para frenar la expansión del virus en los centros de trabajo. Alimentar un optimismo dentro de la actual correlación de fuerzas, con el dominio prácticamente absoluto del IBEX 35 sobre el Estado, es un error que puede pasar factura. Otra cosa es saber que es mejor un gestor progresista que uno conservador y, por supuesto, otra cosa muy distinta es trabajar para construir una sociedad en la que, al no haber explotación, los recursos se puedan distribuir de manera racional. Ni en la mejor de las gestiones de un Estado moderno burgués la crisis del COVID-19 sería igualitaria para toda la población, puesto que partimos de un Estado armado para organizar el expolio de los trabajadores,.
Precisamente, debemos ir encaminados a desenmascarar el discurso falaz de que a través de medidas específicas bajo el capitalismo se puede perseguir un ideal de “igualdad”, incluso en estas situaciones.


Las medidas del Gobierno van todas en la misma línea, atenuar contradicciones mediante míseras prebendas para los trabajadores y dar grandes facilidades a los empresarios. Hasta el momento encontramos muchas medidas insuficientes, cortoplacistas y mucha propaganda. Así son todas las que se plantean para solventar la imposibilidad de los pagos de vivienda (en muchos casos dejando como opción solo el endeudamiento). No consiguen paliar el desempleo que se ha generado, la falta de cobertura de la población que trabaja con ETTs o en negro, o la insuficiente cantidad de dinero que perciben muchos trabajadores de un ERTE. Y lo son precisamente porque, aunque estas medidas atenúen los efectos inmediatos, no los solucionan (como no puede ser de otra manera en el capitalismo) y no van a la raíz del problema, la propiedad privada de los medios de producción. Mientras, las empresas gozan de bonificaciones absolutas, o casi, y crédito disponible avalado por el estado, SU estado. Tal es el punto que ya vemos consecuencias en Italia donde algunas zonas del sur se han manifestado personas que no tienen ningún recurso inmediato con el que subsistir, organizándose incluso de forma espontánea para llevarse alimentos de los supermercados sin pagar. Y es que mientras estas personas afirman que “no tienen qué darle a sus hijos de comer”, nuestro querido amigo Roig (dueño del Mercadona) ha batido récords de venta, tomándose también la libertad de despedir a eventuales. Similar es el caso de Amancio Ortega, una de las mayores fortunas del mundo, enriquecido a base de explotación capitalista y trabajo infantil, que dona mascarillas a la sanidad pública mientras plantea la posibilidad de un ERTE en su empresa, una medida que mantiene como descartada en abril, pero que no dudará en usar si lo ve “necesario” a posteriori (Recordemos que su empresa sigue cobrando beneficios de la venta online).


Las contradicciones se intensifican y la lucha de clases se aviva. Tenemos casos actuales de gente que está en un ERTE y se le obliga a trabajar, trabajadores, como los jornaleros del campo (la gran mayoría trabajadores migrantes que cobran en negro), a los que no se les daba el material obligatorio de seguridad, e incluso podemos ver que otros gobiernos llamados progresistas, como el gobierno portugués, prohíben el derecho a huelga; herramienta fundamental de los trabajadores para protegerse de la patronal.


Muchos estudios económicos, que ya nos señalaban una recesión económica cercana, vaticinan que el endeudamiento del Estado español va a ser tal que provocará un rescate e incluso es posible que se avecine una crisis mucho peor que la del 2008. No habrá una vuelta a la “normalidad” como tal, que por supuesto, ya antes significaba explotación y precariedad, sino que tendremos que hacer frente a intentos de la burguesía por pagar la factura de la crisis con recortes en la sanidad y educación pública, precariedad de las condiciones de trabajo y una subida general de los impuestos indirectos (aquellos que gravan independientemente de la renta) como forma de proteger sus rentas y hacernos pagar la crisis de su sistema injusto y criminal. Todo esto aderezado con una ración de reacción y fascismo por el otro lado burgués para hundir todavía más abajo al pueblo trabajador; ambas recetas se retroalimentan. Ante esto debemos ser realistas y desmontar el discurso de positividad que se nos plantea desde muchos medios de comunicación: esta crisis no afecta igual a todos. La lucha de clases se agudizará como ya vemos en estos momentos y mientras unos pocos mantienen e incluso aumentan su nivel de vida a costa de la explotación se nos “invitará” a aceptar la necesidad de “apretarnos el cinturón”. El sistema capitalista, fundado en la explotación y en el interés privado de los empresarios, es ineficaz para superar una crisis de este calibre; una crisis que solo bajo una gestión de los trabajadores sería superable con la menor pérdida humana posible. Hemos visto como la competencia del capitalismo y la explotación de la salud como otro nicho de mercado fuerza incluso a las potencias a competir por material sanitario. Mientras tanto desde la UE no hay respuesta de ayuda a los países europeos más afectados (Italia y España) puesto que significarían pérdidas en la economía de muchos de los países con mayor capital. Con esto, mantenemos, como decía Lenin (La consigna de los Estados Unidos de Europa, 1916) que:


“Desde el punto de vista de las condiciones económicas del imperialismo, es decir, de la exportación de capitales y del reparto del mundo por las potencias coloniales “avanzadas” y “civilizadas”, los Estados Unidos de Europa, bajo el capitalismo son imposibles o son reaccionarios.”


Y su carácter reaccionario se deja en evidencia cuando observamos su funcionamiento como instrumento de saqueo del capital monopolista de los países más desarrollados frente a sus propios trabajadores y las clases subalternas del resto de países. La Unión Europea no supone más que una forma de extender el saqueo de los capitalistas de los países avanzados a los países en los que las fuerzas de su capital nacional son más débiles.

Uno de los países donde podemos ver las consecuencias más abiertas de la gestión neoliberal es en EEUU, país hegemonizante en el capitalismo. Ya vimos como su presidente Donald Trump se resistía a parar la producción. A consecuencia de la gestión tardía en pos de mantener la producción constante ha alcanzado un número de contagiados cercano ya al millón y casi los 50.000 fallecidos, liderando los números de afectados de la pandemia. Los Estados Unidos han aplicado leyes proteccionistas para requisar material sanitario a empresas estadounidenses y también están tomando medidas más keynesianas, asegurando la cobertura del tratamiento de las personas que no tengan seguro médico, para intentar frenar la ola de descontento social que podría llevar a revueltas en uno de los países más desiguales del mundo.


En España, podría darse un caso de aumento del fascismo en consecuencia de la crisis que se acerca y está gestionada por un gobierno socialiberal (PSOE+UP). El reformismo ya ha demostrado su fracaso a la hora de dar una respuesta social a las crisis que hemos sufrido, recordemos la de 2008. Su fracaso se debe a la imposibilidad de mantener el beneficio capitalista sin desmontar el sistema de bienestar para capitalizar nuevos mercados. La extrema derecha puede utilizar ese descontento social tras el fracaso de las medidas del gobierno utilizando un discurso de búsqueda de culpables, como el rechazo a la inmigración o incluso promover el control militar como ya pide el partido reaccionario Vox. Esta utilización del fascismo se enmarca en la búsqueda de control y la represión de la clase trabajadora ante su organización para hacer frente a la agudización de la lucha de clases. Su difusión se deberá, en gran medida, a que los empresarios vean difícil mantener el orden social, otorgando apoyo a su desarrollo para no ceder en sus privilegios.

Ante este panorama, la clase obrera solo tiene una opción, la organización política para defender sus propios intereses. Eso significa que solo organizada en su propio partido y mediante el conocimiento científico de la realidad a través del el socialismo científico, puede liderar la respuesta ante los ataques de los capitalistas y a la vez acabar con ellos. De lo contrario, seguirá desarmada ante el vapuleo constante de unos intereses que, en esencia, aunque le afecten, no son los de la mayoría social trabajadora.

Por lo tanto, la organización popular y sindical de clase es esencial pero insuficiente. La guía política necesaria para potenciarlas y llevar al poder a la clase obrera solo puede venir desde su partido marxista leninista. Así, la construcción de este partido es la tarea clave sobre la que pivotan el resto de tareas.