La debilidad del reformismo

Hoy millones de trabajadores del Estado vuelven al trabajo. Y, pese a los “aspavientos”, las buenas intenciones y las manifestaciones inofensivas de Unidas Podemos, o de algunos líderes sindicales, vemos, de nuevo, la incapacidad del reformismo para resistir la presión de los jefes del capitalismo. Se obliga a la clase trabajadora a volver al trabajo, porque los capitales necesitan seguir creciendo y porque sin trabajadores no hay, ni habrá nunca, riqueza; pero los líderes reformistas son incapaces de imaginarse siquiera que el poder económico pueda estar en manos de quienes lo producimos todo. Y nos dicen que pueden controlar al capital desde el Estado.

Sin duda hay soluciones, pero pasan por arrebatar ese inmenso poder que tienen los capitales, y por organizar la sociedad no en función del máximo beneficio, sino del crecimiento social y cultural. Y eso es imposible dentro del capitalismo.
Y es que el reformismo es una ideología burguesa que pretende precisamente reformar el capitalismo sin dotarse de herramientas para combatir a esa fuerza enorme que es el capital. Decimos que es la influencia de los pequeños capitalistas y una capa privilegiada de obreros dentro del movimiento obrero porque toda su construcción se basa en una mentira: es posible cambiar las leyes del capitalismo, es posible controlar al capital. Su pretensión nunca será realmente acabar con el capitalismo y, en este caso concreto esa ideología tiene consecuencias prácticas: el rendimiento del capital por encima de la vida de obreras y obreros. Cuando hay que elegir en la práctica, está claro de lado de quien se pone
El problema de esas ideas y esas prácticas es que seducen e ilusionan con falsas teorías, superadas hace casi dos siglos por el socialismo científico, e impiden que nos dotemos de las herramientas teóricas que puedan plantar cara a ese monstruo que es el capital: el marxismo-leninismo.

Mientras las masas van perdiendo esperanzas en el reformismo, la reacción no escatima recursos, incluso llamando al golpe de estado, con total impunidad. El reformismo no solo debilita al pueblo trabajador, además abre las vías para la llegada del fascismo.

Ante las masas nos queda a las personas conscientes desnudar de manera organizada las limitaciones del reformismo, la reacción de la derecha y del capitalismo en general. La única alternativa real pasa por la organización política de la clase obrera como tal