Análisis sobre la pandemia global: el coronavirus

A la hora de escribir estas líneas, las personas afectadas de coronavirus en el mundo se cuentan en más de 140.000 personas de las cuales más de 5000 han fallecido. El virus ha acaparado una atención mediática excepcional que hace que en los medios de comunicación encontremos una referencia constante a esta enfermedad, desoyendo otros acontecimientos (guerras, otras epidemias) que pueden tener mucha más población damnificada. Si comparamos con los virus influenza que provocan la gripe común, esta atención podría parecer desmesurada (la OMS estima unas 650.000 muertes anuales). Sin embargo, hay ciertas características del patógeno que son potencialmente peligrosas:

Es un virus nuevo, y por tanto no tenemos historia de su comportamiento.

La infectividad del virus es alta, a pesar de que aún se desconocen muchos datos, parece estar establecido que existe una ventana temporal amplia en la que los pacientes (con síntomas leves e incluso asintomáticos) pueden contagiar a otras personas. Esto dificulta evaluar el grado de expansión del virus y diagnosticar su contagio.

La tasa de mortalidad según los datos reportados por países se sitúa en valores cercanos al 2.7% de positivos (con un rango de entre menos del 1% y más del 4%). A pesar de que la mortalidad real pueda disminuir con la correcta identificación de pacientes leves y asintomáticos, la comparación con la gripe (alrededor del 0.1% de los positivos) hace que lo convierta en un problema de salud pública importante.

Esta mayor virulencia de la enfermedad está asociada a una mayor necesidad de asistencia por parte de los pacientes. Alrededor de un 15% de casos identificados necesita atención hospitalaria, y alrededor de un 5% tratamiento en UCI o UVI. Este último dato es preocupante en cuanto se refiere a la capacidad de los sistemas de salud de los países “occidentales” para hacer frente a la enfermedad. Nuestros sistemas no están diseñados para soportar un aluvión de pacientes que requieren atención médica especializada en un mismo periodo de tiempo. 

A estas alturas ya es sabido por la mayoría de la población que el verdadero peligro de la pandemia es la posibilidad de colapso de nuestros sistemas públicos de salud y las consecuencias para la clase trabajadora. Y no se trata únicamente de que nuestro sistema sanitario, después de años de recortes, no pueda atender una rápida expansión de este virus en concreto, sino simplemente de que el motor y el interés central del modelo económico no es otro que el interés privado y esto es lo que impide que los recursos de una sociedad puedan realmente ponerse al servicio de la sociedad. No hay manera de que no vayamos a la cola de los desastres.Esta crisis ha puesto de manifiesto la demagogia y falsedad de lo que llaman democracias modernas, supuestamente construidas sobre el bien común, evidenciando la incapacidad del sistema capitalista para ponerse al servicio de la mayoría social. 

Lo cierto es que, ante estas situaciones, son los servicios públicos de salud la única herramienta de la que dispone la clase trabajadora, sin los cuales están totalmente expuestos a las peores consecuencias de la pandemia. Pero aún bajo una total gestión pública, dentro del sistema capitalista lo que antes primará sobre la salud de la población es el interés privado y la ganancia de beneficios de las élites burguesas, las cuales tenderán a hacer de servicio de salud lo más inaccesible posible; por ejemplo: restringiendo a la población migrante (como hemos visto en los discursos que Vox mantiene en sus actos públicos o RRSS), ofreciendo alternativas de mayor calidad por vía privada para su clase burguesa o simplemente administrando los recursos comunes con la prerrogativa de abaratar costes antes que salvar vidas. 

Es por ello que ante esta crisis, primeramente defendemos que sólo mediante el control público de los medios de salud se podrá hacer frente a la enfermedad, y por ello exigimos la expropiación de todos los hospitales y clínicas privadas para ponerlas al servicio de un plan común de contención. Pero, como hemos explicado, esto no es suficiente. Sólo un sistema de salud autogestionado por los trabajadores puede estar plenamente al servicio del pueblo, sin cortapisas económicas que categoricen como números a las personas. Debemos socializar los hospitales y todo el sistema de salud para ponerlo bajo el control del pueblo trabajador y que sea este el que se garantice a sí mismo las medidas necesarias para afrontar la situación y recuperar una situación de salud pública. Sabemos que esto solo es posible dentro de un Estado socialista.

Quizás, en el estado de shock en el que nos encontramos, no se habla tanto de los efectos a medio y largo plazo que tendrá sobre esa economía capitalista y que, si no estamos alerta y nos vamos organizando, tendrá sobre la clase trabajadora. Pero que nadie dude que en breve volverán a decirnos desde sus medios de propaganda que todas las personas tenemos que cambiar, ahora ya de manera permanente, nuestro estilo de vida. Y cuando digan todas las personas, lo que estarán diciendo realmente es, la clase trabajadora. Y cuando digan cambiar nuestro estilo de vida, querrán decir aceptar más pobreza y precariedad. 

De momento conviene desmontar alguno de los mitos sobre los que se está tratando de engañar a la mayoría trabajadora: la respuesta al virus diferencia entre ricos y pobres. Aquellas personas que tienen más poder adquisitivo van a acaparar recursos, tanto de primera necesidad, como sanitarios; a costa del resto de la población. Pero además, sería de una candidez imperdonable no ser conscientes de que las grandes fortunas, como siempre han hecho, van a intentar aprovechar todo el estrés social que se está generando para poder exprimir más nuestro trabajo y, para impedir la disidencia intensificando la represión. En una sociedad de clases hablar en abstracto de cooperación y solidaridad entre seres humanos es, cuanto menos, inocente. Por eso señalamos la hipocresía y la doble cara que nos muestra la burguesía, aliada con las cúpulas de los sindicatos mayoritarios (UGT y CCOO) y con los partidos del gobierno central (UP-PSOE), que mantiene una perspectiva de “unidad” (así lo ha llamado el presidente de la CEOE) y diálogo entre los empresarios y los y las trabajadoras para afrontar esta crisis sanitaria. Sin embargo, para nuestra organización es imposible ver esa “unidad” cuando lo que visualizamos estos días es como la patronal catalana pedía flexibilizar el despido para hacer frente al coronavirus. Tampoco lo vemos cuando empresarios recurren EREs dejando a compañeros y compañeras en la calle, o a ERTEs mediante los cuales podrán facilitarse despidos una vez la enfermedad sea controlada, o como ciertos sectores (no de necesidad básica) han mantenido sus servicios hasta el último momento buscando maximizar beneficios arriesgando la salud de sus empleados, o como ETTs (o bien Glovo, Uber Eats…) mantienen su negocio de reparto abierto sacando una buena tajada de esta histeria social. 

En cualquiera de estos casos, nos piden consenso, comprensión y diálogo; no dudemos de que los agentes del capitalismo van a intentar cargar el peso de esta epidemia y de su irresponsabilidad sobre las espaldas de los trabajadores y van a aprovecharse de ella para generar un nuevo escenario en el que poder extraer mejores rendimientos de nuestra fuerza de trabajo. 

Una respuesta a esta y otras epidemias (como la del sarampión en el Congo) que ponga la vida de las personas por delante de los beneficios es imposible en un sistema que se alimenta de la explotación de las personas, como ha quedado demostrado en Gran Bretaña, declarando abiertamente que prefieren no tomar medidas contra la pandemia con tal de no perjudicar la economía. 

La adopción de medidas más drásticas (como las que se han tomado en China en un primer momento) que consiguieron aislar y frenar la expansión para contenerla en zonas aisladas chocó con el carácter cortoplacista del sistema capitalista.. Es importante remarcar como desde importantes sectores tan diferentes entre sí como la pequeña burguesía y la aristocracia obrera  o la propia OMS (organización mundial salud) han alabado a China por su eficacia en la lucha contra este virus. Y la realidad es que es mucho más eficiente que el resto de países capitalistas y, además, se puede afirmar que está a la vanguardia en esta lucha. Su mayor centralización productiva le permite elaborar el material necesario para combatir el virus dentro y fuera de sus fronteras, donando y, sin duda, comerciando también, con este material. Las estadísticas sobre nuevos contagios hablan por sí solas.

Sin embargo, una cosa que no mencionan los capitalistas es que China también es capitalista, sólo que la intervención estatal en la economía es mayor y esto le permite un mayor control de sus fuerzas productivas nacionales, pero no deja de estar lastrada por las leyes capitalistas de producción donde prima la ganancia frente al fin social. China nos deja ver la potencialidad que tiene una centralización productiva pero también sus limitaciones en el capitalismo. 

El socialismo es el único camino satisfactorio donde se consigue una centralización todavía mayor (no solo un porcentaje de estos) debido al control de los medios de producción por toda la sociedad (no solo por un pequeño grupo de esta) primando así el fin social.

Por último, es necesario señalar otro peligro al que nos enfrentamos como clase trabajadora:la prolongación del Estado de alerta y la restricción de las libertades más allá de lo necesario para contener el virus.

Esto último en un Estado supeditado a los intereses de las grandes empresas y construido sobre la explotación de de la clase trabajadora, sólo puede conducir al reforzamiento del potencial represivo de lo oligarquía frente a la mayoría del pueblo trabajador.. En una sociedad impregnada de ideología burguesa, fundamentalmente competitiva e individualista, que no ha transmitido nunca, ni podido transmitir sin cuestionar sus pilares, los valores de solidaridad y cooperación quienes ostenten el poder del Estado sólo podrá pedir “responsabilidad” y reprimir el “egoísmo”. 

Insistimos, sólo un Estado socialista, en el que la clase trabajadora sea dueña de su trabajo y decida colectivamente, en el que todos podamos saber que nadie se aprovechará de nuestro esfuerzo y que realmente nuestra acción individual está coordinada con la del colectivo; solo en ese Estado, repetimos, existe la posibilidad real de pedir responsabilidad ante crisis como esta y, solucionarlas con el menor daño para todos. 

Nosotros por nuestra parte solo podemos aceptar las medidas de control que nos permitan protegernos como clase. Efectivamente hacemos también un llamamiento a la responsabilidad y a seguir las recomendaciones de la OMS y la comunidad científica, pero sabiendo lo que hay en juego, sabiendo que van a intentar aprovecharse de nuestra clase: la posibilidad de prolongar el Estado de Alerta, de los empresarios de utilizar la crisis para hacer recaer las pérdidas sobre las espaldas de los trabajadores o de las élites económicas de exigir a medio plazo el deterioro de nuestras condiciones laborales.

Conscientes de lo impredecible de la situación, pero también del peligro en el que nos encontramos, creemos que es necesario trazar unas líneas de acción. Entendemos que debemos mantener la solidaridad como clase trabajadora y fomentar la unidad la solidaridad obrera. Hacemos un llamamiento general a:

  • Afiliarse a un sindicato de clase y militar en una organización revolucionaria consecuente.
  • -Desarrollar la capacidad crítica. Necesario hoy más que nunca el estudio del marxismo para poder ubicarse y la contrastación de información en medios de comunicación posicionados políticamente a la izquierda (conscientes como somos de la ausencia de medios importantes de carácter comunista)
  • Desmontar el discurso fascista contra los trabajadores migrantes. Importante huir de las fake news y contrastar información.
  • Propagar la idea de las deficiencias del sistema capitalista, de la necesidad de proteger a la clase trabajadora (prohibición de despidos en caso de beneficios, prohibición de desahucios, impago de hipotecas y alquileres….), y de la incompatibilidad de esto con el hecho de que el poder del Estado esté en manos de una minoría rica.
  • -Comunicación sobre cuestiones fundamentales que nos afectan como clase: desde si conocemos a personas afectadas, hasta los despidos en “x” empresa, o cualquier tipo de abuso. Importante mantener la comunicación al menos en redes de amigos, trabajo o familia. Necesario ir extendiendo y organizando las redes
  • -Relacionado con lo anterior, empezar (o continuar) a tejer redes. Necesario buscar formas de organización.Trabajar por construir redes de solidaridad obrera, de ayuda mutua.
  • Mantener las estructuras organizadas que estaban antes de la situación excepcional como forma de comunicación (desde la PAH, hasta sindicatos estudiantiles…) y utilizarlas para advertir de cualquier abuso y actuar si es necesario. 

¡Compañeros, organización para sobreponernos a esta crisis y seguir en la lucha!

¡Contra los despidos, la explotación y la precariedad!