¡OBRERAS, PRECARIAS Y REVOLUCIONARIAS!

Las mujeres trabajadoras sufrimos diariamente abusos, maltratos y explotación en nuestros centros de trabajos por parte de los jefes.

Tras jornadas interminables de incluso doce, trece, catorce horas; muchas de nosotras al llegar a casa nos debemos a la doble jornada laboral trabajando en las labores domésticas y en el cuidado de los hijos/as.
Y es que aunque la desigualdad de género ha disminuido, al disminuir también el papel fundamental de la “vieja familia tradicional”, que vemos cómo muchos partidos políticos de extrema derecha como VOX pretenden volver a fortalecer; sigue existiendo una brecha importante en lo que respecta a la ética de cuidados. El reparto de tareas y la conciliación con nuestros compañeros de clase es necesario; pero debemos comprender que sin una ruptura total del sistema no conseguiremos una igualdad real. Nosotras reivindicamos junto a nuestros compañeros la necesidad de luchar en las calles; no solo estos días tan remarcados como el día de la mujer trabajadora, sino en nuestros centros de estudio y de trabajo diariamente en contra del fascismo y en pos de nuestros derechos como clase trabajadora. El feminismo de clase pretende la liberación de la mujer obrera sin perder de vista la crítica hacia la lucha por la “igualdad” en abstracto que lo único que contiene es un mensaje vacío y de conciliación con las mujeres burguesas. ¿Acaso no nos es indiferente a nosotras quién nos explote en el trabajo, si es mujer u hombre? Solo mediante aunar fuerza entre nosotras, la clase explotada, conseguiremos nuestros objetivos.

Finalmente son nuestras compañeras migrantes las que, sin ninguna otra opción, el capitalismo arroja a los trabajos más duros y peor pagados; si bien antes no se las ha encerrado en CIES o expulsado a su país mediante políticas racistas con consignas que solo pretenden dividirnos como clase. Son muchas de nuestras compañeras más jóvenes, las estudiantes, migrantes y trans las que se ven obligadas a prostituirse, a ser violadas día tras día, porque para la burguesía el sexo es otro nicho de mercado y nuestros cuerpos son reducidos a meros objetos sexuales. Esto es en lo que se asienta el capitalismo y también lo que reproduce junto con las dinámicas patriarcales: la supremacía de una clase sobre otra. Bajo esta sociedad de clases somos reducidas a números y a mercancías, somos reducidas a la cantidad de (dinero) plusvalía que podemos generar para nuestros jefes. ¡Nosotras el 8 de marzo gritamos basta! Somos conscientes de que la única solución para que finalice nuestra opresión de clase es acabando con el sistema capitalista, y encarando a la burguesía que se lucra de nuestro trabajo solo dejándonos migajas con las que sobrevivir y apenas tener una vida digna, trabajos precarios por los cuales competimos como compañeras y por los que muchas perdemos la vida.
Luchas como las de las jornaleras de Agrasa, son las que tenemos que tener presentes en este día de huelga. La herramienta de la huelga es fundamental para hacer tambalear a aquellos que prefieren mantener el status quo. Es importante que reivindiquemos todos los años que las obreras seguimos en las calles, luchando por lo que es nuestro, por todo lo que nos roban cada día, por una sociedad del futuro en la que no exista la desigualdad.

¡Trabajador/a, levántate, organízate y lucha!