REM RM (ahora LA MAZA) ante el acuerdo de gobierno de Unidas Podemos y el PSOE

Entendemos que el acuerdo alcanzado es positivo para el conjunto de las clases populares dentro de la actual correlación de fuerzas. Es un acuerdo que sorprende por lo ambicioso; probablemente a lo más que podía aspirar Unidas Podemos. Hasta ahora ninguna organización a la izquierda del PSOE había llegado tan lejos.

Entendemos que, en general, el acuerdo tiene un carácter progresista y positivo. De implementarse, total o parcialmente, la clase obrera quedaría en mejor situación de lo que está, aumentando su relación de poder con respecto a las clases dominantes. Esto, sumado al rechazo y miedo por el crecimiento de la ultraderecha, explica el entusiasmo que ha despertado el acuerdo entre amplios sectores de la izquierda.

Son pues medidas que hay que defender, aunque sea de manera crítica, ya que la reacción se va a revolver y presionará para que no se aplique nada. La oligarquía, a través de todas sus organizaciones políticas y económicas, ya está amenazando, engañando y tratando de convencer a las clases populares para que rechacen el acuerdo.

Nuestra actitud crítica debe diferenciarse netamente de la de la reacción y siempre debe conducir a aumentar el nivel de conciencia y a apartar a las masas de la falsa creencia de posibilidad de un capitalismo bueno. Mientras que la derecha tratará de oponerse a las acciones del gobierno que dificulten la concentración de capital o que impidan el dominio de determinados grupos sociales sobre otros, nosotros tenemos que criticar su insuficiencia o incumplimiento.

Eso sí, no podemos rebajar nuestra actitud crítica bajo la amenaza de que “de esta forma debilitamos al gobierno progresista en favor de la reacción”. Esto para nosotros no sería diferente que aceptar el sistema capitalista, con toda su inhumanidad, como única opción posible, y entregar a las clases trabajadoras al pesimismo. Debemos hacer todos los esfuerzos posibles, pues, por hacer entender a las trabajadoras y trabajadores las limitaciones del acuerdo, así como de los partidos que lo suscriben, y la necesidad de un proyecto ambicioso de transformación profunda de la sociedad, que conlleve avanzar económica y socialmente lo máximo posible dentro de los marcos de la democracia burguesa y que vaya dirigido hacia el socialismo, único camino para lograr una sociedad sin opresión ni explotación.

En este sentido no hace falta ver siquiera el progreso del gobierno para ver que el acuerdo nace ya partiendo de la subordinación al capital financiero. Con todos los guiños necesarios para no soliviantar a las oligarquías: el empleo de calidad, por ejemplo, se desarrollará “garantizando la estabilidad financiera y fiscal”, la lucha contra la precariedad, supeditada al”crecimiento sostenible o potencial”, la recuperación de derechos se deberá “compaginar con la competitividad empresarial”, la transición energética “dando certidumbre a los inversores antiguos y futuros”… Por más que la derecha haga aspavientos y se revuelva, no se tocaría una mínima parte de su poder.

Nos encontramos, es cierto, con el primer gobierno de coalición progresista desde la II República, lo que está llevando a gran parte de la izquierda a comparar el actual con los progresistas de entonces. Esto nos lleva a dos reflexiones:

  1. No podemos olvidar que los gobiernos progresistas de la II República tuvieron limitaciones que el pueblo trabajador debe conocer, para no caer en falsas esperanzas y en nefastas estrategias políticas. El primero no llegó a cumplir lo prometido y acabo con las derechas ganando las siguientes elecciones. El Segundo sufrió un golpe de estado fascista, que podría haber sido mucho menos fuerte o anulado si se hubiese realizado una política antifascista consecuente.
  2. Entendemos que la comparación es, cuanto menos, muy parcial, pero no por eso más halagüeña, pues la clase trabajadora es más débil y las oligarquías más fuertes. Ni nos encontramos con el nivel de descomposición de los grupos dirigentes de entonces (baste recordar que se desarrolla en el marco de la monarquía heredera del franquismo), ni las clases populares están tan organizadas y encuadradas en organizaciones de clase. En especial, no existe aún un Partido Comunista poderoso que pueda plantar cara al carácter de clase del fascismo

Así, entendemos que las personas progresistas, y especialmente las revolucionarias, no nos podemos conformar con este acuerdo, porque:

  1. Aún realizándose en su totalidad, las trabajadoras y trabajadores seguiremos estando bajo el dominio de los capitalistas y sin un plan de ruptura con el sistema por parte de las organizaciones que lo firman. Seguiremos explotados y sometidos, aunque el grado pueda variar cuantitativamente.

Sin una perspectiva de acabar con el capitalismo (con todo lo que implica de desarrollar un partido que lo pueda hacer posible) todo lo que viviremos será la posibilidad permanente de regresión, más o menos violenta.

El acuerdo, aunque pudiera contribuir a debilitar alguno de los pilares del Régimen, sirve para desviar las energías antirégimen que se habían desarrollado en los últimos años. En definitiva a su aceptación.

  1. Aún si se cumpliese cada punto del acuerdo, estaríamos, en general, en peor situación de lo que nos encontrábamos con anterioridad a la crisis del 2008. De forma que solo habría que esperar el siguiente gobierno conservador para sufrir un nuevo recorte en nuestros derechos
  2. Sin oposición de izquierdas desarrollada, será fácil “orientar” cualquier tipo de malestar social desde la demagogia fascista. Las clases populares hoy estamos sometidas a altos grados de explotación y precariedad, mientras el fascismo está mucho más organizado que el comunismo para explotar las contradicciones sistémicas.

Es preciso, si no queremos dejarnos llevar por nuestros deseos y sus fantasías, reconocer el momento en el que se encuentra el sistema capitalista, la necesidad de la oligarquía de aumentar las tasas de explotación para mantener sus tasas de beneficios, el bajo nivel de movilización, organización y conciencia de clase, la debilidad orgánica e ideológica de la única organización progresista que firma el acuerdo: Unidas Podemos, el carácter de clase burguesa (es decir, no se plantean la superación del capitalismo) tanto de PSOE como de Podemos, así como la intensa promoción que se está haciendo del fascismo en los últimos tiempos para someter a las clases trabajadoras.

Cualquiera que entienda la dinámica del sistema capitalista sabe que será prácticamente imposible en la realidad que la simple firma del acuerdo mejore la calidad de vida de la mayoría de la población. La lucha de clases sigue unos derroteros diferentes que el simple teatro parlamentario, muy a lo pesar de las fantasías democráticas de los defensores de un capitalismo bueno. Las presiones para no ejecutarlo vendrán desde todos los frentes, incluido en el interior de los propios partidos firmantes, que por su carácter de clase, son totalmente flexibles en sus principios. Solo hay que ver su historia política y programática.

La opción de trabajar por reforzar orgánicamente Unidas Podemos es un error: simplemente porque su propuesta estratégica no pasa por acabar con el dominio de una minoría explotadora sobre la mayoría explotada, sino que su punto de partida erróneo es la “domesticación” del sistema capitalista, cosa imposible. La clase trabajadora solo tiene dos opciones con respecto al sistema: o vive sometida o lo destruye. Y enseñar a las clases populares que es posible hacer dóciles a las clases dirigentes a lo único que lleva es a hacer dóciles e impotentes a las clases populares.

No entender el carácter de clase de las organizaciones suscriben el acuerdo, sobrevalorarlo y no verlo en sus reales dimensiones solo puede llevar a la decepción y al desengaño, y finalmente, a lanzar a la gente a los brazos del fascismo.

Es pues urgente construir esa alternativa revolucionaria, generar movilización, desarrollar la conciencia e iniciativa propia de la clase trabajadora y trabajar para el desarrollo de un Partido que sea capaz de recoger y dirigir las aspiraciones de las y los trabajadores.

En resumen:

  1. Debemos defender y presionar para que cada una de las medidas progresistas se realicen. Apoyar cuando se apliquen y señalar la insuficiencia de estas bajo el capitalismo y sus leyes económicas. Y la pusilanimidad de estos partidos para combatir la reacción de las derechas en creciente organización.
  2. Debemos estar atentos a las mil maniobras que se utilizarán para que no se apliquen. Señalando la causa última, el carácter de clase y la debilidad de los partidos en el gobierno, su impotencia y colaboracionismo a las dinámica del Régimen.
  3. Debemos denunciar el fetiche legalista. Las leyes no dan cuenta de la situación real de la clase obrera. Podría pasar que se cumpliera el acuerdo y empeorara la situación de la clase obrera. Por ejemplo podría pasar que el salario mínimo subiera a los 1200, pero que aumente el número de trabajadores en situaciones irregulares, o que los bancos pongan una nueva tasa sobre los ahorros…
  4. Debemos trabajar por desarrollar la Unidad Popular en paralelo al desarrollo de movimientos de masas, señalar siempre nuestra apuesta de Republica Popular
  5. Debemos trabajar por construir el Partido de la clase obrera. Única garantía de conseguir nuestros objetivos, debido a que es requisito para su formación la aplicación de la teoría y práctica objetiva, el socialismo científico, para guiar nuestros pasos.