¿Por qué la censura parental es contraria a los intereses de la clase obrera?

Sobre el veto parental y la lucha de clases

Yugos os quieren poner, 
gentes de la hierba mala, 
yugos que habéis de dejar 
rotos sobre sus espaldas.
Miguel Hernández Vientos del Pueblo

¿Nos reprocháis acaso que aspiremos a abolir la explotación de los hijos por sus padres?  Sí, es cierto, a eso aspiramos.” […]No son precisamente los comunistas los que inventan esa intromisión de la sociedad en la educación; lo que ellos hacen es modificar el carácter que hoy tiene y sustraer la educación a la influencia de la clase dominante. K. Marx & F. Engels. Manifiesto del Partido Comunista

Como en casi cualquier cuestión, abordar la problemática surgida en torno al PIN parental desde la pura abstracción de los principios democráticos, sin prestar atención a la situación real y concreta, al conflicto de clases que late en casi cualquier cuestión, nos lleva a posiciones contradictorias y callejones sin salida. Algunas preguntas solo tienen respuesta si somos capaces de contextualizar el problema: ¿Qué pasaría si la ultraderecha fuera la que decidiera los programas educativos e impusiera sus contenidos y valores a través de la Escuela Pública?¿Qué significado tiene, en el contexto actual, la defensa de la libertad de las familias a decidir sobre la educación de sus hijos? ¿Es suficiente con recurrir a los Derechos Humanos o la dignidad de la persona para defender la obligatoriedad de la enseñanza?¿Qué contenidos son realmente los que se están poniendo en cuestión cuando se plantea la posibilidad de censura parental? 

Intentaremos situar el debate en el campo del conflicto de clases hoy y de las perspectivas en las que nos sitúa a la mayoría social trabajadora. Para nosotros y nosotras es clave ubicar todo el debate en el marco de ascenso de la ultraderecha. Un ascenso que no puede deberse a que la ultraderecha sea más hábil o mantenga mejor discurso que años atrás,  su crecimiento tiene tres razones fundamentales:

  1. La ultraderecha está siendo financiada por ciertos sectores de la oligarquía y tiene, por lo tanto, más medios para difundir su mensaje (la mayoría de los análisis que estamos leyendo obvian esta realidad, lo que les lleva a no localizar el foco central de la acción).
  2. El discurso hegemónico de la izquierda es frágil y poco atractivo. En el mejor de los casos, se aspira a controlar el capitalismo con “la política”, sin preguntarse qué herramientas se necesitan para plantar cara a los gigantes económicos que están destrozando el mundo (y, como hemos comentado, financiando al fascismo). En lo que toca la censura parental, gran parte de la izquierda, por ejemplo, se acoge a la defensa de los Derechos Humanos sobre los que se supone un consenso social. Pero en realidad estos se sitúan siempre en la abstracción, en una realidad futura, no tangible para las clases populares y que, aunque se supone que es un ideal que marca agendas políticas, podemos convivir con su incumplimiento. En realidad el poner el foco en los Derechos Humanos solo nos permite estar a la defensiva como clase. Nuestra propuesta se sitúa en torno a la defensa de la igualdad, la lucha de clases y la clase obrera como defensora última de esos derechos y finalmente de una sociedad de iguales.
  3. La clase obrera se encuentra en una situación de retroceso de sus derechos, lo está pasando mal, en lo inmediato y en sus perspectivas de futuro.

A partir de aquí debemos hacernos una pregunta: ¿Por qué el PIN parental nos perjudica como clase obrera? La primera respuesta es sencilla: supone una batalla (como parte de una particular guerra de guerrillas) lanzada por el fascismo, con la que pretende, a partir de la mentira y la manipulación, conseguir nuevos adeptos. Claro, como hemos explicado otras veces, el fascismo no es otra cosa que el gobierno terrorista de la oligarquía sobre la clase obrera como clase. Su fortalecimiento nunca va a beneficiar a nuestra clase.

Pero, veamos como se concreta esto, ¿por qué la aplicación y extensión del control parental significa empeorar nuestra situación como trabajadoras y trabajadores?

En la actualidad las leyes educativas y los planes de cada uno de los centros educativos se establecen de manera colegiada entre la comunidad educativa (en la que intervienen docentes, estudiantes y familias) y los poderes públicos.  Aunque sabemos que de una forma bastante precaria y condicionada, podemos intervenir en el desarrollo de normativas y contenidos. Por supuesto, el modelo es deficitario, más teniendo en cuenta que se desarrolla en una democracia diseñada para el beneficio de los grupos dirigentes. La participación real de nuestra clase en el diseño de contenidos y metodologías es mínima, es cierto, pero sería mucho menor si cualquiera pudiera decidir sobre los programas educativos que cada uno quiere que se impartan a sus hijos

El concepto liberal de que cada familia pueda decidir sobre la educación que reciben sus hijos significa en primer lugar el desprestigio del concepto de una educación pública que, considerando las enseñanzas que allí se imparten como universales, protege a nuestra clase para que pueda recibir algunos conocimientos y valores progresistas que, por supuesto, las clases dirigentes preferirían que no tuviéramos. Lo que está en juego realmente no es una mera cuestión formal, sino la posibilidad para nuestra clase, de recibir ciertos conocimientos científicos y ciertos valores que impulsen a la igualdad.

A esto realmente es a lo que está apuntando la izquierda (tanto la que considera que es un problema ficticio, como la que está situando el debate en el marco del desarrollo del fascismo) cuando señala que los derechos a recibir una educación de los hijos está por encima del derecho de los padres a proporcionar la educación moral y religiosa que consideren. 

Y aquí es donde es necesario advertir cuáles son los contenidos concretos que están en cuestión, ¿cuál es el contenido real que se pretende censurar a través del modelo de control parental? Y este no es otro que una educación que nos ayuda a ser más libres y que nos impulsa a la igualdad en lo referente al feminismo y los derechos LGTBI.

La parte reaccionaria que lo defiende son los representantes de las oligarquías reaccionarias, en este caso representadas en el gobierno murciano, madrileño y andaluz por PP, C´s y VOX, que no aceptan ni un ápice de progreso popular; especialmente en  en el caso de el reconocimiento de las realidades del colectivo LGTBI,  impidiendo un conocimiento fundamental sobre el cuerpo, el género y las relaciones afectivo-sexuales. Negando su existencia a través de la censura. Defendiendo, cómo no puede ser de otra forma, la familia como institución de labor reproductiva. Este PIN  lo utilizaráían para boicotear cualquier contenido que consideren peligroso para sus ideas:, desde una educación feminista hasta, el discurso de la lucha de clases e incluso en algunos casos teorías científicas y confirmadas como la evolución de las especies, para los más fanáticos reaccionarios.

Lo que no perdemos de vista es que tanto la escuela como la familia están influidas por la sociedad capitalista en la que viven y se desarrollan.Por lo tanto, incluso aunque las condiciones materiales de estas sean las más progresistas posibles, siguen dentro de los propios límites de un sistema que genera y se basa en la desigualdad.

Nosotros defendemos una forma superior de democracia. Una democracia obrera en la que haya un debate sólido y una vinculación de la educación con el conjunto de los intereses de las clases trabajadoras, en la que los obreros estén organizados y decidan sobre la educación. Sin embargo, para llegar a eso se requiere un proceso importante de transformación social. Hoy estamos lejos de esa situación. Así, la lucha por la defensa de la Educación Pública es un importante paso para concienciar a la comunidad educativa de que no solo no debemos permitir ni un retroceso en nuestros derechos, sino tampoco perder de vista el objetivo de que otra sociedad más justa e igualitaria es posible y solo se conseguirá a través de la organización de la clase trabajadora y su lucha contra la clase explotadora.

En resumen, la reacción ha lanzado la propuesta de la censura parental con tres objetivos: limitar el desarrollo del discurso igualitario que hay dentro del movimiento feminista y en defensa de los derechos LGTBI, atomizar más a la clase trabajadora y ganarse el apoyo de las masas populares que, sin organizarse como clase, encuentran un espacio fundamental de socialización en la familia. La clase obrera más consciente ha advertido el peligro y ha reaccionado. Esa reacción tiene que convertirse en un movimiento de rechazo no solo del PIN parental, sino de todo el discurso reaccionario y sus patrocinadores

Consideramos que es fundamental generar un discurso esperanzador y creíble que se enfrente a la demagogia fascista. Por ello, la organización política en cada centro educativo es fundamental para la defensa de los derechos conquistados, para lograr una educación pública, laica, científica y de calidad, y por la unión con el resto del pueblo trabajador en las luchas comunes, por la victoria de los intereses sociales sobre los de unos pocos explotadores y opresores. Una cosa sin la otra no se logrará.