Resolución de trabajo institucional

Nuestra intervención en procesos electorales. Nuestra relación con organizaciones socialdemócratas

Primero. Hay que ser absolutamente flexible en la táctica. Esto quiere decir que si una intervención concreta o una línea de trabajo se justifica como parte de un programa de acción que conduzca hacia el socialismo, esa acción debemos considerarla legítima. Los principios, eso sí, deben estar claros, expuestos siempre y sobre ellos no se negocia. Cualquier intervención en el campo propiamente institucional hay que evaluarla siempre dentro de estas coordenadas, si esa intervención sirve, en el momento concreto a los planes de REM y se puede explicar dentro de ellos, esa intervención está justificada.

La intervención institucional, como en cualquier frente, debe estar marcada por una serie de principios: 1. debemos considerar positivo el crecimiento del espacio de intervención. Positivo significa que nos sirva para crecer. 2. El trabajo en el frente solo es trabajo de la organización si se hace de acuerdo a un plan, de acuerdo a ese crecimiento. 3. Debe ser evaluable el trabajo en ese frente, de acuerdo a ese plan.

Por ejemplo, se puede considerar que fue acertada nuestra intervención en Podemos cuando surge esta organización en lo que respecta a organizar a compañeros, trabajar por la unidad de la izquierda, justificar cada paso en el camino de ruptura con el Régimen y crecer como organización, lo que en último término revierte en el aprendizaje de las clases populares y en la construcción de la fuerza de choque contra la burguesía. Nuestro punto débil en esta intervención concreta sería la falta de claridad con respecto a la utilidad de cada paso con respecto al proyecto revolucionario. Por las circunstancias, no podía ser de otra manera.

Segundo. Sin una organización fuerte ideológica, política y orgánicamente, representante de los intereses de la clase trabajadora, autónoma (en esos tres planos) con respecto a los intereses de otras clases sociales, el peso de la ideología de las clases dominantes, sus modelos organizativos y su proyecto político siempre prevalece, en cualquier tarea y espacio de lucha. Sin esa organización de la clase trabajadora, sostener posiciones revolucionarias o de ruptura con el Régimen depende de la voluntad individual y suele conducir a la desilusión y desconfianza en los compañeros. Para evaluar nuestra intervención en instituciones hay pues que tener claro la correlación de fuerzas y nuestra capacidad de mantener la independencia de posiciones.

Así, nuestra intervención en las concejalías de Molina, Archena y Águilas tras nuestro trabajo en Podemos y a través de esa organización, ha estado marcada por la tensión entre la fuerza de nuestra organización y la  voluntad y principios de nuestros compañeros. Mientras que en Molina o Archena, salvo pequeños gestos, no ha habido prácticamente ningún esfuerzo real por resistir la presión de una organización socialdemócrata (burguesa en tanto que representante de los intereses de la pequeña burguesía y aristocracia obrera), en Águilas el esfuerzo de la compañera ha sido titánico para poder batallar a la vez con cada uno de los gestos de la reacción, con la posición cada vez más moderada de Podemos y con la desidia de una militancia local de Podemos comprometida mínimamente (coherente con los principios de su organización). Por su parte, nuestra organización nunca estuvo en condiciones de prestar apoyo directo, tanto por nuestro funcionamiento artesanal (no científico) de organización, como por escasez de fuerzas. En este último caso el balance general es ambivalente: por un lado se han mantenido en Águilas, como en ninguna localidad de la Región de Murcia, posiciones de ruptura, y educado políticamente a una generación dentro de las posiciones más progresistas, pero por otro ha quedado una falsa sensación de impotencia frente al sistema, vinculada a cierta idea (burguesa) de que sin entrar en las instituciones nuestro trabajo es estéril. Con respecto a la intervención en Molina y Archena debemos reconocer que ha servido, siendo benevolentes con nosotros, para lastrar a nuestra organización durante meses e impedir que avanzáramos.

En el momento actual, desde hace meses, Podemos no permite el desarrollo independiente de nuestra organización. Tenemos que asumir que la ideología y la clase a la que representa no es la nuestra, ni lo va a ser.

Tercero. La intervención en los procesos electorales dentro del Régimen, debe partir siempre de la reflexión consciente de las limitaciones y las contradicciones de esa intervención, de las manifestaciones concretas de los problemas que nos vamos a encontrar en cada momento. Limitaciones en la medida en que esos procesos electorales son una herramienta insuficiente y, mientras no seamos capaces de construir la fuerza de choque capaz de enfrentarse a la burguesía, la que las clases populares realmente ven como única posibilidad de intervenir en política; contradicciones en la medida en la que las elecciones burguesas tienen un carácter ideológico primero por ocultar el carácter burgués del Estado (pareciendo que sirve a todas las clases por igual), ocultar la presión permanente de las grandes empresas sobre los distintos gobiernos y las instituciones del Estado, también el control de estas compañías sobre los estados de opinión a través del control de los medios de comunicación, así como la dictadura a la que están sometidos los trabajadores en su día a día; segundo por imprimir el sello burgués de acción (votar una vez cada cuatro años, para cosas que no tienen que ver con la cotidianidad de la vida laboral); y finalmente por esconder las posibilidades de la democracia obrera (que necesariamente implica esa dirección de los centros de trabajo). Participar en las instituciones (insistimos, en la medida en la que los trabajadores no estén organizados con un Partido revolucionario independiente), hay que asumirlo, significa dar cobertura y legitimar este Régimen. Pero, asumiendo esta circunstancia, en la medida en la que, dentro de las democracias burguesas, es la única forma en la que gran parte de las clases populares visualizan la intervención política, la participación, con todo lo que implica, debe servir siempre para, en la balanza, debilitar al Régimen y organizar a la clase obrera contra el capitalismo. Desde la presencia de un mensaje anticapitalista hasta la defensa de una reforma concreta debe encaminarse en esta dirección.

Desde este punto de vista presentar una candidatura propia, como organización independiente, revolucionaria o republicana, hay que valorarla siempre desde dos hechos principalmente: 1. los procesos electorales burgueses, dentro de Estados capitalistas, despiertan el interés político de gran parte de las masas populares; en estos momentos la sociedad está más receptiva a recibir mensajes políticos; por eso exponer nuestras ideas en estos momentos sirve como altavoz al trabajo de agitación y propaganda (hay que tener en cuenta que el rechazo de la política es difundido siempre por las clases dirigentes). 2. La posibilidad de entrar en las instituciones, con todo lo que esto significa (valorado más arriba).

Así, por ejemplo, nuestra participación como Republicanos en las elecciones autonómicas de 2011 sirvió para difundir nuestro mensaje, conocer el impacto de nuestra organización, para crecer y organizarnos. Nuestra participación en Podemos, sin embargo, y, desde ahí en las instituciones burguesas, contaba con un doble escollo: democracia burguesa y organización socialdemócrata. Las campañas, cuando hemos tensado nuestra organización en torno a una posición concreta, en general, han sido positivas. Sin embargo, la presión de todo el entramado de las instituciones monárquicas, una vez hemos participado en las instituciones nos ha debilitado.

Cuarto. Conviene distinguir netamente en qué consiste la creación de una organización independiente de la clase obrera (nuestra tarea prioritaria), de la intervención en espacios de Unidad Popular, donde se convive con otras organizaciones y se elabora un programa de mínimos. Estos espacios pueden estar dirigidos a coordinar la movilización, a organizar o a presentarse a las elecciones, siempre teniendo como proyecto la ruptura con el Régimen. (No hay debate lícito si hay que apostar por la lucha institucional o la movilización. En términos generales ambas son herramientas con las que se puede y debe trabajar. La tarea siempre debe estar centrada en la construcción del Partido).

Hoy, la apuesta de parte de la oligarquía para reforzar el Régimen desde posiciones fascistas, y la incapacidad de la socialdemocracia de resistir a la presión hace urgente la construcción de ese espacio de Unidad Popular, que se plantee la oposición de izquierdas a los partidos socialdemócratas que constituyen la izquierda hegemónica y en el que, además de recoger el abanico de reivindicaciones democráticas de la izquierda, se expresen una serie de ideas mínimas: Ruptura con el Régimen, crítica al capitalismo, antifascismo desde posiciones de clase marco organizativo común, independencia de las organizaciones y debate público de posiciones.