LÍNEA POLÍTICA

Congreso Águilas, 13, 14 y 15 de diciembre de 2019

0. Declaración de principios 

Somos una organización que se plantea conseguir la revolución socialista, el fin de toda explotación y opresión. Por ello nos declaramos seguidores del socialismo científico, elaborado por Marx y Engels y perfeccionado por otros revolucionarios, como Lenin, del cual cogemos prestadas estas palabras: 

La teoría de Marx esclareció en qué consiste la verdadera tarea de un partido socialista revolucionario: no inventar planes de reorganización de la sociedad, no predicar a los capitalistas y sus lacayos que deben mejorar la situación de los obreros, no urdir conspiraciones, sino organizar la lucha de clase del proletariado y dirigir esta lucha, cuyo objetivo final es la conquista del poder político por el proletariado y la organización de la sociedad socialista.” (NUESTRO PROGRAMA. Lenin. Escrito no antes de octubre de 1899. Publicado por vez primera en 1925, en la “Recopilación Leninista III”)

Actualmente este posicionamiento es minoritario dentro de la izquierda e incluso en los espacios donde utilizan el marxismo existen desviaciones que hacen que la corriente marxista sea débil. Por lo tanto, partimos a nivel organizativo de una base peor que la que teníamos hace 100 años.

Esta declaración supone para LA MAZA un paso importante porque aunque hayamos utilizado durante nuestro recorrido político aspectos marxistas, nunca hasta ahora nos hemos propuesto guiarnos por el socialismo científico concretamente. A nivel terminológico, el socialismo científico también es conocido solo como marxismo o después de Lenin, como marxismo leninismo, por sus grandes aportes.

  •  El desarrollo del capitalismo.

La historia de la humanidad es la historia de la explotación de unos seres humanos por otros; concretada en la apropiación por unas clases dominantes de los frutos del trabajo producidos por otras clases dominadas. Ya sea en las sociedades tributarias, en las esclavistas, en las feudales, en las capitalistas. Todas ellas tienen su raíz en que, dado un determinado grado de desarrollo, el ser humano es capaz de producir más de lo que necesita para atender las necesidades básicas impuestas por nivel técnico y científico, alcanzado en cada momento histórico y en el dominio sobre los medios de producción.

Un sistema económico se define por el modo de producción dominante. El sistema capitalista es aquel que se sostiene sobre la explotación, en forma de extracción de plusvalía (la diferencia entre el valor de la fuerza de trabajo del obrero y el valor del producto por él creado), de una clase despojada de los medios de producción, por la clase que se ha hecho con el monopolio de ellos. En el sistema capitalista, desde el punto de vista económico e histórico, ambas clases sociales son antagónicas.

Pero las formaciones sociales concretas están atravesadas por los movimientos y luchas  históricas que se han dado entre las diferentes clases  y sectores sociales en el campo de la economía, de la lucha política y de la ideología. Siendo la economía la determinante en último término, entendemos que la política y la ideología tienen cierta autonomía. Una formación social concreta, que representa el dominio de una clase, o de un sector de una clase, sobre las demás, es una combinación de elementos económicos, ideológicos y políticos.

La supuesta aceptación de las clases dominadas del robo permanente de su trabajo se debe primeramente a la desposesión, hecha ley y principio natural, de los medios de producción. Las formaciones sociales capitalistas, en general, se reproducen en su misma dinámica de desarrollo, haciendo que la clase trabajadora, en la misma actividad productiva, propague el sistema, vendiendo su fuerza de trabajo a cambio de un salario. Así, esa aceptación se intensifica por: a)aceptables condiciones de vida y b) asunción directa de la ideología de la clase dominante; c) imposibilidad de ver alternativas; d) competencia interna de la clase obrera dividida en diferentes grupos de dominio (hombres/mujeres, autóctonos/extranjeros). Es por esto que decimos que, en el campo de las ideas, la clase dirigente intenta mantener su dominio poniendo el acento en uno o varios de esos puntos y la clase trabajadora, dirigida por la burguesía, sin desarrollar su ideología propia, a lo más que llega es a reivindicar mejoras en sus condiciones de vida, nunca la supresión del sistema de explotación.

Con respecto a la estructura política, las clases dominantes se proveen de un Estado encargado de crear las condiciones favorables a su máxima expansión. Deben aplicar unas normas de convivencia en forma de leyes que perpetuán y protegen su situación de dominio. Funcionan asimismo como una máquina que perpetúa el sistema de clases constando de diferentes mecanismos como jueces, policías, ejércitos y todo tipo de instrumentos represivos e ideológicos necesarios. Pero, además, el estado se presenta falsamente por la burguesía como representante de todas las clases sociales. Las clases dirigentes se pueden coordinar en lo concreto con las clases dominadas. Eso sí, los intereses de las primeras prevalecen siempre, perpetuando su dominación.

Esta hegemonía ideológica de las clases dominantes solamente se resquebraja –pero todavía no desaparece-, cuando por su misma e inevitable evolución, aparecen fisuras en el sistema económico, ideológico y político dominante. Es entonces cuando se hace visible la lucha de clases, –“unas veces pacífica y otras violenta”-  que embaraza a toda sociedad explotadora. La historia de la Humanidad, es por tanto, la historia de la lucha de clases; unas veces callada y silenciosa y otras explosiva.

La condición imprescindible para desplazar a las clases dominantes del poder político y económico, la destrucción del estado, de todo su  entramado jurídico, represivo, policial, militar, e ideológico, para sustituirlo por otro concordante con los intereses de los trabajadores, como nueva clase dominante.

Dentro de cualquier formación capitalista esto solo es posible a condición de unir a la clase trabajadora con el marxismo. Esto es lo mismo que decir el desarrollo de la ideología propia de las y los trabajadores. La manera de conseguir esto es con el desarrollo de una organización propia e independiente que sea capaz a la vez de vincularse a la mayoría trabajadora y de comprometerla en un proceso revolucionario.

La conquista del poder político por la clase trabajadora, por las clases dominadas, y menos aún las medidas políticas, económicas, e ideológicas destinadas a que la antigua clase dominante pierda efectivamente el poder, no puede dejar de provocar resistencia, e intentos de involución para retornar a la antigua situación. Razón por la cual, el Estado de los trabajadores –al igual que lo hace cualquier Estado de clase en el poder-  no puede dejar de protegerse contra los inevitables intentos de la antigua clase dominante de recuperar el poder político. De ello que históricamente se haya hablado de la necesidad  “Dictadura del Proletariado contra la burguesía” En realidad, el Estado de los trabajadores –al igual que el de la burguesía- por muy democrática que se pretenda, aplicará la represión sobre sus enemigos en razón directa y contundencia al grado de peligro que representen para la democracia económica y política de la mayoría social, nucleada en torno a las trabajadoras y los trabajadores

El asentamiento irreversible de unas nuevas relaciones de producción socialistas necesita de una base material, y un desarrollo técnico y científico suficiente para que la producción, distribución y el consumo no se atengan al funcionamiento del mercado capitalista, ya que la simple toma del poder político no hace desaparecer de golpe, ni las clases sociales, ni la ideología, ni un sistema de valores arraigado durante siglos, si no hay unas nuevas condiciones de vida y trabajo concordantes con la ideología igualitaria.

No cabe, hablar de socialismo cuando de la simple propiedad estatal de las empresas se trata, pues ni el control, sobre los medios de producción se encuentra en manos de quienes trabajan, ni la producción de estas empresas estatales se ajustan a las necesidades colectivas planificadas, sino a las leyes del mercado capitalista, regidas por la lógica capitalista. El desarrollo del socialismo está relacionado con la desaparición de la propiedad privada de los medios de producción, del mercado y con la socialización de bienes y servicios en función del grado productivo alcanzado e implicaría la distribución según el trabajo que desempeña cada uno para la sociedad.        

La burguesía acabó tomando el poder político, –la mayor parte de las veces violentamente-; formó los Estados-nacionales y los adaptó a sus necesidades e intereses. El desarrollo del capitalismo condujo a la aparición de oligopolios y monopolios que se sirvieron de Estados imperialistaspara el dominio de países, sus mercados, y fuentes energéticas. Eso provocó dos guerras mundiales y es el origen de la mayoría de guerras vividas en el siglo XX y XXI.

El mismo desarrollo del capitalismo ha entrelazado los capitales mundiales, de forma tal que el antiguo Estado nación se quedó estrecho como campo de acción de multinacionales que operan a nivel planetario. Por esa razón, junto con el avance tecnológico y tras la caída de la URSS, y movidos por la galopante concentración de capital la tendencia desde finales del siglo XX es el desplazamiento de los centros de decisión política y especialmente económica de los viejos Estados nación a organismos supranacionales. Quedando cada vez más los Estados como simples delegados de un capitalismo globalizado para la salvaguarda de los intereses del capital supranacional en cada marco territorial. Además, este gran capital globalizado, amenazado por la tendencia a la caída de las tasas de beneficios, acentúa las políticas liberales, implementándolas a través de sus instituciones internacionales (UE, FMI, BCE, OEA…), intensificando su ofensiva contra los logros alcanzados por las luchas obreras del XIX y XX.

 Así, el capitalismo, en el bloque europeo, tiende a ampliar su marco estatal a través de instituciones, que implementan políticas antipopulares, cada vez más divorciadas del pueblo trabajador. Esto por un lado favorece un control político superior y la construcción de una unidad nacional europea; y por otro, en el campo popular, se traduce en cierto sentimiento de rechazo de Europa. El capital globalizado está creando un ambiente propicio a su expansión mercantil y a su dominio político, estableciendo alianzas entre las diferentes burguesías nacionales tradicionalmente enfrentadas de Europa y logra un marco de estabilidad política y mercantil. Unificar las naciones europeas y establecer una alianza con EEUU a través de tratados comerciales (como el TTIP) permitirá al gran capital de esta época construir una sociedad de libre mercado donde seguir su tendencia de igualar a la baja las rentas de las clases trabajadoras.

Sin embargo, precisamente debido a esa tendencia a diluir las  fronteras en relación a los intereses económicos del capital, encontramos un movimiento de rechazo de Europa, que es utilizado por algunos sectores de la oligarquía para impulsar un ferviente sentido ideológico de la patria que mantiene la defensa nacional como prioridad y que, bajo argumentos reaccionarios transmite una ideología conservadora. En el caso del Estado Español esa tendencia de las clases populares, por nuestra historia, es dirigida hacia el patriotismo burgués. La misma tendencia a empobrecer a las clases populares lleva a ciertos sectores de la oligarquía a la apuesta creciente por formas fascistas para aumentar su riqueza y profundizar el grado de explotación de la clase trabajadora. En la medida en la que necesitan aumentar el grado de explotación, deben desarrollar formas de represión y de división de la clase trabajadora. Coartando la unidad de la lucha internacionalista de la clase obrera a través de su propaganda racista y chovinista.

 También, bajo regímenes colonialistas de un Estado a otro surgen movimientos emancipatorios de la nación, que adquieren un carácter antiimperialista; aunque no de carácter revolucionario (ejemplos de Latinoamérica o el Congo). De igual forma surgen en los Estados occidentales movimientos por la independencia que si bien no tienen ese carácter antimperialista, debilita regímenes concretos como en el caso del Estado español con su defensa de la unidad de la nación ante los movimientos por la autodeterminación de Euskal Herria, Catalunya…

La toma del poder político por las trabajadoras y trabajadores, sólo es posible en los marcos estatales, pero dada la internacionalización de los capitales requiere la solidaridad mundial de las trabajadoras y  trabajadores de otros países. Por ese motivo, hoy más que nunca la frase, “proletarios del Mundo, uníos”, adquiere un sentido internacionalista superior a otras épocas.

  1. Las lucha contra el capitalismo

La lucha contra la burguesía no es nueva, tampoco en esta fase imperialista en la que domina la gran burguesía financiera. El socialismo científico permitió la organización consciente de la clase obrera mediante una guía de acción desde el desvelamiento de las estructuras profundas que rigen la sociedad. Internacionalmente podemos destacar los siguientes grandes periodos:

La I Internacional (1864-1872) donde se echan los cimientos de la organización internacional de la clase trabajadora para la preparación de su ofensiva revolucionaria contra el capital.

La II Internacional (1889-1914) ha sido una organización internacional del movimiento proletario, cuyo crecimiento se realizaba en amplitud, a costa de un descenso temporal del nivel revolucionario, en el fortalecimiento temporal del oportunismo, que, en fin de cuentas, llevó a dicha Internacional a una bancarrota.

 La III Internacional ha recogido los frutos del trabajo de la II Internacional, “ha amputado la parte corrompida, oportunista, socialchovinista, burguesa y pequeñoburguesa y ha comenzado a implantar la dictadura del proletariado.” (Vladimir Ilich Lenin. LA TERCERA INTERNACIONAL Y SU LUGAR EN LA HISTORIA. (Mayo de 1919))

La victoria sobre el fascismo liderada por la URSS que llevó a una gran expansión del socialismo por el mundo.

La degeneración de la mayoría de estos regímenes hacia el capitalismo, principalmente después de la muerte de Stalin. Y la caída definitiva de la mayoría de ellos en los 90. Dejando al comunismo en una situación de marginalidad dentro de la clase trabajadora mundial.

Incluso dentro del mismo sistema capitalista sólo podemos entender los éxitos o fracasos del conjunto de clases populares entendiendo este recorrido de la lucha de clases.

Actualmente la situación no ha variado cualitativamente a nivel de las relaciones sociales de producción y de la fase de desarrollo capitalista imperialista, respecto al siglo XX, pero sí que lo ha hecho el movimiento obrero, abandonando el marxismo leninismo mayoritariamente. Por lo tanto, toca recuperarlo partiendo desde cero casi a nivel organizativo pero con una gran riqueza teórica en nuestras espaldas que debemos aprovechar.

  •  El Estado Español

El dominio de una clase social sobre otras se articula en el Estado desarrollando mecanismos coactivos y de consenso. En tanto que parte del sistema capitalista el Estado Español es un estado dirigido por la burguesía. Y en tanto que país que forma parte de la etapa imperialista del capitalismo es un país dominado por el gran capital.  En España el sector de la burguesía que controla la mayor parte de los medios de producción es la oligarquía y su forma de democracia de desarrolla en torno a lo que llamamos Régimen del 78. Es decir, la forma que ha adquirido el Estado capitalista, y el consenso que han articulado las élites económicas en España, se llama Régimen del 78.

Así, en tanto que el Régimen del 78 es el Régimen del sector más poderoso de la burguesía (oligarquía), y que otros sectores de la burguesía (con menos control de los medios de producción) que quieren ser clase dirigente y desarrollar su ideología como ideología de toda la sociedad, cada vez reciben menos porcentaje en el reparto de la riqueza en beneficio de los primeros, estos sectores pueden ser aliados en la lucha por una radicalización democrática. Aunque nunca van a llevarla hasta el último término, ya que su forma de vida es el capitalismo (además estos sectores pueden perfectamente seguir aliándose con las oligarquías para aumentar las tasas de explotación de la clase trabajadora).

En España la implantación del capitalismo desarrollado y la lucha de clases en él han tenido un desarrollo particular, influenciados obviamente por lo internacional, pero con un acontecimiento cualitativamente diferente, la Guerra Civil, suceso sin el cual es imposible entender el actual Régimen. Entendemos que en el Régimen se concentran gran parte de las contradicciones que embarazan el sistema capitalista y que las diferentes luchas parciales (pensionistas, feminismo, obreras, autodeterminación) sólo pueden lograrse completamente con en la lucha por la República Popular. Desde este enfoque entendemos que la línea estratégica debe centrarse en dos tareas generales que deben estar unidas:

a)   Desarrollo del partido de la clase obrera. Un partido que se plantee la supresión del sistema capitalista, que se plantee como tarea hacer desarrollar la conciencia de la clase trabajadora, desarrollar conciencia de clase y prepararla para la dirección política del país. Lo que denominamos democracia obrera o dictadura del proletariado con el fin de instaurar el socialismo y acabar con las clases sociales. Este partido diferente a los partidos burgueses que ahora conocemos y esencial para conseguir nuestros objetivos, requiere un funcionamiento que tratamos de desarrollar en los estatutos y que bebe de los siguientes principios:

  • Disciplina consciente.
  •  Crítica y autocrítica.
  • Unidad de la organización.
  • Lucha contra el oportunismo.
  • Centralismo democrático.

b)   Desarrollo de la unidad popular. Hacer converger la lucha de las distintas clases y sectores oprimidos enfrentadas a los intereses oligárquicos y las distintas luchas democráticas y contra las distintas opresiones y dirigirlas hacia la lucha contra el Régimen por la República Popular. El instrumento para el avance de los intereses de la clase trabajadora y el pueblo es también la Unidad Popular entendida como formación de un gran movimiento unitario de base, movilizado y movilizador en lucha por la igualdad y libertad que incorpora a movimientos sociales y otros partidos políticos progresistas, junto con sectores y clases sociales no organizadas políticamente.

Somos conscientes del desplazamiento en la focalización de nuestras tareas con respecto a la etapa anterior: de ser una organización ecléctica en lo ideológico, político y organizativo, con una fuerte capacidad de agitación e intervención política, un posicionamiento vagamente marxista y el pilar (intuitivo) de lucha contra el Régimen como representante de la oligarquía y por lo tanto tapón para cualquier aspiración progresista y lucha por la III República como apuesta  de lo que sería el resultado de la Unidad Popular. Nos proponemos ahora poner todos nuestros esfuerzos, recogiendo el bagaje anterior, en construir la organización y organizar a la clase que pueda hacer real cualquier propuesta progresista: el partido de la clase obrera. Por eso consideramos clave, trabajar en los próximos meses según los siguientes criterios:

a)           Evaluación colectiva, recogiendo los aportes y los desaciertos de la etapa anterior para los objetivos que nos marcamos.

b)           Periodo de 6 meses de adaptación a la nueva etapa, para la asunción del nuevo modelo organizativo

c) Desarrollo de un plan de formación

Situar correctamente que toda propuesta política concreta en el momento concreto,  debe favorecer la acumulación de fuerzas para la supresión del capitalismo y la construcción de una sociedad igualitaria. La pérdida de esta perspectiva estratégica conduce inevitablemente al oportunismo.

El desarrollo de ambas tareas nos permitirá el desarrollo de nuestra organización. El desarrollo de ambos trabajos es imprescindible. Hay que organizar partido, formar a la clase obrera y direccionarla hacia la lucha contra el sistema y hay que organizar los movimientos, muchas veces interclasistas, mostrar la incompatibilidad de realización de esos movimientos en el marco del Régimen y la posibilidad de realización en una República popular.

El mismo avance del sistema capitalista en nuestro país llevará a la intensificación de las tensiones entre los distintos sectores de la burguesía y de las clases trabajadoras contra el capitalismo. Y lo que es probable es que en la medida en la que se disuelva el consenso con respecto al Régimen, sea más fácil desarrollar una oposición a él. Todo depende del desarrollo de la intervención consciente

  • Carácter histórico de la Monarquía

Aunque hemos llegado al mismo punto que otros países capitalistas donde la burguesía encabezó la revolución burguesa, en España la formación social está condicionada por su incorporación tardía al capitalismo y por su consecuente desarrollo a través de acuerdos y compromisos entre las viejas clases feudales y una burguesía poco desarrollada. Que otorgan una serie de características concretas, así como reivindicaciones que cierta parte de la burguesía (la pequeña burguesía) puede sostener:

– La monarquía (que no es simplemente decorativa) es símbolo del tipo de capitalismo que se desarrolla en España y que concluye con una alianza, nivel político, entre alta burguesía y viejos estamentos feudales. Para la oligarquía es la forma de gobierno que permite mantener el orden. Y esto en tanto que para las clases populares representa su pasividad y sumisión a las políticas de la oligarquía. La monarquía es un símbolo de la permanencia de ese poder que llamamos oligárquico y un mecanismo de poder.

– Unidad de España. Una de las claves de la revolución burguesa en otros países significa la supresión de las diferencias territoriales para facilitar el comercio interior. La unificación de los antiguos feudos fue “voluntaria” para la nueva clase dirigente. Por el carácter parcial de la revolución en España no se suprimieron esas fronteras, ni objetiva ni subjetivamente, los antiguos reinos siguieron conservando poder, pues el capitalismo, y el dominio de la burguesía, no se impuso hasta que llegaron los Borbones. La unidad de España solo va a ser posible ahora si los pueblos libres, la nueva clase dirigente, las trabajadoras y los trabajadores, voluntariamente deciden unirse.

–  Papel de la iglesia y el catolicismo. La religión católica dirigida por el Vaticano viene acompañada de la justificación de las desigualdades y de la aceptación y sumisión a una realidad injusta. Especialmente en el Estado Español se ha vinculado íntimamente con el Régimen y con las posiciones más reaccionarias.

– El Régimen también es la herencia represiva franquista. Todo estado burgués debe reprimir protestas de las clases subalternas. Pero en España la forma de represión está atravesada por esos restos de franquismo en judicatura, ejecutivo y mentalidad. Desde la descarada ausencia real de la división de poderes hasta el carácter reaccionario de instituciones como la judicatura del Estado, permiten a las clases dirigentes protegerse ante posibles desarrollos de la lucha popular.

– También una serie de cuestiones culturales vinculadas más o menos directamente a cuestiones de clase: machismo, toros, caza, chovinismo, nacionalismo, religiosidad, clasismo, meritocracia, cultura del pelotazo… y que generan cierto movimiento de oposición

–  En conclusión, se trata de numerosas luchas parciales que pueden condensarse de manera natural en la lucha contra el Régimen. Independentemente de que la fase ya no es de revolución burguesa, sí lo es que la lucha contra el Régimen y por la República Popular puede condensar todas esas luchas. Parciales, es cierto, pero que pueden conducir a la revolución.

Así, el Régimen del 78 es una estructura política en la que se entrelazan intereses diversos. El “accionista mayoritario” es la oligarquía pero los partidos que lo sirven, cada uno con su ideología, también forman parte del régimen. Ese capital se adscribió al levantamiento militar franquista y desde ahí a su continuidad en el Régimen del 78. Esa adhesión al Régimen franquista y su rechazo de la República son factores que hacen complicado, si no prácticamente imposible, que hoy se sumaran al carro de una República. Al igual que la unidad de España se ubica dentro del eje derecha-élites económicas, la República, para las clases populares se ubica dentro del eje izquierda-liberación. Es por esto que sólo cuando las clases subalternas se activan, comienzan momentos de movilización y la lucha empieza a entrar en la fase de politización, es cuando se suman a la lucha contra el Régimen y se vinculan a la lucha por la República.

La cuestión es que el trabajo a hacer con respecto a estas organizaciones es doble: a) que se sumen al bloque democrático; b) desenmascararlos y demostrar la incapacidad que tienen de cumplir por sí solos sus promesas. Esto solo se puede hacer desde una organización independiente de trabajadoras y trabajadores.

  • La lucha contra el Régimen

En el Estado Español una parte de las y los de abajo, las clases populares, el pueblo, ya no quiere vivir como antes y las y los de arriba aún no tienen perfilado un proyecto que les permita unir todas sus fracciones e intereses para seguir manteniéndose en el poder. Estas situaciones pueden desembocar en cambios políticos y sociales, e incluso revoluciones si existe una alternativa claramente rupturista con el periodo anterior.

La posibilidad de que este periodo –con o sin triunfo electoral de alternativas populares-  se cierre con una reforma política que permita a la oligarquía mantenerse en el poder y con ello estabilizar como normal el retroceso permanente en las condiciones de vida y trabajo, o que por el contrario dé lugar a una derrota de las clases dominantes, depende en última instancia del avance de la Unidad Popular así como de la organización y conciencia de la clase que puede dirigirla hacia el fin del sistema: la clase obrera.

Un triunfo o un crecimiento electoral importante puede ser el resultado del avance de la Unidad Popular, o -como ocurrió en la II República- abrir un periodo que permita y anime la irrupción de movilización social y desborde los límites de cualquier reforma prevista, o por el contrario, en ausencia de Partido de la clase obrera, y de Unidad Popular, de movilización social y protagonismo social, puede dar lugar a un periodo de contemporización y tímidas reformas maquilladoras, que agotando las expectativas de cambio, permitan a la oligarquía reorganizarse, adaptarse e integrar algunas reformas o recuperar el terreno político perdido por la vía legal o ilegal. Los ejemplos históricos abundan.

De momento una parte muy considerable del pueblo y las y los trabajadores están depositando sus esperanzas de cambio en un triunfo electoral de Podemos. Lo que ocurre es que estas expectativas de cambio por la vía electoral han ido creciendo a medida que bajaba la movilización social y por eso mismo situando la lucha contra la oligarquía en su terreno, con sus normas, sus leyes y solo con el margen de actuación que permite la legalidad emanada de la Constitución del 78, lo que significa el debilitamiento de la unidad popular y de la conciencia de clase del pueblo trabajador.

La izquierda mayoritaria alternativa a la izquierda del PSOE, antiguamente representada por el PCE e IU, que abandonó el socialismo científico y ahora por Unidas Podemos, que nunca lo aceptó, se encuentra totalmente inmersa en el campo burgués reformista, siendo inútil  como herramienta política de la clase trabajadora como clase revolucionaria. Bien intencionadamente podemos decir que se ha tropezado con la complejidad del momento presente sin previamente haber construido organizaciones preparadas teórica, ideológica, política y organizativamente para el cambio social, por el contrario, durante años han encontrado su espacio consolidando la protesta integrada dentro del sistema, lo que ha facilitado el desplazamiento de la esperanza de cambio popular hacia propuestas visualizadas como novedosas, y a veces rupturistas, pero en cierta correspondencia con el sentir de la mayoría social, todavía camina de la mano de la indefinición y propuesta pendular; como Podemos.

Se hace pues necesario avanzar rápidamente hacia los dos caminos que hemos señalado: la construcción del partido de la clase obrera y la formación de una alternativa popular unitaria lo suficientemente precisa para permitir que el presente momento de inestabilidad social y política desemboque en una derrota completa de la oligarquía y un avance del pueblo.

Para ello se cuenta con el material humano consciente de la necesidad de cambio pero sin orientación revolucionaria y dirigido por posiciones que sólo plantean la reforma del sistema y la conciliación con el Régimen (objetivamente opuestas a sus intereses), con frecuencia disperso en organizaciones nuevas –como Podemos-, y de izquierda rupturista tradicional, pero también en hombres y mujeres incorporados a la lucha al calor de la ascendente movilización popular que se produjo hace cuatro años. Ahora contamos también con un sector de la juventud trabajadora que vive las decepciones de una socialdemocracia impotente y que cada vez más, “no tiene nada que perder, salvo sus cadenas”. También otro importante sector popular está despolitizado, normalmente el más pobre, y otro enajenado completamente de su conciencia de clase y apoyando a la reacción.

El aumento de conciencia de las clases populares, la organización política de la clase obrera y la unidad del pueblo bajo su dirección. Ese es nuestro objetivo, y para ello creemos necesario creación de partido y desarrollo de la Unidad Popular.

  •  La República Popular.

Desde el punto de vista de la estructura de clases, la clase trabajadora no es la única que está interesada objetivamente en acabar con un Régimen dirigido, para su expansión, casi exclusivamente, por un sector concreto de la burguesía: la oligarquía. Existen otros sectores, incluso dentro de la burguesía, que pueden ser aliados en la lucha contra el Régimen. Eso sí, estos sectores ni pueden por sí mismos enfrentarse victoriosamente al Régimen, ni apuestan por el fin del capitalismo.

Por su parte, desde un punto de vista político, existen reivindicaciones democráticas, más o menos amplias, y sectores oprimidos, que difícilmente van a tener una salida progresista duradera dentro del Régimen, tal y como lo hemos descrito más arriba (derecho a vivienda, pensiones, trabajo, feminismo, cuestión nacional o antifascismo…).

Sin embargo, todas estas luchas sólo cobran sentido pleno si cuentan con la única fuerza capaz de plantearse con éxito la confrontación con la oligarquía: la clase trabajadora organizada. Ninguna de esas clases aisladamente, ni ninguna de esas luchas parcialmente puede conseguir éxitos duraderos sin tener a la clase obrera al frente. O de otra manera, la fuerza de cualquier espacio de Unidad Popular contra el Régimen de la oligarquía, depende de la fuerza con la que se manifiesten los intereses de la clase obrera. Sin ella, las luchas no pueden más que deslizarse hacia el reformismo.

A la tarea de unificar esas clases y esas luchas en un proyecto revolucionario es a la que denominamos Unidad Popular y, desde esta óptica, apellidamos a nuestra República, República Popular.

La República Popular implica una serie de factores necesarios para alcanzarla, al menos los siguientes:

1. La dominación de nuestra clase, por lo tanto, la democracia obrera, que incluye la coacción y supresión de la resistencia de las clases explotadoras y la reeducación de las capas vacilantes. Durante este proceso la lucha de clases se recrudecerá aún más, será imprescindible el estado proletario para garantizar la victoria, liquidando el concepto de que la clase obrera comparte el liderazgo con otras clases.

La democracia obrera consiste en que la base permanente y única de todo el poder estatal, de todo el aparato del Estado, es la organización de las clases trabajadoras mediante nuevas formas e instituciones democráticas para garantizar la participación efectiva de la inmensa mayoría de la población en la administración del país, participación que, en las democracias burguesas más ilustradas y libres es imposible en el 95% de los casos. Además, sólo las nuevas instituciones de la democracia obrera pueden en realidad demoler de golpe y destruir definitivamente el viejo aparato de dominación capitalista. La verdadera democracia, es decir, la igualdad y la libertad, es irrealizable si no se alcanza ese fin. Pero a él sólo lleva prácticamente la democracia obrera, pues, al incorporar las organizaciones de masas de los trabajadores a la gobernación permanente e ineludible del Estado, empieza a preparar inmediatamente la extinción completa de todo Estado.

2. En lo económico, con la toma del poder se deben liquidar inmediatamente los monopolios creando el sector socialista, limitar la pequeña y mediana propiedad privada en un principio, y luego incorporarlas a la propiedad social común. Es oportunista preocuparse por asustar a la burguesía cuando el objetivo es erradicarla. Los ritmos en la transición al socialismo dependerán en buena parte de la influencia del partido comunista sobre la propia clase obrera y de su instrucción.

3. Cada nación y su vanguardia no puede aislarse internacionalmente y debe de tomar una postura concreta ante los acontecimientos mundiales, internacionalismo no es solo reconocer la igualdad entre pueblos, es también la ayuda a su emancipación.